| 11/27/2014 12:00:00 AM

De Rusia sin amor

La caída del petróleo y las sanciones de Occidente tienen a la economía rusa contra las cuerdas. Se teme un efecto dominó sobre los mercados financieros que golpearía a los emergentes.

A sus 62 años, el presidente ruso Vladimir Putin sigue reafirmándose como un hombre recio. No solo monta a caballo sin camisa exhibiendo sus pectorales, amansa tigres, pesca en zonas peligrosas y acaba de obtener el cinturón negro en karate; además la revista Forbes, a comienzos de noviembre lo eligió como uno de los personajes más poderosos del mundo.

Sus habilidades, envidiadas por cualquier aspirante a protagonizar una película de acción, parecen, sin embargo, no ser suficientes para enfrentar problemas más mundanos, como el estancamiento económico de su país.

Con un precio del petróleo a la baja y cada vez más estrangulado por las sanciones económicas derivadas de su intervención en Ucrania, Putin va a tener que concentrarse y esforzarse más de lo que lo hizo para obtener su cinturón negro.

El más reciente número de la revista The Economist lleva en su portada un análisis sobre el delicado estado de salud de la economía rusa, que hoy avanza a su paso más lento en cuatro años y tiene una alta probabilidad de caer en recesión en 2015 si el precio del petróleo baja a US$60 por barril y se endurecen las sanciones de Occidente.

De hecho, estos dos factores ya le están costando a Rusia nada menos que US$140.000 millones al año. Este cálculo es del ministro de Finanzas, Anton Siluanov, quien explicó que esta pérdida se da vía inversión extranjera, que se ha reducido en US$40.000 millones por las sanciones geopolíticas y en otros US$100.000 millones por la caída de 30% que ha tenido el precio del petróleo desde junio pasado, cuando estuvo por encima de US$100 por barril (al cierre de esta edición estaba en US$75).

Rusia es uno de los mayores exportadores mundiales de energía y, según las cuentas del equipo económico de Putin, para evitar una recesión requieren que el petróleo esté por encima de US$90. El problema es que hoy no está en ese nivel y las proyecciones indican que en 2015 tampoco.

Las previsiones del Banco Central de Rusia apuntan a un crecimiento cero el año que viene, después de un aumento de 1,3% en 2013, pues al tema del petróleo y de las sanciones geopolíticas hay que sumarle la fuerte devaluación del rublo. Esta moneda se ha depreciado 27% frente al dólar en lo corrido del año y, según los rankings que calcula Bloomberg, es la segunda divisa que más se ha debilitado en el mundo en 2014, después de la grivna ucraniana.

Posible contagio

Ante los temores de recesión, Putin no niega que su país pueda sufrir consecuencias catastróficas por la combinación de factores en contra, pero agrega que también se van a afectar otros países.

En una entrevista con la agencia de noticias TASS, dijo que el mundo es interdependiente y que por eso Rusia no va a ser la única golpeada. De hecho, las empresas alemanas que tenían grandes negocios con Moscú se están lamentando por la pérdida de mercado como consecuencia de las sanciones impuestas por la Unión Europea. Ahora quienes han ganado clientes rusos son sus competidores asiáticos.

De enero a septiembre las exportaciones germanas a Rusia cayeron 16%, sumando US$6.400 millones, debido a que la mayoría de estas ventas corresponden a maquinaria que quedó suspendida, pues en algunos casos se puede usar en la industria militar. A eso se suma la retaliación rusa de no permitir que las compras estatales se hagan con empresas del exterior. El resultado: multinacionales como la automotriz Volkswagen están pensando en reducir su operación en ese país o incluso en retirarse.

La idea de Putin sobre un posible contagio es respaldada en cierta medida por The Economist, pues en su artículo sobre Rusia dice que a diferencia de la pasada crisis de la ex Unión Soviética en 1998, que llevó a un default del gobierno, esta vez se podrían presentar varias quiebras bancarias y empresariales, que fácilmente se extenderían más allá de las fronteras rusas.

En particular se podrían contagiar los países que tienen fuertes lazos comerciales con Moscú, como es el caso de las naciones Bálticas y Bielorrusia, cuyas exportaciones a Rusia representan 5% de su PIB; al tiempo que se podría presentar un efecto dominó en los mercados financieros, pues si las empresas de una potencia altamente dependiente de los commodities, como Rusia, empiezan a incumplir en los pagos de sus deudas en dólares, los inversionistas comienzan a pensar que otros emergentes, como Brasil, podrían caer en el mismo problema.

Por eso, la esperanza del Kremlin es que ante un inminente colapso de su economía habrá llamadas a Occidente para que suavice sus sanciones. No en vano Putin ha señalado que 300.000 puestos de trabajo alemanes dependen del comercio con su país. Pero hasta ahora Angela Merkel, canciller alemana, se ha mantenido con pulso firme.

Putin ha insistido en que no está relacionado financieramente con los empresarios y funcionarios de su gobierno que fueron puestos en la lista negra elaborada por Occidente y que el tema de las sanciones se origina en que a Occidente no le gusta una Rusia fuerte, que defienda sus intereses.

En cuanto a la caída en el precio del petróleo, la atribuye a una estrategia de sus colegas productores de energéticos, en particular de la Opep, grupo del que no es miembro Rusia. La decisión de su Gobierno es reducir la producción petrolera en un intento por subir los precios. Al cierre de esta edición, en la Opep estudiaban una medida similar.

Sin embargo, no está claro si con echarles la culpa a otros, como a los países de Occidente o a los miembros de la Opep, Putin pueda levantar su alicaída economía. Para lograrlo tendrá que hacer muchos más esfuerzos de los realizados para demostrar que se merece ser cinturón negro en karate.
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