| 10/2/2013 6:00:00 PM

Lío de la Madonna

El juego político de Silvio Berlusconi alborotó los mercados europeos y puso contra las cuerdas al gobierno de Italia. Pero al final se retractó. ¿Una nueva locura del Cavalieri?

Cuando todos pensaban que los procesos judiciales contra el ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi lo tendrían apaciguado por un buen tiempo y pondrían en remojo sus ambiciones políticas, Il Cavalieri sorprendió con una nueva locura que puso a temblar a Italia por casi una semana.

En una decisión sin precedentes, el sábado 28 de septiembre Berlusconi les pidió a cinco integrantes de su partido, Pueblo de la Libertad (PDL), que fungen como ministros, que renunciaran a hacer parte del gobierno de coalición encabezado por el primer Ministro Enrico Letta. El anuncio provocó una crisis política de grandes dimensiones que impactó los mercados internacionales y puso en alerta a las autoridades de la Unión Europea. Sin embargo, a última hora Berlusconi reculó, desmontó la crisis y apoyó al gobierno.

El lunes los mercados de valores europeos habían sido arrastrados a la baja por las tensiones políticas en Italia, la cuarta economía de Europa, y el principal impacto se sintió en el mercado de deuda. La prima de riesgo sobre la deuda de Italia y España se disparó a niveles que no se veían desde hace varios meses.

Utilizando un tono populista, Berlusconi justificó su decisión al asegurar que no está dispuesto a apoyar un gobierno que pretende “gravar más al pueblo”, en alusión a una medida que debía entrar en vigencia el primero de octubre, y planteaba el aumento en el IVA de 21% a 22%.

Pero en el transfondo, las razones eran otras. Este viejo zorro de la política, en una jugada de ajedrez, buscaba aplazar una decisión que debía tomar un comité del Senado este viernes 4 de octubre, en torno a su expulsión del legislativo. Esto acabaría con su inmunidad parlamentaria. Según un análisis de la BBC, “Berlusconi no quería esto e instó a cinco ministros a abandonar sus puestos, con lo que destruyó la coalición”.

Con un gobierno descompuesto, la jugada parecía magistral para el polémico ex primer Ministro: podía distraer –por un par de días– la atención del Parlamento y aplazar una decisión que pudiera afectar sus ambiciones políticas y, al mismo tiempo, crear una crisis del gabinete que obligaría al gobierno a convocar nuevas elecciones.

Ante este caótico escenario, el primer ministro Letta convocó al parlamento para el miércoles 2 de octubre a fin de garantizar un voto de confianza hacia su gobierno en la adopción de medidas poco populares pero que resultan inaplazables, entre ellas el aumento del IVA. Días antes el presidente Giorgio Napolitano había pedido apoyar a Letta y algunos integrantes del PDL expresaron su rebeldía contra Berlusconi. Esto habría llevado a que, de manera hábil, Berlusconi decidiera dar marcha atrás y el miércoles, ante la sorpresa de todos, entregó su voto de confianza al gobierno.

El secretario del PDL y ministro del gabinete de Letta, Angelino Alfano, dijo el lunes que no dimitiría y que lo apoyaría un voto de confianza. En un claro desafío a su jefe político, Alfano aseguró: “sigo firmemente convencido de que todo nuestro partido mañana tiene que votar la confianza a Letta. No hay ni grupos ni grupitos”. Quienes conocen a Berlusconi, entienden como una afrenta las declaraciones de Alfano, pues es tradición que en el partido sus órdenes no se refutan, simplemente se acatan.

Pero esta vez la situación le salió mal a Berlusconi. Algunas versiones de analistas políticos aseguraban el martes que en esta ocasión Berlusconi saldría derrotado, porque al menos 40 congresistas de su partido estaban dispuestos a darle su voto de confianza a Letta para evitar una nueva crisis política y una segura convocatoria a nuevas elecciones.

Alguien los mira
Aunque las locuras de Berlusconi han sido vistas por muchos de sus compatriotas como parte del pintoresco escenario político italiano, las tensiones en la Unión Europea están llegando a puntos de no retorno.

En declaraciones a Europa Press, Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Competencia, aseguró que hay preocupación y hastío por este tipo de decisiones adoptadas por políticos “que se creen más importantes que su propio país”.

El funcionario comunitario declaró que “Italia merece estabilidad política” y consideró que es hora de que el Parlamento italiano ratifique su confianza en Letta, quien tiene enormes desafíos para sacar al país del bache económico en que se encuentra.

Este escenario, que les genera estrés a los socios europeos, podría provocar nuevas tensiones de parte de los inversionistas y una sensación de gran inestabilidad económica en la tercera economía de Europa. Aunque por ahora no se espera una reprimenda pública por parte de los socios, la proximidad de una reunión de líderes de la UE hace pensar que este será uno de los temas de discusión. El novelón de Berlusconi todavía no termina.
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