| 8/29/2012 6:00:00 PM

Obamanomics

Las propuestas económicas serán las que elijan al nuevo presidente de Estados Unidos. Por eso llueven las críticas –y las alabanzas– a la agenda que en ese frente ha impulsado Obama. La suerte está echada.

Una imagen con la foto de Ronald Reagan y Barack Obama circula hoy de manera viral en las redes sociales. Bajo la imagen de Reagan se lee Start a million dollar business in your parents garage (comience un negocio de un millón de dólares en el garaje de sus padres) y bajo la de Obama reza Live in your parents garage (viva en el garaje de sus padres).

Con esta analogía no solo se busca criticar al presidente Obama en plena campaña electoral, sino poner en evidencia lo que para muchos es el principal problema del actual mandatario: su política económica que, coloquialmente –y en especial entre sus contradictores–, se conoce como Obamanomics.

El término se ha empleado para describir las políticas fiscales de mandatarios anteriores, tales como Reaganomics y Bushonomics, pero, a diferencia de ellos, Obama tiene la desventaja de la creciente popularidad de medios como internet y sus redes sociales –como Twitter–, a través de los cuales la gente achaca a Obamanomics el desempleo, el aumento de la deuda externa, la caída en los ingresos promedio y hasta la baja en la taquilla del cine durante el verano. En general, Obamanomics es culpable de todas las noticias negativas en la primera economía mundial.

Gabriel Sánchez Zinny, director gerente de la consultora Blue Star Strategies y columnista del Huffington Post, explica que justamente por estar relacionado con las críticas, hay mucha discusión sobre qué es Obamanomics, término que incluye temas económicos y de política exterior. “En el caso del Reaganomics no empezó en 1980 cuando fue elegido, sino cuando se acuñaron varias de sus reformas. Para Obama, aún no están en firme todas sus reformas, lo que hace que el término siga siendo confuso”.

No obstante, dice que hay algunos temas recurrentes en la agenda del actual mandatario que se pueden entender como su doctrina, entre ellos, el concepto de un Estado más solidario y, por ende, con más intervención en la economía. También se ha caracterizado por culpar al sector privado (en particular al financiero) de ser el responsable de la crisis y no a la falta de regulación.

“A eso se suma, por ejemplo, la promoción de las exportaciones, creando una entidad, por primera vez en muchos años, que se dedica a que vendan más en el exterior y a su concepto de que las iniciativas privadas siempre son exitosas gracias al Estado (que provee infraestructura, justicia, etc.)”, agrega Sánchez Zinny.

De hecho, esa idea de Estado le ha salido cara a Obama, quien en un discurso electoral el pasado julio en Virginia, dijo que los grandes empresarios no han logrado su éxito solo porque trabajan mucho o tienen buenas ideas, sino porque existe un sistema estatal que los ha apoyado y dijo la frase: you didn’t built that (ustedes no construyeron eso).

Inmediatamente sus opositores se rasgaron las vestiduras, asegurando que la frase viola la idea del individualismo americano, sobre la que han basado gran parte de su progreso.

Anticapitalista


Las críticas a Obamanomics llueven de todos lados. Stephen Moore, columnista del Wall Street Journal, escribió el 31 de julio –fecha en la que se cumplían 100 años del natalicio del economista Milton Friedman–: afortunadamente este no vivió lo suficiente para presenciar las ideas de Estado grande y fuerte de la actual administración.

“Más triste es aún pensar que nuestro actual presidente, quien asistió a la Universidad de Chicago, donde enseñó durante décadas Friedman, no cayó bajo la influencia del más grande pensador del libre mercado. Imagínense lo distinto que habría sido hoy nuestro país”, sostiene Moore y agrega que en la década de 1960, Friedman explicó que no hay almuerzo gratis y si el gobierno gasta un dólar, ese dólar tiene que venir de productores y trabajadores privados. “Sin embargo, todo indica que Obamanomics puede ser el experimento más caro en la historia estadounidense que ratifique que no hay almuerzo gratis”.

Pero, así como los opositores del primer mandatario han usado sus ideas económicas como caballito de batalla electoral, sus defensores le han salido al paso mostrando que Obamanomics sí ha servido. Un artículo publicado en la revista The Atlantic asegura que con la ley de estímulo económico (aprobada en febrero de 2009) el desempleo disminuyó de 9,3% ese año a 8,2% en junio pasado.
No obstante, en la publicación aclaran que ni Obama, ni su antecesor George W. Bush, ni ningún otro presidente son responsables únicos del desempeño de la economía durante su mandato, pues no tienen el control absoluto de todas las capas políticas, ni de lo que sucede fuera del país, lo que lleva a ciclos al alza y a la baja.

Con la misma moneda


Otra respuesta de los aliados de Obama ante la arremetida de críticas a su política económica ha sido comenzar a hablar de Ryanomics, para referirse a la doctrina de la fórmula vicepresidencial republicana, el recientemente elegido Paul Ryan.

Se espera que Ryan sea quien aporte las propuestas económicas, pues hasta ahora las del candidato Mitt Romney han sido muy criticadas. Pero, ideas de Ryan como reducir los impuestos a los ricos y a las corporaciones, recortar el gasto en salud (Medicaid) y otros temas sociales han sido blanco de duras descalificaciones. Una de ellas del premio Nobel de economía, Paul Krugman, quien sostuvo que Ryan y sus ideas son una estafa y que en vez de reducir el déficit lo van a aumentar.

Sea como sea, serán los votantes estadounidenses quienes en noviembre decidan si prefieren Obamanomics o Ryanomics pues, en definitiva, las promesas económicas serán las que elegirán al presidente número 45 de Estados Unidos.

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