| 7/12/2014 7:15:00 AM

Más bandazos

A partir de agosto, el gobierno de Nicolás Maduro adoptaría un nuevo esquema de control cambiario. Crecen los rumores sobre una nueva ‘mega-devaluación’.

Semanas de vértigo vienen para el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Como si durante los últimos quince meses no hubiera tenido que sortear suficientes tensiones –se posesionó en abril de 2013 como sucesor de Hugo Chávez–, lo que se espera para los próximos días podría generar un nuevo cimbronazo en la economía y la política del vecino país.

Dos hechos marcados en la agenda del mandatario para las próximas semanas podrían cambiar el escenariode su país. Primero, el Congreso del Psuv (Partido Socialista Unido de Venezuela) previsto del 26 al 28 de julio, donde el presidente tendrá que ratificar el liderazgo dentro de su partido.

Ya se anticipa que en el encuentro aflorarán las luchas intestinas que enfrentan a los seguidores del chavismo, divididos entre pragmáticos y radicales, y cuyas diferencias se han agudizado por críticas recientes sobre la “falta de liderazgo” que unos le achacan a Maduro y las denuncias del mandatario sobre actos de corrupción cometidos por algunos de sus copartidarios.

El segundo, y quizás el tema más fuerte para Maduro, tiene que ver con lo que en Venezuela se ha dado en llamar el ‘paquetazo económico’; es decir, el conjunto de medidas económicas que estudia el gobierno y cuyas primeras puntadas se conocieron a mediados de junio, cuando salió el Ministro de Planificación, Jorge Giordani, en medio de una fuerte polémica.

En ese momento Maduro anunció cambios radicales en el programa económico de su gobierno que dieron origen a fuertes críticas por parte de Giordani, quien durante 15 años fue el cerebro económico del proyecto socialista de Chávez y el hombre detrás de medidas tan controversiales como la política de expropiación de empresas, la estatización de la economía, el control de cambios y el control de precios.

El remezón anunciado ha desatado todo tipo de rumores que van desde teorías sobre mega-devaluaciones hasta cambios en el modelo económico. Pero la única versión oficial que se conoce hasta ahora la dio el domingo 6 de julio el ministro de Petróleos, Rafael Ramírez, quien en una entrevista a Venezolana de Televisión aseguró que “el gobierno trabaja en lograr una convergencia cambiaria”, que ha sido el tema medular en la economía venezola.

El ministro Ramírez es el hombre fuerte del área económica, como quiera que funge además como presidente de la poderosa petrolera estatal Pdvsa y como vicepresidente del Área Económica. Por eso muchos se preguntan hoy el verdadero alcance de las palabras del funcionario.

Como ha sido costumbre en los últimos quince años el secretismo oficial sigue siendo la regla. Sin embargo, algunos funcionarios de rango medio han dicho que el gobierno estudia tres tipos de medidas económicas: las que apuntan a un recorte del gasto público –que sigue desbordado en 2014, pese a que no es un año electoral, y mantiene un déficit fiscal superior a 15% del PIB–; el recorte a los subsidios, que en Venezuela y en los países aliados se dan a manos llenas; y, en tercer lugar, una devaluación para reducir el desequilibrio fiscal y controlar la desbordada inflación, que a mayo alcanzó una tasa anualizada de 60%.

En materia cambiaria, el diario El Universal ha dicho que el gobierno se inclina por volver a un esquema de bandas y eliminar el complejo esquema actual –modificado hace un año–, con tres tipos de cambio oficial: el Cencoex, a 6,30 bolívares por dólar, el Sicad I, a 10,6 bolívares, y el Sicad II, a unos 50 bolívares. A estos se suma al negro, cuyo valor ya supera los 60 bolívares.

Este esquema le daría mayor flexibilidad al sistema cambiario –aunque permanecería el control– pues fijaría un piso y un techo en el que oscilaría la divisa. Su mayor atributo es que podría llevar al bolívar a un precio mucho más real que el actual, caracterizado por una excesiva sobrevaluación. El esquema de bandas le permitiría al Banco Central de Venezuela maniobrar y evitar picos abruptos al alza o a la baja, y a Pdvsa mejorar su flujo de caja, ya que actualmente todos sus dólares los debe vender a la tasa Cencoex, lo que limita su capacidad de inversión.

Pero no se descarta que el gobierno mantenga un esquema de cambio fijo para todas las operaciones, a una tasa de 25 bolívares por divisa, y eliminando el esquema actual. En este caso habría una ‘mega-devaluación’ frente a la actual tasa Cencoex, de 6,30, pues multiplicaría por tres el valor actual en bolívares.

En los dos casos, el gobierno estaría aplicando una devaluación para empezar a corregir los desbarajustes de su economía, que registra una situación crítica que ha llevado a tasas de inflación superiores a 60% y una caída en su economía.

Para los venezolanos, el impacto de la devaluación se sentirá con rigor en los precios de los productos, que podrían tener un primer momento de alzas, pero en el mediano plazo se estabilizarían luego de que haya un ‘sinceramiento’ de la economía. Al fin y al cabo, hoy muchos de los productos que se venden en Venezuela son importados a precios de dólar negro.

Pero, quizás la mayor preocupación se centra en la disponibilidad de divisas. Aunque el gobierno se ha beneficiado de varios años con precios del petróleo altos –hasta el 7 de julio el barril de petróleo de la cesta venezolana se cotizaba a US$98, mientras el presupuesto del país lo calculó a US$60– el abultado endeudamiento y el gasto desbordado han reducido sustancialmente el volumen de divisas disponibles para importar bienes básicos para los venezolanos, en una economía donde 70% de lo que se consume es importado. Las alarmas se han encendido frente a las reservas internacionales, que a finales de junio alcanzaban los US$20.691 millones, cuando dos años atrás llegaban casi al doble.

Los empresarios agremiados en Fedecámaras han dicho que los anuncios de rectificación de las políticas económicas que ha hecho Maduro todavía no se concretan y se quejan de que lo peor del modelo socialista lo ha tenido que padecer el sector productivo, pues tres lustros de gobierno chavista estimularon la importación y centralización de la economía, en desmedro de la producción local.

Para completar este complejo escenario, los pronósticos de los expertos no son alentadores en materia de crecimiento. Barclays tiene un pronóstico para la economía venezolana que apunta a una caída de 2,9% y una inflación superior a 63% este año; Fitch cree que el PIB caerá 1% y la inflación estará arriba de 50%, mientras que el Fondo Monetario Internacional pronostica una caída en la economía de 0,5%. Ecoanalítica, una de las entidades de análisis económico en Venezuela, ya ha dicho que la economía podría tener un comportamiento negativo de 1% y una inflación superior a 70%.

Nadie quiere estar por estos días en los zapatos del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. De las decisiones que adopte en los próximos días dependerá que el país comience a salir del abismo económico en que se encuentra, o que sus días en el gobierno estén contados.
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