| 2/6/2015 2:00:00 PM

El complejo recorrido de la propuesta de Obama

Obama presentó su proyecto de presupuesto para el año fiscal que arranca en octubre, que sería financiado con más impuestos. Republicanos lo rechazaron. Nuevo pulso de poder en el Capitolio.

Manteniendo la línea desafiante de su pasado discurso sobre el Estado de la Unión, en el que anunció medidas a favor de los inmigrantes que no le gustaron al Partido Republicano, el presidente Barack Obama acaba de presentar su proyecto de presupuesto que, según la oposición, “nació muerto”.

Es un plan por US$3,99 billones que propone subir los impuestos a las empresas y a las personas más ricas con el objeto de financiar inversiones en infraestructura y educación, y estabilizar, pero no eliminar, el déficit anual de presupuesto de Estados Unidos.

La administración Obama ha dicho que el presupuesto busca orientar la economía hacia la clase media, a lo que los republicanos respondieron que en realidad lo que pretende es “explotar la economía de la envidia”, pues este partido, que tiene la mayoría del Congreso, está en contra de mayores alzas tributarias. “Esa redistribución de arriba hacia abajo no funciona. Puede servir para hacer política, pero no para generar crecimiento económico”, fue la reacción del representante republicano Paul Ryan, presidente del comité de medios de la Cámara en un programa de la NBC.

Los Demócratas, el partido de Obama, consideran por su parte que el énfasis del proyecto está en generar empleo y mejorar los salarios de una manera fiscalmente responsable.

El nuevo presupuesto, que entraría en vigencia en octubre, daría lugar a un déficit por US$474.000 millones en 2016. Esto equivale a 2,5% del Producto Interno Bruto (PIB), un nivel que muchos consideran sostenible y que sería inferior al 3,2% proyectado para el año fiscal 2015. Es más, la idea es que si se consiguen las fuentes de financiación, el déficit no sería superior a 2,6% del PIB anual durante la próxima década, así los números absolutos se eleven.

Esas cifras son inferiores al déficit registrado en 2009 (US$1,4 billones), cuando Obama asumió el cargo y Estados Unidos empezó a salir de su peor recesión desde la Gran Depresión.

Para que le cuadren sus cuentas, el gobierno proyecta un crecimiento promedio de 3,1% este año y que el desempleo siga descendiendo hasta 5,4% en 2015, frente al 5,6% actual. Sin embargo, esa previsión asume que los Republicanos apoyarán los programas de Obama, algo que parece improbable, pues estos tienen bloqueada la reforma de las leyes migratorias en la Cámara de Representantes, por ejemplo, y el presupuesto da por sentada su aprobación.

Otro de los temas que será bloqueado por la oposición es el tributario. Obama quiere aumentar la tasa máxima sobre las ganancias de capital y dividendos de 23,8% a 28% e imponer gravámenes sobre transferencias de activos por herencias. También planea un pago de una vez de un impuesto de 14% para los beneficios amasados por multinacionales estadounidenses en el extranjero, estimados de US$2,1 billones. Luego, ese impuesto subiría a 19% para las futuras ganancias de dichas compañías.

Al proyecto le espera un camino difícil en el Capitolio y en su discusión no solo se definirá el futuro de las finanzas públicas de la locomotora del planeta, sino que se medirán las fuerzas para la próxima campaña electoral en la que se elegirá al sucesor de Obama.
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