| 5/25/2017 12:01:00 AM

Francia: Macron le dará otra oportunidad a la Unión Europea

El triunfo de Macron constituye una oportunidad para mejorar el bienestar de los franceses y enmendar las fallas de la Unión Europea. ¿Cómo se propone lograrlo?

La elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia es una oportunidad para devolverles la confianza a sus ciudadanos. También brinda la posibilidad de corregir las fallas institucionales de la Unión Europea (UE) y conquistar el entusiasmo de los jóvenes que la rechazan.

Sin embargo, esas tareas no son fáciles. Francia está dividida de una manera profunda entre los partidarios de una sociedad liberal y abierta, amigos de la integración europea y de la globalización, y los que prefieren una conservadora y cerrada, enemigos de la libre movilidad de los bienes y los factores.

Para responder al desencanto de los franceses con los políticos, Macron propone mecanismos estrictos de rendición de cuentas, una financiación transparente de los partidos, erradicar el nepotismo, reducir en una tercera parte los parlamentarios y evitar que obtengan pensiones desmesuradas.

Con el fin de mejorar el bienestar de la población, debe buscar la manera de reducir el desempleo, aumentar la eficiencia de los mercados, aligerar la carga tributaria y regulatoria para las empresas y subsanar las consecuencias adversas de la globalización y la integración en la UE.

Sus estrategias para estimular la actividad económica incluyen un mayor gasto público en infraestructura, digitalización y energía limpia, que mejorarían la capacidad de crecimiento de la economía.

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Con el propósito de llevar a cabo sus propuestas, el nuevo gobierno requiere el apoyo de la mayoría de la Asamblea Nacional (AN). Conseguirlo en las elecciones del mes entrante será difícil. Según las encuestas, el movimiento ¡La República en Marcha!, creado por el presidente para llevar a sus partidarios a la AN, obtendrá el mayor número de parlamentarios, pero no la mayoría absoluta. Los Republicanos serían la segunda fuerza, por lo cual Macron nombró como primer ministro a Édouard Philipp, miembro de este partido. Esa alianza le dará al Gobierno cerca de la mitad del parlamento. El opositor Frente Nacional, de Marine Le Pen, tendría una quinta parte. El resto, cerca de un tercio, corresponderá a los partidos Socialista, Verde, Comunista, Francia Insumisa y otros pequeños.

Algunas de las reformas planteadas, como la de hacer eficientes los mercados, tendrán una fuerte resistencia, que ocasionará manifestaciones y huelgas, como es tradicional en Francia.

Macron también necesita convencer al gobierno alemán de reformar la Zona del Euro (ZE), de modo que se pueda promover de forma más eficaz la actividad económica. Con este propósito propone que la ZE adopte una estructura más federal, por medio de la introducción de un presupuesto conjunto para la provisión de los bienes públicos, administrado por un ministro de hacienda y economía que le rinda cuentas al parlamento. También plantea una coordinación de los regímenes tributarios y los controles fronterizos entre sus integrantes.

Además, Macron considera deseable que Alemania use la política fiscal para estimular su demanda interna, con el objetivo de reducir su amplio superávit en la cuenta corriente (8,6% del PIB en 2016), por medio de mayores importaciones, que ayudarían a promover la actividad económica en el resto de Europa.

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Las autoridades alemanas argumentan en contra que su economía está cerca del pleno empleo, por lo cual los estímulos a la demanda generarían inflación. De modo que, para promover el crecimiento en el resto de la UE de forma sostenible, sería mejor llevar a cabo reformas estructurales que aumenten la eficiencia de los mercados, la competitividad, la productividad y la capacidad de crecimiento de sus economías.

No obstante, como Alemania tiene un superávit fiscal y sus ciudadanos una alta propensión al ahorro, debido al envejecimiento de su población, podría más bien aumentar su crecimiento potencial, por medio de un mayor gasto público en infraestructura y en educación. Con ello estimularía su demanda interna en el corto plazo, al tiempo que mejoraría su productividad, la remuneración de sus factores y el bienestar de su población en el largo plazo.

A pesar de que la victoria de Macron evita la desintegración de la UE, abre la oportunidad de reformar sus instituciones, salva del colapso al euro y disminuye el riesgo político que lo debilita, no impedirá que se deprecie en el mediano plazo frente al dólar de los Estados Unidos. No puede hacerlo porque no modificará la divergencia entre las posturas monetarias de la Reserva Federal (FED) y el Banco Central Europeo (BCE), que fortalece el dólar frente al euro.

En la medida en que la economía de los Estados Unidos se aproxima al pleno empleo y su política fiscal se tornará estimulante, gracias a la rebaja de impuestos y la expansión del gasto en infraestructura propuestos por el Gobierno, se generará un exceso de demanda que presionará la inflación al alza. En consecuencia, para anclar las expectativas y morigerar la demanda, con el fin de evitar un aumento desmesurado de los precios, la FED deberá apresurar el tránsito a la normalidad monetaria, por medio de un repliegue más rápido de su balance y un aumento más apresurado de su meta para la tasa de interés.

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En contraste, la debilidad de la inflación y del crecimiento en la ZE obligará al BCE a mantener la postura monetaria acomodaticia por un periodo más prolongado. De tal manera, se demorará más que la FED en normalizarla, por lo cual el repliegue de su balance y los incrementos de sus tasas de interés serán más lentos.

Como efecto de esa divergencia, las mayores tasas de interés en los Estados Unidos otorgan una rentabilidad más alta a los activos en dólares que a aquellos en euros. Por esta razón, la demanda por la divisa americana supera a la moneda común europea, lo cual aprecia a la primera divisa respecto de la segunda.

Sin embargo, si Macron tuviera éxito en aumentar la eficiencia de los mercados en su país y en mejorar la institucionalidad de la UE, el euro podría repuntar en el largo plazo. En ese caso, la actividad económica se aceleraría en esa región. Tarde o temprano se cerraría la brecha del producto y surgirían presiones inflacionarias, por lo cual el BCE estrecharía su postura monetaria. Las mayores tasas de interés mejorarían la rentabilidad de los activos en euros, lo cual tendería a apreciarlo.

Si el nuevo gobierno francés falla en llevar a cabo sus propuestas, el desencanto de los ciudadanos con el establecimiento, la globalización y la UE aumentará. Su frustración brindará otra oportunidad a los movimientos nacionalistas de extrema derecha para llegar al poder, retirar a sus países de la UE, abandonar el euro y cerrar sus economías.

Las amenazas para el régimen liberal que prevalece en occidente desde el fin de la segunda guerra mundial han cedido, pero todavía no se han desvanecido.

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