| 10/31/2014 2:45:00 PM

Para dónde vamos

Tratando de predecir el rumbo de los mercados, Citi y la U. de Oxford identificaron los movimientos que van a cambiar la forma como se produce el PIB global.

Saber para dónde van la economía y los mercados es uno de los sueños de los analistas, que constantemente están buscando señales indicativas de la mejor forma de hacer sus predicciones. De esta tendencia no se escapan ni el Citi Group ni la Escuela Martin de Oxford, que pertenece a la universidad del mismo nombre y que se dedica a proponer políticas para un futuro sostenible e incluyente.

Las dos entidades acaban de publicar el estudio Future Opportunities, Future Shocks: Key Trends Shaping the Global Economy and Society (Futuras oportunidades, choques futuros: las tendencias claves que le están dando forma a la economía global y a la sociedad), el cual busca identificar los cambios que van a sacudir el orden global en las próximas décadas.

El portal Business Insider publicó un resumen del estudio y asegura que detectar los cambios del mundo debe ser una virtud de los inversionistas que constantemente buscan países y sectores para hacer rendir su dinero.

“Hace 20 años, menos de tres millones de personas tenían acceso a internet, hoy son 2.500 millones. A los ratones les pueden crecer oídos humanos; los robots ensamblan carros y las armas se pueden fabricar con una impresora 3-D”, escribe Andrew Pitt, del Citi y uno de los autores del informe. Y agrega que en un mundo turbulento como el actual, el conocimiento ayudará a capotear los vientos y aguantar la tormenta. Falta ver qué tan precisas son sus profecías.

Autoridades desactualizadas.
Las instituciones
globales, como la ONU o el FMI, fueron creadas en otra época y no se han adaptado al nuevo orden mundial. Cuando la ONU nació en 1945, el PIB mundial era de US$7 billones y había una población de 2.500 millones. Hoy, el PIB mundial es de US$71 billones y hay casi 7.000 millones de personas. Prueba de la ineficacia de estas instituciones son los esfuerzos fallidos para enfrentar el cambio climático. Aunque existe un acuerdo sobre su gravedad, reuniones como Río+20 han tenido un mínimo progreso.

Multinacionales con más riesgos.
Debido a que el mundo
está tan interconectado, las empresas realizan la manufactura de sus piezas en varios países. En consecuencia, las catástrofes naturales ponen a las cadenas de suministro en riesgo, por no hablar de la economía global. Eso ocurrió con las lluvias que azotaron a Tailandia en 2011, obligando al cierre de muchas fábricas locales dedicadas a manufacturar discos duros. Esto redujo la producción global de dichos artículos en 28% y frenó la de notebooks, grabadoras y otros dispositivos digitales. Las ganancias de Intel cayeron en US$1.000 millones en el cuarto trimestre de ese año y el total de pérdidas atribuidas a las inundaciones fue de US$45.700 millones, lo que es igual al PIB de Kenia.

El mundo cada vez está más integrado.
Los aranceles han bajando
en los cinco continentes, lo que ha fomentado el comercio y la inversión extranjera. Las fronteras son más permeables y los medios están globalizados.

Emergentes, líderes del consumo.
Para 2030 se espera
que la economía mundial se duplique. Y para 2050 se prevé que se duplique de nuevo, según los cálculos de la Ocde. Esta expansión no se verá impulsada por el crecimiento demográfico sino por el mayor consumo de los países emergentes, que se están poniendo al día frente a las naciones más avanzadas. Y los protagonistas serán India y China.

La tecnología mandará en los mercados.
No se trata de la tecnología
derivada de internet móvil, sino de la nanotecnología, los avances genéticos y la impresión en 3-D, los cuales están realmente impactando la sociedad y, con ella, a la economía. Se estima que hoy el mercado de la impresión en 3-D es de unos US$2.000 millones y los analistas del Citi lo calculan en US$12.500 millones para 2021. Esta técnica permite que los productos puedan ser hechos a la medida y de una forma más barata.

Cada vez hay más ancianos.
En 1950 la población mundial
de mayores de 60 años era de 200 millones. Para 2050 se espera que sean 2.000 millones y esto implica que se requerirán más recursos para financiar a los adultos mayores. La edad de jubilación se va a convertir en un tema cada día más relevante pues, por ejemplo, la esperanza de vida de un griego es de 78 años, pero se jubila a los 57. Esto implica que la pensión le debe durar 21 años y si no le alcanza, será el Gobierno el que responda.
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