| 1/23/2015 4:40:00 PM

El día después

El proceso electoral de Grecia se ha convertido en un rompecabezas para los mercados y en un desafío para la Unión Europea. ¿Fin a los programas de austeridad?

En todo un acertijo se han convertido las elecciones parlamentarias del domingo 25 de enero en Grecia. Primero, porque representan una prueba de fuego para el pueblo griego, que busca un cambio que lo saque de la postración económica y que podría optar esta vez por una fórmula distinta a la que ha seguido durante los últimos seis años.

Pero también porque un giro político en Grecia significaría un duro revés para los acreedores financieros y un desafío a la política de la Unión Europea, que por años ha promovido un modelo de austeridad para impulsar el crecimiento económico de la región, sin mayores resultados, al punto que ha comenzado a dar marcha atrás con esta estrategia.

Desde 2009, cuando se agudizó la crisis en Grecia, el país ha recibido dos rescates financieros, incluida una reestructuración de su deuda pública, que le han exigido a la Troika –Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional– el suministro de recursos por unos 237.500 millones de euros.

Los griegos irán a las urnas luego de que Karolos Papulias, el actual presidente, perdiera el apoyo político y acudiera a la disolución del Parlamento y nuevas elecciones. Pero, a juzgar por recientes declaraciones del presidente del Parlamento, Evangelos Meimarakis, a la agencia Efe, también los acreedores perdieron la confianza en el presidente y habrían jugado un papel clave en el desajuste político, pues estaban interesados en terminar con la incertidumbre económica que ha afectado los mercados de deuda.

Las presiones surgieron luego de que en octubre, durante la negociación del último tramo del plan de ajuste, el gobierno de Papulias se negara a aceptar una lista de 19 nuevas exigencias de los acreedores, entre las que estaban una nueva reducción en los montos de las pensiones, la reanudación de los desahucios a quienes debían sus casas al banco, y el monto de financiación del gobierno para este año.

Pero este afán de los acreedores por imponer nuevas condiciones para garantizar su deuda podría convertirse en un bumerán, de mantenerse la tendencia que mostraban las encuestas y que en las semanas previas daban las mayorías al izquierdista partido Syriza, que lidera Alexis Tsipras, quien ha conquistado electores con un discurso que habla de dejar la actual fórmula de austeridad y renegociar la deuda griega con la Troika.

Aunque Tsipras saltó a la arena política hace un año oponiéndose al plan de austeridad impuesto por la Troika y proponiendo que Grecia saliera del euro, sus posiciones hoy son más moderadas –por lo menos en el tema del euro– aunque mantiene su interés por una renegociación.

Tsipras ha moderado su discurso en las últimas semanas, pero eso sí, ya ha advertido que de llegar al gobierno, comenzará a renegociar las condiciones de la deuda para aliviar las presiones que tienen ahogados a los griegos.

La definición del nombre del nuevo presidente, sin embargo, solo se conocerá después de que los parlamentarios elegidos este 25 inicien su legislatura el 5 de febrero y logren conformar las coaliciones que necesitan para gobernar.

Sin embargo, ya la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, salió al paso de las declaraciones –para algunos solo aspiraciones– del candidato de izquierda griego. Por eso, el lunes Lagarde advirtió que “una deuda es una deuda” y una eventual reestructuración o cesación de pagos “tendrá consecuencias”, según informó el diario The Irish Times.

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, también advirtió a los políticos griegos que podría retirar los 30.000 millones de euros de financiamiento –que hacen parte del nuevo tramo del rescate– si hay riesgo de incumplimiento de los compromisos.

Las elecciones han encendido las alarmas y la banca griega enfrenta fuertes presiones de ciudadanos que temen por una crisis de liquidez tras los resultados electorales. Por eso han acudido a los bancos a retirar sus ahorros o depósitos, o han dejado de pagar sus obligaciones ante la incertidumbre.

Sin duda, el tema de fondo en esta elección es la sostenibilidad económica y social del país, que en 2013 tuvo una tasa de desempleo de 27,5% y el año pasado alcanzó 26,8%.

No hay que perder de vista que durante la crisis esta economía registró una contracción de 27%.

Pese al salvamento por parte de sus socios europeos, Grecia aún no sale del bache económico y su crecimiento apenas habría sido de 0,6% en 2014, según ha anticipado el gobierno. Una tragedia que todavía no llega a su fin.

***

Así se elige

9,8 millones
de griegos acudirán a las urnas para elegir un parlamento que a su vez tendrá que elegir al nuevo presidente.

2 millones de electores
tienen más de 71 años. Este grupo poblacional es el que más presión ejerce por un cambio, a raíz de las difíciles condiciones económicas que enfrentan los pensionados.

52% de las familias
tiene a las pensiones como su principal fuente de ingreso. En otras palabras, son los pensionados los que están sacando a flote a sus familias.

180 votos
entre los parlamentarios necesitará el candidato que pretenda quedarse en la presidencia de Grecia para el próximo periodo.

2,9% crecería
Grecia este año de acuerdo con las proyecciones de la Comisión Europea, que calcula en 0,6% el crecimiento del PIB en el año completo 2014.

27,7% se redujeron
las importaciones griegas entre 2008 y 2013, según el diario El Mundo de España.

34,4% de las familias
registraron durante 2014 ingresos inferiores a los 10.000 euros, según la Confederación Helena de Comerciantes.

170.000 millones
de euros han perdido los hogares griegos durante la crisis, según estimó el grupo suizo Julios Baer.
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