| 12/11/2013 12:00:00 PM

De mal en peor

Enrique Peña, presidente de México. Con el apoyo de los partidos de oposición, y a instancias de un inédito Pacto por México, el presidente Enrique Peña Nieto logró aprobar ambiciosas reformas. Pero algunos ya le están pasando la cuenta de cobro.

Los mediocres resultados en economía y seguridad tienen al presidente contra las cuerdas y con baja popularidad. Las reformas no han sido suficientes.

No son buenos tiempos los que vive por estos días el presidente mexicano Enrique Peña Nieto. Al completar su primer año de gobierno los resultados son agridulces para el gobernante, que arrancó con ímpetu y generó expectativas de cambio, pero hoy pasa por una crisis con su electorado.

Dos cifras lo dicen todo: la economía crecerá este año un tímido 1,3%, cuando el gobierno esperaba más de 3%, y la inseguridad no da tregua: 1.500 secuestros hasta la primera semana de diciembre. A esto se suman el crecimiento sin precedentes de la extorsión y pocos resultados que ve la oposición en la lucha contra el narcotráfico, pese a que el gobierno aumentó en 50% el pie de fuerza para combatir este ilícito.

Este conjunto de hechos tiene al mandatario con una aprobación de apenas 49%, según encuestadoras.

El desgaste en la imagen de Peña Nieto es evidente y su causa no es otra que la gran pugna política que ha tenido que lidiar a lo largo del año. Paradójicamente, el arranque acelerado que tuvo al lanzar el Pacto por México, una iniciativa inédita que contó con el apoyo de los partidos de oposición –el PAN y el PRD– presagiaba grandes triunfos.

El Pacto buscaba concertar y aprobar con los partidos de oposición las ambiciosas reformas. Pero, aunque ya varias están aprobadas, algunas se están quedando solo en el papel, otras no funcionan o tienen el rechazo popular.

A instancias del Pacto por México, este año el mandatario logró aprobar las reformas a la educación, laboral, de telecomunicaciones, fiscal y política. Pero, las fuertes discusiones generaron fricciones. La gota que rebosó la copa cayó el pasado 28 de noviembre, cuando el partido de oposición, PRD, se retiró luego de rechazar la reforma energética presentada en agosto y que comenzó a discutirse el 7 de diciembre.

La iniciativa contempla que la petrolera estatal Pemex pueda abrirse al capital extranjero, reformando tres de los artículos de la Constitución. Pemex enfrenta una reducción de 30% en su producción y crece el temor de que el país tenga que importar energéticos, según el diario El Economista.

Andrés Manuel López Obrador, uno de los líderes de la oposición, le dijo a CNN que el presidente estaría incurriendo en el delito de “traición a la patria” al permitir la participación de privados en el negocio petrolero.

Al cierre de esta edición, el Congreso mexicano avanzaba en la discusión de la reforma, en medio de una fuerte controversia política y social. En los últimos días aumentaron las marchas de maestros que rechazan la reforma educativa y de colectivos que reivindican derechos humanos.

Aunque para muchos Peña Nieto pasará a la historia como uno de los grandes reformadores de México, por ahora el bache de popularidad no está dejando ver el bosque de las grandes transformaciones.
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