| 4/11/2017 6:00:00 PM

¿Cuáles son los principales peligros y amenazas del populismo?

La fuerza del populismo podría debilitar las buenas perspectivas de la actividad económica global. ¿Cuáles son los peligros que entraña?

Después de casi una década de recorte de las previsiones sobre el crecimiento global, parece que los pronósticos se quedarán cortos este año. Hasta el momento los resultados son mejores que las predicciones en Estados Unidos y en Europa.

También luce plausible que lo sean para las economías emergentes. Su comportamiento está favorecido por la gradualidad del tránsito a una postura monetaria neutral de la Reserva Federal de los Estados Unidos y un influjo más dinámico de capital de portafolio, que han mantenido abundante y barata su financiación externa. Además, el incremento en los precios de las materias primas ha mejorado sus términos de intercambio y apresurará el aumento de su ingreso nacional.

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De esta manera, luego de un largo periodo de estancamiento, la actividad económica global tiene unas bases más sólidas para repuntar. Sin embargo, como anota Kenneth Rogoff, no se han solucionado algunos problemas que entrañan riesgos para la estabilidad financiera y el crecimiento mundial: los bancos europeos no sanearon del todo sus balances, ni se capitalizaron suficiente y las administraciones locales en China están endeudadas de un modo excesivo.

Al mismo tiempo, el fortalecimiento del populismo de derecha en las economías avanzadas puede resultar perturbador, tanto en el corto como en el mediano plazo.

En este aspecto, el gobierno del presidente Donald Trump en los Estados Unidos constituye una amenaza por las propuestas hechas durante la campaña, que ratificó después del triunfo. Quizá la más peligrosa sea implementar un proteccionismo a ultranza. La imposición de aranceles a algunos de los países con los cuales se generan los principales déficits comerciales de los Estados Unidos –China, Japón, México y Alemania– desencadenaría una guerra comercial, con consecuencias adversas para la actividad económica, tanto de los contendientes como del resto del mundo.

Otra amenaza de sus propuestas sería un aislacionismo de los Estados Unidos en las relaciones internacionales, porque el retiro de las zonas del planeta donde su presencia ha generado equilibrios entre los intereses divergentes de otras naciones, podría derivar en conflictos que perturbarían la estabilidad geopolítica, financiera y económica mundial.

Un bajón de la inmigración hacia los Estados Unidos podría frenar la innovación y desacelerar el aumento de la productividad, lo cual impediría una mejora en su crecimiento potencial.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea representa también un riesgo con un gran poder desestabilizador. Hasta ahora las consecuencias de corto plazo fueron atenuadas en el RU por una depreciación de la libra esterlina y un relajamiento fiscal, monetario y crediticio. En la Zona del Euro el relajamiento cuantitativo llevado a cabo por el Banco Central Europeo y la depreciación de la moneda tuvieron el mismo efecto. Ese conjunto de factores evitó un debilitamiento de la confianza de los consumidores y los inversionistas, que hubiera tenido repercusiones adversas sobre la demanda y la actividad productiva en ambas economías.

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Sin embargo, otras consecuencias inmediatas dependerán del tono de las negociaciones del acuerdo de salida, que están por comenzar, mientras que los efectos de largo plazo estarán determinados por los términos de la relación posterior que se pacten. Si el tono de las negociaciones es áspero, podría debilitar la confianza, lo cual afectaría de manera negativa la demanda y el crecimiento en ambas, con consecuencias desfavorables sobre la estabilidad financiera y la actividad económica en el resto del mundo. En cambio, si es amigable se podrían suavizar esos efectos.

En el mediano plazo, si no se acuerda un acceso amplio de ambas a los mercados de la otra, ni una alta movilidad de los factores productivos, las dos economías perderían capacidad de expansión, en detrimento del bienestar de sus habitantes, que hubiera sido mayor sin la disociación. El crecimiento menos dinámico y el estancamiento del bienestar en ambas restarían también a la expansión del resto del mundo.

Hasta el momento, el avance del populismo en Europa, que sería una amenaza mortal para la UE y el euro, se contuvo en Austria y en Holanda, donde no le favoreció el resultado de las últimas elecciones. Es posible que en Alemania ocurra algo parecido. No obstante, no se puede descartar una victoria suya en las próximas contiendas electorales en Francia e Italia.

Las encuestas sobre las elecciones presidenciales en Francia, cuya primera vuelta tendrá lugar el 23 de abril, predicen que pasarán a la segunda vuelta, que se realizará el 7 de mayo, Emmanuel Macron, del movimiento En Marcha, con 26% de intención de voto, y Marine Le Penn, del Frente Nacional, con 24%. También pronostican una victoria de Macron en la segunda vuelta, con una intención de voto de 60%.

El triunfo de Macron sería tranquilizador porque es un candidato pro Europa, que defiende las virtudes del libre comercio y de la globalización, al tiempo que tiene intenciones reformistas para modernizar a Francia.

En cambio, la victoria de Le Pen tendría consecuencias devastadoras para la UE, el euro y la estabilidad financiera y económica internacional, porque propone retirar a Francia de esa comunidad de naciones y restablecer una moneda francesa. La eventualidad de que Le Pen resulte electa no es descabellada, porque cuenta con el apoyo subrepticio de Putin y Trump. Además, un electorado frustrado con la UE y la globalización podría inclinarse a su favor.

En las elecciones generales de Italia dentro de un año, el movimiento Cinco Estrellas, liderado por Beppe Grillo, tiene un amplio respaldo popular, con una intención de voto cercana a una tercera parte. Esa fuerza lo podría convertir en ganador y le daría el mandato para constituir un nuevo gobierno, enemigo de la membresía de Italia en la UE y del euro.

En algunos países emergentes, los gobernantes populistas se convirtieron en autócratas, como en Polonia y Hungría, donde socavan la cohesiónde la UE. En América Latina ocurrió un fenómeno similar en Venezuela, Nicaragua y Ecuador, con resultados indeseables para las libertades civiles y la iniciativa privada.

En Colombia existe ese riesgo, si no se restablece el crecimiento, no continúa la reducción de la pobreza, ni disminuye la inequidad. En tal caso, la mayoría de los electores, hastiada con la corrupción, podría inclinarse hacia un candidato populista.

De este modo, ahora que las perspectivas de la actividad económica mejoran alrededor del mundo, el populismo se convirtió en una amenaza que puede entorpecer el comercio, el crecimiento mundial y la estabilidad geopolítica.

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