| 2/4/2016 12:00:00 AM

La receta de Bolivia liderar el crecimiento en Suramérica este año

Junto con Panamá, Bolivia será la nación latinoamericana de mayor crecimiento en 2016. Pese a pertenecer al grupo de países del Socialismo del Siglo XXI, Evo Morales ha capoteado la crisis con políticas promercado.

Con tan solo 1,9% de la población latinoamericana, sin salida al mar, una economía centrada en materias primas y con Brasil –un país en recesión– como principal comprador de sus exportaciones, Bolivia se prepara para ser una de las naciones de la región que más crecerán en 2016.

Expertos como los de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) consideran que Bolivia podrá repetir este año el mismo crecimiento de 2015; es decir, 4,5%, cifra que solo sería superada por Panamá (6,25%) y República Dominicana (5,2%). Paralelamente, los analistas que mes a mes sondean en Focuseconomics piensan que en 2016 el país andino tendrá una desaceleración frente a 2015, pues pasaría de registrar un avance del PIB de 4,3% a uno de 3,7%, que de todas maneras sería el mayor de Suramérica.

La explicación para que, a diferencia de sus vecinos, Bolivia pueda soportar mejor la fuerte caída de las materias primas radica en que ha logrado vender su gas a través de contratos de largo plazo en los que establece una cotización fija, lo que lo protege de la volatilidad de los mercados internacionales, al tiempo que le asegura un pago de sus compradores, así estos no pasen por un buen momento, como es el caso de Brasil.

“A principios de la década del 90, con la apertura económica, se hicieron bastantes inversiones en hidrocarburos, en particular gas natural, así como en agricultura, lo que permitió aprovechar la bonanza que se presentó con el aumento en los precios de los commodities. Luego llega Evo Morales en 2006 y, pese a su discurso contra el neoliberalismo y a favor de las nacionalizaciones, no lo pone en práctica y en vez de eso instala el IDH (Impuesto Directo a los Hidrocarburos), lo que aumentó considerablemente los ingresos del Estado, sin tener que quitarles las empresas a los privados”, explica Eduardo Gamarra, politólogo boliviano y profesor de la Universidad Internacional de la Florida.

Este académico agrega que, aunque el presidente Morales cambió la elite política del país, no ha seguido los mismos pasos de otras naciones que viraron hacia el llamado Socialismo del Siglo XXI. Por ejemplo, su ministro de economía y finanzas públicas, Luis Alberto Arce Catacora, estudió en Inglaterra y lo ha dejado libre para aplicar políticas más promercado.

Durante los años de bonanza Bolivia no se contagió de la política venezolana de subsidiar a los más necesitados de la región, dándoles sus productos a menor precio (que es lo que hace Petrocaribe) y, por el contrario, se concentró en aumentar sus reservas internacionales, que pasaron de casi US$700 millones a unos US$20.000 millones. Este ahorro es precisamente lo que le ha permitido al país aguantar la caída actual del precio de los commodities.

“Por eso, no es que el país sea inmune a lo que está pasando, sino que ha tenido con qué mitigar los efectos de la situación externa. Se estima que tan solo el último año, gastó unos US$1.000 millones de sus reservas internacionales”, aclara Gamarra, al tiempo que advierte que esta estrategia le ha servido a Evo para posponer los costos de las menores cotizaciones de las materias primas, pero que tarde o temprano tendrá que ajustarse a las nuevas condiciones de la economía global.

Más déficit

Para Angela Bouzanis, economista responsable para Bolivia de Focuseconomics, la desaceleración del país se debe, más que a la caída de los commodities, al peor desempeño económico de Brasil y Argentina (de hecho, durante los últimos meses de la administración de Cristina Fernández de Kirchner esta no les pagó los contratos de gas y es apenas ahora que el gobierno de su sucesor, Mauricio Macri se está poniendo al día).

“El fuerte gasto público y el consumo saludable serán los factores que le podrán ayudar a Bolivia a mitigar el impacto de las dificultades externas. El país construyó una serie de colchones durante los años del boom y el gobierno será capaz de disponer de recursos ahorrados (y préstamos) para financiar sus proyectos previstos de inversión pública. En consecuencia, se espera un empeoramiento de la balanza fiscal de este año”, reitera la experta.

Desde que se instauró el IDH, el país empezó a registrar superávit fiscal, el cual llegó a 1,8% del PIB en 2012, pero luego comenzó a deteriorarse y se cree que cerró 2015 en -4% y que subirá a -4,5% en 2016.

Los analistas de la aseguradora Coface coinciden en la idea de que Bolivia está en plena desaceleración, su pronóstico es que este año crezca 3,5%, pero también lo destacan como un dato muy positivo frente a la actual realidad latinoamericana.

Subrayan que uno de los problemas de Bolivia es la baja diversificación de su economía (90% de sus exportaciones son de gas natural, petróleo y minerales) y debilidades estructurales como un clima de negocios mediocre e insuficiente infraestructura. “No obstante, la demanda interna debería seguir siendo sólida, gracias a la política presupuestaria expansionista del gobierno. Por lo tanto, la inversión pública debería aumentar con la implementación de un plan de recuperación destinado a incrementar la capacidad de producción en el sector minero. Además, el consumo de los hogares debe seguir siendo fuerte gracias a los efectos de la inversión pública en términos de puestos de trabajo y de salarios, y debido a los diversos programas sociales”, indican en Coface.

Modelo en peligro

Aunque en materia económica Evo Morales no se ha comportado igual que sus colegas de izquierda, en lo que sí se parece, según Gamarra, es en un modelo político autoritario, que volverá a poner a prueba el próximo 21 de febrero, cuando realizará un referéndum que someterá a aprobación o rechazo el proyecto constitucional que busca permitir al Presidente o Vicepresidente reelegirse de manera continua; es decir, Evo, de ganar de nuevo en las elecciones, podría quedarse por un cuarto periodo hasta 2025.

Aunque aún cuenta con una aprobación alta de 65%, las más recientes encuestas apuntan a una derrota de Morales en el referéndum. No obstante, su modelo económico y su legado dependerán de cómo siga su país enfrentando la crisis mundial de los commodities.

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