| 5/29/2014 1:38:00 PM

La aplanadora china

El nuevo programa de vivienda lanzado por el gobierno chino plantea que, antes de 2020, 60% de la población viva en grandes ciudades. Un reto monumental.

China tendrá que construir viviendas ‘como arroz’ para alcanzar las metas del ambicioso programa de urbanización lanzado hace unas semanas por el gobierno, que pretende llegar a 2020 con 60% de la población viviendo en centros urbanos.

La iniciativa fue lanzada por el primer Ministro chino, Li Keqiang, en el ‘Nuevo plan de urbanización 2014-2020’ que ejecutará inversiones superiores a los US$6,8 billones –la mitad del PIB de Estados Unidos– para garantizar la construcción de nuevos centros urbanos que alberguen a cerca de 66 millones de habitantes que llegarán a las ciudades antes de 2020.

Actualmente, 50% de los 1.400 millones de habitantes de China viven en zonas rurales –hasta 1950, 87% era población campesina–, pero las duras condiciones que enfrentan los han empujado a las grandes ciudades, protagonizado una migración desordenada que cada año supera los 10 millones de personas, según el diario Estrategia, de Chile.

Esta situación se ha convertido en un gran desafío para el gobierno chino, que adoptó el nuevo programa para darle un desarrollo ordenado a la migración y una estructura de urbanismo que atienda las nuevas necesidades en materia de salud, educación, servicios públicos y transporte.

Pero, garantizar la llegada de millones de campesinos a las ciudades exige no solo grandes inversiones sino, de paso, celeridad en la ejecución de las obras. El gobierno planea construir por año unas 4,8 millones de viviendas sociales –para los más pobres– y no menos de 2,22 millones de viviendas para quienes tienen mayor capacidad adquisitiva.

Estas obras han despertado el interés de los principales proveedores de commodities del mundo, que encuentran en el ambicioso plan una buena oportunidad para hacer nuevos negocios. Aunque la estrategia del gobierno con este plan edificador es generar una dinámica en el mercado interno para reducir la dependencia de las exportaciones, su impacto se sentirá también en los países de América Latina, grandes productores de materias primas.

Productos como cobre, acero, hierro y hasta hidrocarburos estarán de nuevo en la órbita de los bienes más demandados por el mercado chino, por lo menos hasta 2020, para atender los requerimientos del plan de gobierno.

La ejecución de esta iniciativa, sin embargo, ya ha levantado ampolla en algunas ONG que critican la excesiva celeridad y la poca calidad con la que se han construido en el pasado algunas ciudades chinas. A esto se suma la creciente ola de protestas de algunos ciudadanos chinos por los problemas de movilidad y contaminación que actualmente los afectan, así como por las dificultades que enfrentan debido a las estrictas normas del Hukou o permiso de residencia, vigente hace 60 años para controlar la migración, y que impide que quienes se trasladen de forma desordenada del campo a la ciudad no tienen acceso a salud, educación o vivienda.

El gobierno chino ha dicho que ya está tomando nota de estos problemas y que la construcción de las nuevas ciudades atenderá altas especificaciones en materia ambiental, de seguridad, servicios públicos, servicios sociales y movilidad. El resultado, sin embargo, solo se podrá comprobar en 2020, cuando los nuevos ciudadanos tendrán que dar su veredicto.
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