| 7/6/2017 12:01:00 AM

Reino Unido prefiere un brexit 'blando', ¿cómo será?

La pérdida de la mayoría absoluta de los conservadores en el parlamento sugiere que el Reino Unido prefiere un brexit blando. ¿Cómo podría ser?

Cuando invocó el artículo 50 del tratado de Lisboa en marzo, para solicitar el inicio de las negociaciones de retiro del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE), conocido como brexit, la primera ministra Theresa May planteó una salida dura. Esta propuesta consiste en que el RU recupere total discrecionalidad sobre la inmigración y se sustraiga de la jurisdicción de las instituciones de la UE, con el costo de retirarse de la unión aduanera y perder el acceso libre al mercado único.

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Para realizar las negociaciones del brexit duro con el respaldo de una amplia mayoría, la primera ministra propuso convocar unas elecciones parlamentarias anticipadas, que se llevaron a cabo el 8 de junio. Sin embargo, el resultado debilitó su posición en lugar de fortalecerla.

Aunque el Partido Conservador permaneció como la fuerza política mayoritaria, con la proporción más alta de la votación (42,3%) y el mayor número de sillas en la Cámara de los Comunes (317, con una pérdida de 22), no logró constituir una mayoría parlamentaria absoluta (326 de 650). El Partido Laborista se consolidó como la segunda fuerza política (con 40% de la votación y 262 sillas, 21 más que antes). En consecuencia, la primera ministra tuvo que llegar a un acuerdo con el Partido Democrático Unionista de Irlanda del Norte, cuyas 10 sillas le permitieron formar un gobierno minoritario.

Foto: Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista.

No obstante, el apoyo para el brexit duro disminuyó, tanto en el parlamento, donde la primera ministra no tiene asegurados los votos necesarios para aprobar con holgura sus iniciativas, incluido el acuerdo que negocia con la UE; como dentro del gobierno, al interior del cual no parece tener la autoridad para imponer su criterio a los miembros del gabinete, quienes disienten sobre lo que se debería pactar.

En el parlamento, los representantes de los partidos que se opusieron a la aprobación del brexit, e incluso los conservadores partidarios de la permanencia, están tratando de concertar alianzas para presionar la negociación de una partida suave de la UE. Además, algunos parlamentarios laboristas piensan que su partido debería liderar una coalición contra el gobierno sobre el brexit.

En el interior del gobierno hay un desacuerdo importante entre el secretario de comercio, Liam Fox, quien plantea que el Reino Unido debe abandonar pronto la unión aduanera, para negociar con libertad otros tratados comerciales, y el ministro de hacienda, Phillip Hammond, quien es partidario de la permanencia en ella, hasta que se acuerden los términos de la relación comercial que habrá con la UE en el futuro.

La falta de consenso dentro del gobierno del Reino Unido acerca del brexit llevó al negociador de la UE, Michel Barnier, a mandar delegados a cada uno de los ministerios británicos para tratar de unificar sus posiciones, con el fin de comenzar a negociar sobre una propuesta única.

Otro desacuerdo mayúsculo surgió en el Partido Conservador sobre la permanencia de Theresa May como líder y, en consecuencia, como primera ministra. Algunos quieren que su liderazgo no se prolongue más allá de octubre, pero otros prefieren que se extienda hasta encontrar un nuevo dirigente que sea popular entre los votantes, para eludir el riesgo de perder el gobierno en manos del Partido Laborista, encabezado por Jeremy Corbyn.

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Después de la derrota de la primera ministra en la contienda electoral, se requiere precisar si la ciudadanía está a favor del brexit duro o no. El punto crucial es su posición acerca de la inmigración, pues de ella dependen las concesiones que estaría dispuesta a hacer la UE sobre la participación en la unión aduanera, el mercado único y el acceso sin restricciones de las firmas del RU al mercado financiero.

Como argumenta Anatole Kaletsky, el resultado desfavorable de las elecciones parlamentarias y las últimas encuestas sugieren que la posición de los británicos sobre la inmigración es mucho menos radical que la de la primera ministra. La mayoría (62%) cree que en las negociaciones el gobierno británico debería ofrecer a los ciudadanos de la UE el libre derecho de viajar, trabajar, estudiar y jubilarse en el territorio del RU, a cambio de una concesión idéntica para los británicos en el resto de Europa. De manera análoga, la mayor parte prefiere que el RU trate de obtener la permanencia en el mercado único (50% contra 21%). En consecuencia, la mayoría no aprueba un brexit duro del estilo propuesto por la primera ministra.

El brexit duro no les conviene a las empresas británicas, porque desmejoraría su competitividad en la UE y les impediría satisfacer su demanda de mano de obra con una alta calificación en el corto plazo. Tampoco las favorece que no se logre un acuerdo regulatorio, porque no tendrían certeza sobre las reglas para desempeñar sus actividades y hacer negocios en la UE.

De esta manera, un año después del referendo que aprobó el brexit, las negociaciones del acuerdo para llevarlo a cabo comenzaron sin una posición unificada del gobierno sobre la propuesta para discutir, ni el respaldo pleno del parlamento y la ciudadanía. Quizá por ello las prioridades fijadas hasta ahora por los negociadores son acordar el monto del pago que deberá hacer el RU a la UE y los derechos de los ciudadanos de cada bloque en el territorio del otro, que por el momento generan menor resistencia. Tal vez el siguiente tema en la agenda será cómo evitar el establecimiento de fuertes controles migratorios y aduaneros entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, que no será fácil.

En esas circunstancias, quizá lo más conveniente para el Reino sería tratar de obtener un acuerdo como el que tiene la UE con Islandia, Liechtenstein y Noruega, a través del Área Económica Europea (AEE). Por medio de ella, los tres permanecen fuera de la UE, pero aceptan la mayor parte de las obligaciones y los costos de la membresía, a cambio de los beneficios del acceso sin restricciones al mercado único. Tales compromisos incluyen el libre movimiento de bienes, servicios, capital y personas.

Este tipo de tratado podría lograr el respaldo de la opinión pública y del parlamento británico, sin contradecir los principios de la UE, ni infligir costos considerables a las partes. Quizá también podría ser aceptado por los países de la UE que han mostrado mayor intransigencia en sus pronunciamientos sobre las condiciones de salida del RU, porque la membresía de la AEE tiene un estatus inferior: debe aceptar la libre movilidad de bienes y factores, junto con el acatamiento de las decisiones de la Corte Europea de Justicia, sin participar en la elaboración de las normas ni en la toma de decisiones sobre estas materias.

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