| 2/16/2012 4:00:00 PM

¿Quién podrá defenderlos?

La guerra civil siria luce cada vez peor, pero la comunidad internacional no se pone de acuerdo sobre la forma como debe ayudar. El drama es que, para algunos países, intervenir en esa guerra no es un ‘negocio interesante’.

Luego de gastar más de US$2.500 millones en la operación militar que liberó a Libia del dictador Moammar Gadhafi, las potencias occidentales quedaron sin plata y con poco entusiasmo para financiar, de nuevo, fuerzas rebeldes que buscan democratizar los países árabes. Y el damnificado es Siria.

Este país se está desangrando por su conflicto interno. Al no ser un gran productor de petróleo, como sus vecinos, no ha logrado atraer la ayuda del mundo desarrollado y, por el contrario, el gobierno dictatorial de Bashar al Asad parece atornillarse en el poder.

Desde hace 11 meses los rebeldes piden un cambio de gobierno, pues la familia Asad lleva cuatro décadas en el poder y el heredero, actual jefe de Estado, cumple ya 12 años al mando sin que le haya temblado la mano para reprimir con fuerza cualquier muestra de descontento.

Cálculos de la ONU indican que desde que iniciaron las protestas –hace once meses– unos 5.000 civiles han muerto por la acción de las fuerzas oficiales, a lo que se suman incontables torturas y violaciones sexuales, que incluyen a menores de edad.

Sin embargo, el mundo por ahora solo es un espectador pasivo, dado que no ha sido posible lograr un acuerdo sobre la forma de enfrentar este conflicto. La Liga Árabe, que agrupa a los Estados de esa parte del planeta y que suspendió a Siria el año pasado del grupo, propuso que, a través del Consejo de Seguridad de la ONU, se decretara una resolución en la que le pidieran a Asad que dejara el poder para facilitar una transición política en el país. Pero la idea fue vetada por Rusia y China.

Ante el fracaso de su propuesta, la Liga Árabe retiró sus embajadores de Damasco, al igual que varios países occidentales. Otras restricciones han incluido el veto a las exportaciones de tecnología estadounidense y a las importaciones de petróleo por parte de Europa, así como estrictos controles financieros, que incluyen el congelamiento de los activos que tienen los miembros del régimen sirio en el exterior.

No obstante, la ayuda financiera aún no se menciona y, según Al Arabiya News, esto se debe a que una guerra en Siria no tiene mucho sentido económico para las grandes potencias. Muchos dicen que la invasión iraquí en 2003 buscaba proteger a las petroleras con intereses en el país, al tiempo que fue un buen negocio para los contratistas que aspiraban a la reconstrucción. La misma lógica se aplicó para Libia. Pero no se ve esta vez en Siria. 

A esto se suma que varios países desarrollados no pasan por su mejor momento económico y algunos están en plena época preelectoral, lo que hace difícil explicarles a sus ciudadanos que deben sacar dinero de sus impuestos para armar un ejército rebelde, por más noble que sea la causa. Ojalá no tengan que seguir muriendo civiles para que finalmente actúe la comunidad internacional.

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