| 2/5/2014 8:00:00 PM

Se agita Centroamérica

En Costa Rica y El Salvador eligen nuevos Presidentes, en medio de denuncias por la supuesta inversión venezolana en los comicios.

La política vuelve a agitarse en Centro-américa. Los comicios de Costa Rica y El Salvador son tema obligado desde el pasado 2 de febrero, cuando la primera vuelta no eligió presidentes.

En El Salvador, la segunda ronda será el 9 de marzo, y la disputarán el candidato oficialista –hasta hace poco vicepresidente– Salvador Sánchez Cerén, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y el exalcalde Norman Quijano, de la Alianza Republicana Nacionalista, Arena. Si gana Sánchez Cerén, se convertirá en el primer exguerrillero en llegar al cargo, luego de la firma de paz en 1992 que puso fin a 12 años de conflicto y cobró la vida de unas 75.000 personas.

El nuevo mandatario tendrá desafíos monumentales, como sacar la economía del estancamiento de casi una década –creció 1,9% en 2013–, reducir la pobreza que según el Pnud es de 40,7% y reducir la criminalidad, que alcanza los 6,8 homicidios diarios.

El proceso estuvo salpicado de denuncias, como la del exembajador Diego Sarria, quien dijo que el gobierno venezolano habría infiltrado las elecciones salvadoreñas girando dólares a manos llenas para mantener presidentes de izquierda aliados.

En Costa Rica, la elección del sucesor de Laura Chinchilla también ha generado tensiones. El 6 de abril se medirán Luis Guillermo Solís, del partido Acción Ciudadano, y un ‘palo’ de la izquierda –obtuvo la mayor votación– que asusta al empresariado tico, por un posible giro a la izquierda en la política. Solís irá a segunda vuelta con el oficialista Johnny Araya, del Partido de Liberación Nacional. Bajar el déficit fiscal de Costa Rica, que alcanza 5% del PIB, y resolver los problemas fiscales del sistema de salud serán los retos.

Más allá del alboroto político, lo que ahora esperan los centroamericanos es que el cambio no termine por afectar sus metas de crecimiento.


Ortega para rato

El Congreso nicaragüense, de mayoría oficialista, aprobó la reelección indefinida que le permitirá al presidente Daniel Ortega atornillarse en el poder. Pero no fue el único beneficio: le confirió amplias facultades para expedir leyes –incluidas las fiscales–, emulando las famosas ‘leyes habilitantes’ del presidente Hugo Chávez en Venezuela.

Pero no todo le sonríe a Ortega. La última encuesta Cid Gallup realizada entre el 10 y el 16 de enero pasado y divulgada por El Nuevo Diario reveló que 48% de los nicaragüenses aprueban la gestión del presidente, pero 45% la desaprueban. Sin embargo, el partido de gobierno, el FSLN, se consolida como la fuerza mayoritaria con 52% de simpatizantes, mientras que la oposición no logra unirse y 40% de la población se declara sin una preferencia por un partido político en especial. Nicaragua fue por años uno de los aliados incondicionales de Chávez y, según la Mesa de Unidad Democrática, MUD, en una década Chávez benefició al gobierno nicaragüense con subsidios petroleros, financiamiento de proyectos y acuerdos de cooperación por más de US$ 12.900 millones.
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