| 2/21/2014 3:35:00 PM

El pibe de Cristina

El polémico Ministro de Hacienda argentino intenta enderezar la economía de su país, recuperar la credibilidad y reestructurar las deudas del default de 2001.

Con una devaluación de 19% en lo corrido de este año y una desaceleración esperada del PIB, que pasará de crecer 4,7% en 2013 a 1,7% en 2014, el ministro de Economía y Finanzas de ese país, Axel Kicillof, no luce preocupado.

Tampoco se inmuta por la carátula de la revista The Economist del 15 de febrero que asegura que Argentina lleva un siglo decayendo, tras ser una economía muy promisoria, y mucho menos lo inquieta la nota en The Wall Street Journal, titulada El derrumbe de la economía argentina, sobre el desastroso panorama económico.

Su tranquilidad radica en que está convencido de que Argentina disfruta de un comercio exterior superavitario, vencimientos de deuda razonables, una política monetaria predecible y un contexto internacional que mejora. De hecho, ha asegurado que las últimas convulsiones cambiarias son culpa de “operaciones especulativas que pretenden desestabilizar al gobierno”.

Con 42 años y apenas tres meses en el cargo, Kicillof se ha convertido en una de las estrellas del segundo mandado de Cristina Fernández de Kirchner, pues cada vez adquiere más poder dentro de la administración, al punto que el diario The New York Times le hizo un perfil calificándolo como el ministro más influyente de Argentina.

Este economista, graduado con honores de la Universidad de Buenos Aires, donde cursó su doctorado y fue profesor, comenzó su carrera en el Estado en 2011, cuando fue designado subgerente general de Aerolíneas Argentinas. Al inicio del segundo periodo de la Kirchner, entró al Ministerio de Economía, donde adquirió notoriedad al impulsar en abril de 2012 la expropiación de 51% de las acciones de la española Repsol en la petrolera YPF.

Es amigo personal de Máximo Kirchner, el hijo de la Presidente, y se dice que desde que era viceministro de Economía goza de gran poder, en ocasiones por encima de varios directores de otras carteras. Esto gracias a que tenía y sigue teniendo acceso directo a la presidente. La prensa argentina dice que la tiene “encandilada”.

Si bien Kicillof defiende la idea de un estado fuerte y promueve teorías marxistas, también intenta mejorar las relaciones con Repsol para el pago de una indemnización, además busca apaciguar al Fondo Monetario Internacional, que censuró al país en 2013 por la imprecisión de sus estadísticas económicas. Como resultado, están estrenado un índice de inflación, que fue aplaudido dentro y fuera del país, pues sincera los datos.

Kicillof también busca recuperar la credibilidad internacional de su país y una prueba de fuego será la apelación que hará frente a la Corte Suprema de Estados Unidos por el pleito que los obliga a pagar US$1.500 millones a los fondos buitre a causa del default de 2001, cuando no cancelaron US$20.000 millones. Su idea es resolver este problema entre mayo y octubre de este año, llegando a un acuerdo de pagos. Si sus planes funcionan y Argentina recupera su economía y el esplendor del pasado, pasará de ser estrella a consagrarse como un verdadero salvador.

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