| 7/25/2014 10:00:00 AM

Atrapados sin salida

La cuenta regresiva comenzó para el gobierno de Argentina, que tiene una semana para negociar con los ‘fondos buitre’ el pago de una deuda vencida, o de lo contrario entrará en default.

El fantasma del default –o cesación de pagos– sigue rondando al gobierno argentino. Después de dos meses de recibir malas noticias por parte de Thomas Griesa, –el juez de Nueva York encargado de dirimir el conflicto que desde hace una década libra el gobierno argentino contra un grupo de inversionistas que no quiso renegociar una deuda pendiente de pago desde 2001 y que en Argentina se les conoce como fondos buitre–, la sombra de la moratoria se cierne amenazante.

El último recurso fue fallado en contra de Argentina el pasado 22 de julio, cuando el juez Griesa rechazó una acción que buscaba descongelar el pago de US$539 millones a los inversionistas que sí aceptaron renegociar los bonos de deuda en 2005 y 2010 –con una rebaja de 70% sobre el valor original– y que permanecen en el Bank of New York Mellon desde el 30 de junio. El juez conminó al gobierno argentino a negociar con los ‘fondos buitre’. Pero este proceso debe darse antes del 30 de julio, cuando vence el plazo para pagar sin retrasos las deudas pendientes con los bonistas que sí renegociaron. El problema es que si el gobierno argentino acepta pagar los US$1.500 millones que exigen los fondos buitre, los demás bonistas podrían usar la cláusula Rufo –de derechos sobre futuras ofertas– y tendría que darles el mismo trato a todos los acreedores es decir, pagar la deuda plena con intereses.

El ministro de Economía argentino, Axel Kicillof, calcula que el costo de aplicar la cláusula Rufo podría representarle al país más de US$120.000 millones, una cifra inviable. Por eso ha insistido ante el juez Griesa en la inconveniencia de negociar este año con los ‘fondos buitre’.

Los ‘fondos buitre’ exigen el pago de US$1.500 millones por una deuda que inicialmente costaba US$85 millones, pero sobre la cual exigen el pago de millonarios intereses de mora.

Aunque la presidente Cristina Fernández insiste en que su país no llegará al default pues el dinero para los bonistas ya está girado a los bancos en Estados Unidos, la cuenta regresiva de cara al 30 de julio ya comenzó.

Nadie espera que el gobierno argentino caiga en default, pues el golpe se sentiría no solo en la economía doméstica sino además podría tener un efecto dominó que minaría la confianza de los inversionistas internacionales en los mercados emergentes. Pero el impacto doméstico también sería de grandes dimensiones.

Para el sitio web Apertura.com, especializado en temas de economía argentina, cinco serían los efectos más nefastos de un posible default.

MAYOR VOLATILIDAD. El descuadre de los mercados y la profundización en la brecha entre el dólar oficial y el paralelo resultan inminentes. En los mercados se esperan alzas y bajas pronunciadas de las acciones, que se verían alteradas por un escenario de menor confianza. En cuanto al dólar, este escasearía aún más frente a una expectativa de aumento de compra de divisas por parte de los inversionistas argentinos interesados en cubrirse. El martes 22 los bonos cayeron 3,6%.

¿HACIA LA RECESIÓN?
Este impacto parece inminente, así como una mayor presión sobre la inflación. A esto se sumaría el impacto en las relaciones bilaterales que podrían afectar el comercio exterior, pues los titulares de bonos impagos podrían presionar a sus gobiernos a bloquear las compras de productos argentinos en retaliación.

BLOQUEO FINANCIERO.
El freno a los flujos de crédito internacional ya se siente y podría aumentar ante la menor confianza. La falta de recursos frescos impactaría, por ejemplo, la compra de energía, que Argentina hace en dólares. El menor financiamiento afectaría además a los gobiernos regionales, generando presiones sobre el pago, por ejemplo, de los salarios a los empleados públicos.

DESBALANCE FISCAL.
Los recortes resultarían inminentes y esto obligaría al gobierno a reducir el tamaño de su gasto público e, incluso, del destinado a la inversión, generando una espiral que podría desacelerar aún más la economía.

PEOR EL REMEDIO. Hay quienes insisten en que dejar que las cosas avancen hasta un default puede resultar “un remedio peor que la enfermedad”, pues el esfuerzo y los gastos en que tendrá que incurrir el gobierno para renegociar con los fondos buitre pueden resultar más costosos de lo que le resulta pagar la deuda vigente.

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Solidaridad


La reciente cumbre de los países Brics –Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica– que se cumplió a mediados de julio en Brasil, sirvió para hacer oficial el espaldarazo a la presidente Cristina Fernández de Kirchner. En el marco de la reunión, los gobernantes Brics, junto con los de Unasur, rechazaron las ambiciones de los ‘fondos buitre’ de millonarias indemnizaciones y que han puesto contra las cuerdas al gobierno argentino.

Sin embargo, el mensaje de solidaridad no pasa de ser una palmadita en la espalda, pues ni los pronunciamientos de los gobernantes harán cambiar la decisión del juez, y mucho menos harán una cruzada para financiar los pagos pendientes.
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