| 7/20/2017 12:01:00 AM

¿Ayudaría el proteccionismo a cerrar el déficit de Estados Unidos?

El presidente Trump propuso medidas proteccionistas para disminuir el déficit comercial de los Estados Unidos. Sin embargo, ellas serían ineficaces. ¿Por qué razones?

Desde la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, el déficit externo de ese país retornó a las discusiones sobre política económica internacional, por las amenazas que había lanzado durante la campaña de aplicar medidas para restringir las importaciones provenientes de los países con los cuales se generan sus mayores balanzas comerciales negativas: China, Japón, Alemania y México.

Como consecuencia de la eventualidad de que los países afectados por las restricciones impuestas por los Estados Unidos respondieran con represalias, surgieron temores de guerras comerciales que podrían frenar la actividad económica global.

A pesar de la retórica del presidente Trump, las restricciones a las importaciones no serían una solución eficaz para estrechar el déficit de los Estados Unidos, porque el diagnóstico sobre sus causas es impreciso. Un desbalance externo no se origina por las políticas comerciales de los países con los cuales se intercambian bienes y servicios, ni se corrige por las del país que lo experimenta.

El desbalance resulta de las decisiones de ahorro de las familias, de inversión de las firmas y de gasto del gobierno. En ciertas circunstancias esas decisiones generan una diferencia significativa entre la demanda interna y el PIB. Cuando las posturas de las políticas monetaria y fiscal son laxas, estimulan el gasto doméstico, de manera que pueden llegar a exceder el producto, lo cual origina un déficit. En el caso contrario, cuando las posturas son muy estrechas, pueden desestimular la demanda interna hasta generar un superávit.

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Para reducir el déficit externo se requiere que las familias ahorren más, que las firmas inviertan menos y que el sector público reduzca el gasto. Eso puede ocurrir por decisiones de las autoridades, que estrechen las posturas fiscal y monetaria, por medio de un incremento de las tasas domésticas de interés y de los impuestos. También puede acontecer como consecuencia de la desconfianza de los inversionistas, que las obligue a hacerlo.

Una depreciación de la moneda nacional que encarezca las importaciones para los residentes en el país y abarate las exportaciones para los extranjeros, también puede contribuir a estrechar el déficit externo. Sin embargo, la depreciación reduce el ingreso real de los residentes.

Por tanto, las políticas macroeconómicas de un país determinan las magnitudes de su desbalance externo, mientras sus estrategias comerciales y las de sus socios inciden en las dimensiones de las balanzas bilaterales. Por tal motivo, tomar medidas en contra de las importaciones provenientes de un país con el cual se tiene un déficit comercial, sin reducir la demanda interna –o incrementar el ahorro doméstico–, solo desplaza las importaciones hacia otro país, con el cual cambia la balanza comercial en el valor de esas compras externas, sin alterar las dimensiones del desbalance total.

Esto no quiere decir que la política comercial no sea útil, sino que no lo es para enfrentar un desbalance externo. En cambio, puede ser eficaz para morigerar el efecto del intercambio sobre los grupos más perjudicados o para favorecer a otros. Esto puede lograrse al restringir las importaciones o al promover las exportaciones.

Tampoco es acertado el diagnóstico del presidente Trump de que la apertura del mercado de los Estados Unidos al comercio internacional generó el desempleo en su sector manufacturero. Las verdaderas causas de este fenómeno fueron el progreso tecnológico, que tuvo el mismo efecto en todas las economías avanzadas, el estancamiento de la productividad en los Estados Unidos y sus elevados costos de producción. Por tanto, una modificación de su política comercial hacia el proteccionismo no tendría un gran impacto sobre el empleo manufacturero en ese país.

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Estados Unidos ha podido financiar su déficit externo durante un largo periodo, gracias a que otros países tienen excesos de ahorro. Los inversionistas internacionales le transfieren ese ahorro externo porque encuentran allí oportunidades de adquirir activos con buenas perspectivas de valorización y le tienen suficiente confianza. Gracias a ella, los extranjeros compran su deuda pública, las acciones y la deuda emitida por sus firmas, las propiedades raíces construidas en su territorio y además crean nuevas empresas allí.

Con esos fondos externos, los Estados Unidos financian su exceso de inversión sobre ahorro doméstico. Gracias a los recursos provenientes del exterior, las familias y el gobierno pueden gastar y las firmas invertir por encima de sus ingresos.

A través de este mecanismo de financiación, el exceso de inversión sobre ahorro le permitió a la economía de los Estados Unidos crecer en el corto plazo y aumentar su capacidad de expansión en el mediano plazo, sin una mayor tasa de ahorro, por encima de lo que hubiera podido en el caso de no haber incurrido en un déficit externo.

Si Estados Unidos quiere estrechar de una manera eficaz su desbalance, debe reducir la brecha que hay entre su demanda interna y su PIB –o entre su ahorro doméstico y su inversión–. Pero hacerlo desacelera el crecimiento en el corto plazo. Para no afectar la capacidad de crecimiento de la economía en el mediano plazo, debe tomar la precaución de no perjudicar la inversión privada ni la provisión de bienes públicos que hace el Estado.

Entre los socios comerciales de Estados Unidos que más ahorro transfieren al exterior se encuentra Alemania. Este país tiene un elevado superávit en la cuenta corriente (8,5% del PIB en 2016) porque su alta tasa de ahorro excede a la de inversión (ver gráfico). Esto se debe, por una parte, a que su población envejece rápido, razón por la cual acumula activos ahora para desacumularlos en la etapa de jubilación. También resulta, por otra parte, de que su Estado tiene un superávit fiscal (0,8% del PIB). Además, el lento incremento de los salarios y la debilidad del euro dan a los bienes y servicios alemanes una gran competitividad en el exterior.

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Si Alemania quisiera disminuir su superávit externo, tendría que estimular su demanda interna. Quizá la manera más efectiva de hacerlo sería aumentar el gasto público en infraestructura y en capital humano –educación y salud públicas–, lo cual reduciría el superávit fiscal y aumentaría la productividad y la capacidad de crecimiento de su economía en el mediano plazo.

Una expansión del gasto doméstico en Alemania también podría generar una mayor demanda por los bienes y servicios de otros países, que contribuiría a estimular el crecimiento del resto del mundo, incluidas las economías del sur de Europa, que padecen un prolongado estancamiento.

La disminución de los desbalances externos de las economías más grandes del mundo requiere, por tanto, una mejor cordinación de sus políticas macroeconómicas, en lugar de la implementación de estrategias proteccionistas.

Estas solo desencadenarían guerras comerciales que frenarían el crecimiento global y disminuirían el bienestar mundial.

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