| 8/8/2014 2:00:00 PM

¿Cuesta abajo?

Los pronósticos económicos siguen generando alertas en Brasil y podrían enredar aún más la reelección de Dilma Rousseff.

Los resultados de la economía brasilera están descuadrando las cuentas reeleccionistas de la presidente Dilma Rousseff. A dos meses de la jornada electoral –prevista para el 5 de octubre–, la mandataria sigue atrapada en un círculo de reportes negativos sobre la economía de su país y duros enfrentamientos con sus adversarios políticos que amenazan su continuidad en el poder.

La última semana de julio, un informe del Fondo Monetario Internacional revisó a la baja el pronóstico de crecimiento de ese país y lo pasó de 1,8% a 1,3%. Al mismo tiempo, calificó de “frágil” el estado de la economía brasilera al señalar que está afectada por “una inflación más alta, déficits externos o fiscales más altos y otros desequilibrios”.

Esa misma semana, el Banco Santander envió a sus clientes de mayor poder adquisitivo un reporte en el que afirmaba cómo en una eventual reelección de Rousseff, el estado de la economía podría empeorar y justificaba el hecho en que la publicación de encuestas que la daban como ganadora provocaban una caída en los mercados, mientras que la confianza subía cuando sus adversarios tomaban la delantera.

La respuesta del gobierno no se hizo esperar. El ministro de Hacienda, Guido Mantega, descalificó en varios escenarios el informe del FMI, mientras la presidente cobró la cabeza de los funcionarios del Banco Santander que elaboraron el informe, a quienes señaló de estar haciendo “terrorismo electoral” y de interverir en política.

Al referirse a este episodio, el diario The Wall Street Journal dijo la semana pasada que en la antesala de la contienda electoral, Rousseff estaba optando por una nueva estrategia: “dispararle al mensajero”. Pero ¿qué tan reales son las amenazas sobre esta economía?

Diez semanas seguidas de recortes en los pronósticos de crecimiento del PIB por parte de reputados analistas confirman los temores que se ciernen sobre esta economía. El lunes 4 de agosto, el boletín Focus del Banco Central señaló que los expertos consultados habían rebajado de nuevo la previsión de crecimiento para este año de 0,9% a 0,86%. Una cifra que asusta.

Aunque Rousseff ha insistido en foros públicos que su país “no está al borde de una recesión”, lo cierto es que varios sectores productivos la están pasando muy mal. En el primer semestre, salvo por los productores de televisores, los demás sectores reportan caídas importantes.

La revista Veja dijo que en el segundo trimestre los productores de electrodomésticos, distintos de televisores, registraron una caída de 12%. En este grupo están las lavadoras, neveras, secadoras y otros electrónicos del hogar. “Fue el peor primer semestre de los últimos diez años”, le dijo a Veja el vicepresidente de relaciones corporativas de Whirlpool Latin America, Armando Valle.

Los productores de vehículos se quejan de una caída en ventas de 7,65% en el primer semestre. Ya algunos fabricantes han anunciado vacaciones colectivas y recortes de empleos. El diario O Globo confirmó que Fiat suspenderá –por segunda vez este año– unos 800 puestos en su planta de Betim entre el 11 y el 20 de agosto, y ya recortó uno de los tres turnos de trabajo. Ford suspendió temporalmente unos 1.800 trabajadores en su fábrica de Tabuaté, mientras que General Motors suspenderá labores por unos días en su fábrica de Sao Jose dos Campos –donde laboran 5.400 empleados–, en una medida desesperada, pues el 22 de julio habían terminado los 15 días de vacaciones colectivas decretados.

Con una perspectiva económica poco halagüeña, la presidente brasilera tendrá que redoblar esfuerzos para probar que las cifras no son lo que parecen. Si quiere mantenerse en el poder.
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