| 2/7/2014 3:10:00 PM

Sálvese quien pueda

Todos los mercados emergentes están golpeados por lo que pasa en Turquía, Ucrania, Tailandia y Argentina. El cambio de política monetaria en Estados Unidos agrava el asunto. ¿Qué tan grave será el contagio?

Los recuerdos del gran default argentino de 2001, de la crisis asiática de 1997, de la crisis del Tequila y de otros episodios económicos críticos que ha vivido el mundo emergente no lograron borrarse de la mente de inversionistas y analistas en la última década.

Por el contrario, cada vez que se presentan problemas, estos recuerdos vuelven con fuerza y la idea de una nueva crisis se propaga rápidamente, especialmente ahora que los mercados globales se conectan con solo un clic.

Hoy están encendidas las alarmas ante el bajo desempeño de los llamados Bric (Brasil, Rusia, India y China), así como de otros grupos de países en desarrollo como los Mint (México, Indonesia, Nigeria y Turquía) y los Civets (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica), que otrora fueron bautizados con estos nombres para destacar su dinámica.

Si bien todos los países no están en la misma situación económica, lo cierto es que cuando van a mover su dinero piensan en estas economías como si fueran una sola… y huyen de todas al mismo tiempo.

Prueba de ello son las devaluaciones y las caídas en los precios de las acciones. En América Latina, en promedio en el último mes y sin contar a Argentina, las monedas han perdido 2,5% de valor. El país austral, por su parte, registra una devaluación de 21%. Así mismo, el índice Msci Latam, que mide la evolución de las acciones en la región, cayó 9% en el primer mes de 2014.

La situación es similar en otros emergentes, en particular en Asia, por el menor crecimiento chino y la situación de Turquía, cuya moneda se ha devaluado 4,24% y sus acciones han caído 8,7%.

Para tratar de diferenciar a los emergentes, en septiembre Morgan Stanley creó un nuevo grupo que ha probado ser más exacto, al que llamó los “cinco frágiles”, al considerar que eran los países con las monedas más vulnerables a la presión del dólar estadounidense, en especial por la decisión de la Reserva Federal (Fed) de reversar sus estímulos fiscales. Este grupo está conformado por Brasil, Sudáfrica, Indonesia, India y Turquía.

Aunque es claro que la política reciente de la Fed ha tenido un impacto negativo sobre los emergentes, al recortar las compras de bonos con las que le estaba inyectado liquidez al mercado –de diciembre acá ha reducido las compras en US$20.000 millones mensuales–, también es un hecho que la Fed no es el único responsable.

Hay un consenso entre los analistas, en cuanto a que los países más afectados son aquellos que no aprovecharon la bonanza para ajustar sus economías aprobando reformas o mejorando su productividad. En lo que sí no existe un acuerdo es en lo que pasará de ahora en adelante: unos presagian un mayor deterioro y un contagio a más países, aunque otro grupo se muestra optimista y ve una turbulencia que va a dejar muy mal parados a los países frágiles, pero que va a sacar a la luz las más sólidas.

Lo que viene
En el grupo de los pesimistas está el premio Nobel de economía Paul Krugman, para quien los emergentes fueron el reemplazo de las hipotecas subprime, pues muchos inversionistas que estaban en búsqueda de altos rendimientos se llevaron su dinero a las economías que pagaban más, sin importar qué tan sanas estaban. Por eso, ahora que Estados Unidos se recupera salen despavoridos.

Para Krugman, lo que se está viendo hoy es el estallido de la burbuja emergente en medio de una economía mundial que se está acostumbrado a vivir entre burbujas y depresiones.

En el lado optimista, está otro connotado economista: Nouriel Roubini. En una columna en el periódico inglés The Guardian dice que la confluencia de varios hechos desafortunados, como la crisis cambiaria argentina, el débil crecimiento chino y la incertidumbre política de Turquía, Ucrania y Tailanda, son los causantes de la tormenta que ha tenido coletazos incluso en las bolsas de los países desarrollados y que se ha visto aupada por la caída en los precios de los commodities.

No obstante, Roubini cree que esta situación no va a llevar a que desaparezcan monedas ni se presenten crisis financieras o de deuda soberana, ni siquiera entre los ‘cinco frágiles’.

Su argumento es que estos países tienen tasas de cambio flexibles y una gran cantidad de reservas internacionales. Muchos también cuentan con sistemas bancarios más sólidos y sus ratios de deuda pública y privada, aunque en aumento, siguen siendo bajos y con poco riesgo de insolvencia.

“El optimismo frente a los emergentes es probablemente correcto. Sus fundamentos para el mediano plazo siguen siendo fuertes, pues están en plena urbanización, se están industrializando, aumentan su renta per cápita, tienen un bono demográfico y una clase media creciente que conforma una sólida sociedad de consumo. Además, está la promesa de un rápido aumento de la producción, una vez que las reformas estructurales sean implementadas”, escribe Roubini, y concluye que no es justo agrupar todos los mercados emergentes en una misma canasta.

El problema es que mientras los mercados entienden que no todos los emergentes son iguales, el panorama se sigue viendo feo y gran parte de la respuesta vendrá de la forma cómo cada país se ajuste a lo que pasa afuera y del ritmo con que cambien su política fiscal.

Ojalá, si la cosa empeora, se cumpla la afirmación del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, al diario El País, según la cual los emergentes, y sobre todo los latinoamericanos, son mucho mejores manejando las crisis económicas que manejando la prosperidad.
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