| 2/1/2018 12:01:00 AM

La expansión económica se toma el mundo, ¿perdurará?

Las buenas perspectivas del crecimiento mundial se basan en un incremento de la inversión y una mejora del comercio internacional. ¿Perdurarán?

De acuerdo con las estimaciones de los organismos multilaterales, la actual fase de expansión de la actividad económica mundial, que comenzó de una manera tímida en 2016 (a una tasa de 3,2%, según los datos del FMI), se prolongó en 2017 (al 3,7%) y continuará en 2018 y 2019 (al 3,9%).

En opinión del FMI, el Banco Mundial y la Ocde, la aceleración moderada del crecimiento en este ciclo es generalizada en la mayoría de las regiones del planeta y se basa en un repunte global del consumo, la inversión y el comercio internacional, con un efecto favorable sobre la generación de empleo. La combinación de estas fuentes de demanda le otorga firmeza a la expansión, porque genera un círculo virtuoso que se origina en el sector real, no en el financiero.

La mayor demanda también ha generado un repunte de la actividad manufacturera alrededor del mundo. Los índices de los gestores de compras de varios países, que indican la actividad manufacturera y de servicios, han reportado sus mejores resultados en muchos años en una gran cantidad de países.

Además, la sincronía del crecimiento en las economías avanzadas y emergentes crea una espiral que lo refuerza.

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La mejor dinámica del crecimiento global este año y el entrante será impulsada por su aceleración en los Estados Unidos (de 2,3% en 2017 a 2,7% en 2018 y 2,5% en 2019), gracias al efecto estimulante sobre la inversión de la reforma tributaria, que redujo la tasa del impuesto de renta para las empresas.

Los organismos multilaterales esperan que el crecimiento en las economías avanzadas mantenga su dinámica este año y el siguiente (a 2,3% y a 2,2%), con base en una aceleración de la demanda, sobre todo de la inversión, favorecida por la holgura financiera.

En la Zona Euro la expansión se prolongará a un buen ritmo en estos años (2,2% y 2,0%), gracias a la firmeza de la demanda tanto interna como externa.

El crecimiento de las economías emergentes en Asia se sostendrá a unas tasas elevadas (6,5% y 6,6%), con el impulso proveniente de la aceleración del comercio internacional, que estimulará la inversión. Entre ellas, China continuará en una senda muy suave de desaceleración (6,6% y 6,4%).

El repunte de la actividad económica global ha generado una mayor demanda por materias primas, cuyos precios tienen una tendencia al alza. En el caso del petróleo, esta inclinación ha sido reforzada por el cumplimento estricto del acuerdo de restricción de la producción entre la Opep y otros productores, la depreciación del dólar y un recrudecimiento de la tensión geopolítica en el Medio Oriente.

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A pesar de los mayores precios de los combustibles, la inflación permanece moderada en gran parte de las economías, en especial en las avanzadas, en las cuales se encuentra debajo de la meta de sus bancos centrales. Se prevé, sin embargo, que aumente con mesura a medida que se acelera la demanda.

En consecuencia, los mercados esperan todavía un tránsito gradual a la neutralidad de las posturas monetarias de los principales bancos centrales del mundo, por medio de un repliegue paulatino de sus balances –programado ya por la Reserva Federal y el Banco Central Europeo– y un incremento pausado de sus tasas de interés. En tal sentido, prevén un incremento de 75 puntos básicos en la tasa de interés sobre los fondos federales este año.

La persistencia de una postura monetaria laxa en las economías avanzadas por un largo periodo ha alimentado la inflación de los precios de los activos financieros y la continuidad de un abundante flujo de capital de portafolio a las economías emergentes, gracias al cual los activos también se han valorizado y las monedas apreciado.

El repunte de los precios de las materias primas, la persistencia de los flujos de capital y la mayor demanda externa, sobre todo de Estados Unidos, impulsarán el crecimiento en América Latina, que se acelerará de 1,3% el año pasado a 1,9% y 2,6% en los dos siguientes.

Los peligros

Sin embargo, la aceleración prevista de la actividad económica mundial para este año y el próximo no está exenta de riesgos. El primero es que la amenaza de un recalentamiento en algunas de las economías avanzadas más grandes conduzca a sus bancos centrales a acelerar el tránsito hacia la normalidad monetaria, por medio de un incremento más rápido en sus tasas de interés, así como a través de un repliegue más apresurado de sus balances que lo previsto por los mercados.

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Como consecuencia de ello se frenarían la demanda por crédito, el consumo y la inversión en las economías avanzadas. También aumentaría la percepción de riesgo en los mercados financieros internacionales, con lo cual se desinflarían de manera abrupta los precios de los activos y disminuirían los flujos de capital hacia las economías emergentes. La pérdida de riqueza desestimularía aún más la demanda global, mientras que la preferencia por activos seguros encarecería la financiación de las economía emergentes, con consecuencias adversas sobre el consumo, la inversión y la actividad económica en ellas.

El segundo es que la laxitud monetaria en las economías avanzadas siga alimentando en el mediano plazo una inflación exuberante del precio de los activos financieros alrededor del mundo, que derive en la formación de burbujas cuyo estallido podría perturbar la estabilidad financiera y económica mundial.

Un tercer peligro es un resurgimiento del proteccionismo, que podría frenar la expansión del comercio internacional.

Otro conjunto de riesgos que podría amenazar la expansión de la actividad económica global es de origen geopolítico. El principal en este caso es el aislacionismo internacional de los Estados Unidos, que podría derivar en renunciar al liderazgo que ha tenido en la defensa del orden económico y político liberal internacional que surgió desde el final de la segunda guerra mundial. Esa negligencia podría estimular la agresividad de Rusia y su interferencia desestabilizadora alrededor del mundo.

La agresividad bélica de los Estados Unidos también podría tener consecuencias desastrosas en el Medio Oriente o en Corea del Norte. Por último, la amenaza del fortalecimiento del populismo en Europa, que podría conducir a la desintegración de la Unión Europea y a la desaparición del euro sigue latente.

Si esos riesgos no se materializan, la expansión de la economía mundial y el comercio internacional en lo que resta de la década podría sostenerse a un ritmo más dinámico que el prevaleciente en el último lustro.

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Esta coyuntura constituye una oportunidad que las autoridades alrededor del mundo no deberían dejar pasar, para implementar unas reformas estructurales que aumenten la capacidad de crecimiento de las economías, con el fin mejorar las condiciones de vida de la población.

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