| 6/8/2017 12:01:00 AM

Así es como las medidas de Trump favorecen a grandes corporaciones

Las medidas de la administración Trump algunas veces son pragmáticas y otras doctrinarias, pero favorecen con frecuencia a las grandes corporaciones.

El balance de los primeros cuatro meses de gobierno del presidente Trump permite despejar incógnitas sobre la dirección de su administración. En las políticas de comercio internacional y relaciones exteriores abandonó algunas propuestas radicales hechas durante la campaña. En estos casos prevaleció el pragmatismo. En contraste, en las políticas internas y ambientales concretó otras promesas extremas. En este campo prevalecieron las posiciones doctrinarias frente a los argumentos técnicos.

En el comercio exterior, aparte del retiro del acuerdo transpacífico (TPP), hasta ahora se ha impuesto la razón. En lo que se refiere a China, en repetidas oportunidades durante la campaña la increpó por manipular su moneda con el fin de generar un monumental superávit en su favor. Por ello afirmó que cuando se posesionara haría efectiva esa acusación, para tomar medidas en su contra.

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Sin embargo, el Departamento del Tesoro concluyó que China no manipula la tasa de cambio. Por tanto la retaliación no ocurrió. Quizá la amenaza ayudó a que ese país abriera su mercado a la carne y a varios servicios financieros provistos por Estados Unidos.

Algo similar ocurrió con sus advertencias de terminar la participación de los Estados Unidos en el tratado norteamericano de libre comercio (Nafta). El temor a la disolución del acuerdo condujo a una renegociación, que quizá permita un acceso más favorable de Estados Unidos a los mercados de Canadá y México.

Como resultado de ello, el déficit de los Estados Unidos con China, México y Canadá podría disminuir, sin una guerra comercial. No obstante, como argumenta Martin Feldstein, su déficit total no caerá de una manera apreciable, porque surge de la diferencia entre el ahorro y la inversión de la economía estadounidense. De manera que el descenso del desbalance con esos países será compensado por el aumento de los déficits o la disminución de los superávits con otros.

Tal vez para conseguir la apertura de los mercados chinos, en contraprestación el gobierno del presidente Trump renovó el compromiso de sus antecesores de mantener la política de una sola China. Con ello dio un giro en lo que parecía la intención de tratar a Taiwán como un país independiente.

Foto: El incumplimiento de las metas de reducción de emisión de gases de efecto invernadero en los Estados Unidos podría tener efectos desastrosos sobre el cambio climático.

La grandilocuencia en contra del apoyo militar norteamericano a Corea y Japón, que tuvo como candidato durante la campaña, también desapareció con la reiteración del respaldo a esos países que hizo el secretario de defensa, James Mattis.

Sus advertencias de reducir el gasto militar en Europa por el incumplimiento del compromiso con los países de la Otan de asignar 2% del PIB a la defensa, junto con sus críticas sobre su poca disposición de acompañar a los Estados Unidos en la lucha contra el Estado Islámico, lograron que tomaran más en serio esas exigencias. Luego, en el proyecto de presupuesto, en contra de sus amenazas, el gobierno de Trump propuso asignar mayores fondos a ese rubro.

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Con el anuncio del retiro de su país del acuerdo de París sobre cambio climático, el presidente Trump parece poner en marcha la misma estrategia, con el propósito de buscar una posición más ventajosa para los Estados Unidos. Esa decisión es el punto de partida de un proceso que no terminará antes de 2020, cuando acaba su mandato. Por fortuna, mientras tanto 24 ciudades, 30 estados y 250 grandes compañías han adoptado metas incluso más exigentes que las del acuerdo. Quizá para entonces se hayan podido concertar unos compromisos menos exigentes para Estados Unidos, que eviten concretar el abandono. Sin embargo, un descenso en el objetivo de reducción de la emisión de gases de invernadero para el segundo país más contaminador del mundo –entre 26% y 28% de la magnitud que tenía en 2005–, no le haría bien al medio ambiente. Además, con esa posición intransigente Estados Unidos cede el liderazgo y dificulta la cooperación internacional en otros frentes.

En el ámbito doméstico las propuestas económicas de la administración Trump parecen respaldadas más por argumentos doctrinarios que por criterios técnicos.

El proyecto de presupuesto supone una tasa de crecimiento estable de la economía muy alta para los próximos diez años (3% anual). Gracias a ella, la rebaja de impuestos y el incremento del gasto en defensa e infraestructura serían compensados por los ingresos provistos por la expansión de la actividad económica. Por tal motivo, en sus proyecciones el déficit no aumenta, de manera que no conduce a la elevación de la deuda pública, que disminuye de 108% a 80% del PIB en la década.

Sin embargo, según Carmen Reinhart y Larry Summers, ese dinámico ritmo de expansión de la economía es inconsistente con las tendencias de lento incremento de la productividad, la población y la fuerza de trabajo, que junto con la baja participación laboral han minado su capacidad de crecimiento. Las proyecciones también asumen unas bajas tasas de interés, que mantienen moderado el servicio de la deuda, de modo que ayudan a que el déficit no se incremente.

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Por eso, con unos supuestos menos optimistas que los del gobierno, ese presupuesto implicaría unos déficits de alrededor de 2% del PIB, con los cuales la deuda permanecería constante en lugar de reducirse. Si se utilizaran unas tasas de interés más elevadas, los déficits y la deuda aumentarían.

De forma paralela, con el fin de balancear los recortes de impuestos a los ciudadanos de mayores ingresos y a las firmas, como advierte Jeffrey Sachs, el proyecto de presupuesto hace unos recortes en el gasto que lesionan la equidad. Ese es el caso de las propuestas sobre las asignaciones para los seguros de salud y el desmantelamiento del sistema de salud de la administración Obama (Obamacare), el programa de asistencia nutricional suplementaria, los de ayuda a los países menos desarrollados, los aportes a las Naciones Unidas y la inversión en ciencia y tecnología.

De este modo, las medidas económicas que en el ámbito doméstico está tratando de implementar la administración Trump, junto con su desregulación del medio ambiente, la energía y los servicios financieros, son un favorecimiento de los intereses de las grandes corporaciones, en contra de los de la ciudadanía estadounidense, sin importar que también desfavorezcan a su electorado y al resto del mundo. Con ello atenta contra el orden liberal y el sistema multilateral de gobernanza global imperante desde el final de la segunda guerra mundial.

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