| 9/15/2016 12:00:00 AM

Incertidumbre por decisión de la Fed entraña riesgos para Colombia

La posibilidad de que la Reserva Federal aumente su tasa de interés en la reunión del 20 y 21 de septiembre incrementó la volatilidad de los mercados financieros, lo que entraña riesgos para las economías emergentes.

Desde el testimonio de la presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed), Janet Yellen, en el Simposio de Jackson Hole sobre política monetaria, a finales de agosto, comenzó a aumentar la volatilidad en los mercados financieros internacionales.

A partir de entonces los inversionistas han estado ansiosos por la posibilidad de que el Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC, por su sigla en inglés) re-anude el camino hacia la neutralidad monetaria en su reunión del 20 y 21 de septiembre, o en las dos siguientes de noviembre y diciembre, por medio de un incremento en la meta de la tasa de interés sobre los fondos federales.

En esa ocasión Yellen afirmó que, “…a la luz del comportamiento sólido continuo del mercado laboral…” y las “…perspectivas para la actividad económica y la inflación…” en los Estados Unidos, ella piensa que “…el caso para un incremento de la tasa de interés sobre los fondos federales se ha incrementado en los meses recientes”.

La eventualidad del incremento de esa tasa de interés ha sido reforzada por las declaraciones del vicepresidente de ese banco central, Stanley Fischer, junto con las de otros miembros del FOMC, que han sugerido que ese punto de vista es consistente con un aumento en septiembre y otro más antes de finalizar 2016.

Estas aseveraciones generaron entre los inversionistas la sensación de que en el futuro inmediato los excesos de liquidez prevalencientes durante largo tiempo en los mercados internacionales podrían tornarse menos abundantes.

Por este motivo, en los últimos días han estado cautos. Como consecuencia de ello, las principales bolsas del mundo e incluso la deuda pública de bajo riesgo soberano de países como los Estados Unidos, Alemania y Japón han hecho una pausa en la tendencia ascendente que traían, ante el temor de que un incremento en las tasas de interés en los Estados Unidos desvalorice los activos financieros.

La posibilidad de unas mayores tasas de interés en los Estados Unidos ha moderado el apetito por activos riesgosos entre los inversionistas internacionales. Por ello se han mostrado menos tolerantes con el riesgo de la inversión en los países emergentes. Su menor demanda ha frenado la valorización de la deuda pública y las acciones de estos países, al tiempo que han depreciado en los últimos días sus monedas.

El aumento de la volatilidad en los mercados financieros y sus repercusiones sobre el valor de los activos y las monedas emergentes llama de nuevo la atención sobre los peligros que pueden enfrentar los países en desarrollo ante un cambio en el entorno financiero internacional. Entre ellos, los más vulnerables a los choques externos son los que tienen desbalances macroeconómicos pronunciados, como unos amplios déficits en la cuenta corriente de la balanza de pagos y en el balance fiscal.

Colombia es uno de ellos, debido al impacto que tuvo el descenso pronunciado de los precios del petróleo desde 2014, por causa del cual los déficits fiscal y en la cuenta corriente esperados por las autoridades para 2016 son de 3,9% y de 5,3% del PIB, respectivamente.

La amenaza que enfrenta una economía en estas condiciones, si el entorno financiero internacional se torna menos favorable, es no poder fondear esos desbalances o tener que hacerlo a un mayor costo que el previsto.

Si como resultado de un incremento de las tasas de interés en los Estados Unidos o, en todo caso, de una menor liquidez en los mercados financieros internacionales, los inversionistas exigen una mayor rentabilidad como compensación por invertir en los activos de las economías emergentes, su financiación se vuelve más costosa porque no les queda otro camino que aumentar sus tasas de interés más de lo previsto, para prevenir una fuga de capital o atraer fondos adicionales.

Entonces la inversión y el consumo se incrementarán menos de lo previsto, porque el crédito doméstico también resultará más caro. La expansión menos dinámica de la demanda interna resultante ayudará a estrechar el desbalance externo para hacerlo compatible con la menor financiación externa.

Por supuesto, este ajuste tendrá el efecto de desacelerar la actividad económica e incrementar los riesgos para el sistema financiero, como ha ocurrido en la economía colombiana de una manera ordenada desde 2014.

La amenaza que entraña mantener unos desbalances tan pronunciados es que el ajuste tenga que ocurrir de un modo abrupto, porque el entorno financiero externo sea adverso, como acontece en una crisis financiera internacional; o porque los inversionistas pierdan confianza en la economía, lo que sucede cuando las autoridades se quedan sin credibilidad por no implementar las políticas necesarias para balancear mejor la economía.

El país dispone de un marco de política económica eficaz que le permite llevar a cabo ajustes ordenados en sus desbalances macroeconómicos coyunturales, para mantener la confianza de los inversionistas internacionales. Por una parte, la regla fiscal asegura que el déficit y la deuda pública volverán a trayectorias decrecientes a partir de 2017. Por otra, la tasa de cambio flexible le deja implementar una política monetaria libre de preocupaciones cambiarias para ajustar paulatinamente la demanda interna a las condiciones menos favorables del entorno externo, con el menor impacto posible sobre la actividad económica. La flexibilidad cambiaria también ayuda a corregir el desbalance externo. Además, el país tiene una amplia liquidez en moneda extranjera, basada en un adecuado saldo de reservas internacionales, reforzado por un acceso amplio a la línea de crédito flexible del FMI. Por último, la banca está bien capitalizada y tiene una liquidez holgada, de manera que está en capacidad de mitigar los riesgos que entraña el ajuste.

En un entorno internacional cambiante por la posibilidad de una modificación paulatina de la postura monetaria en los Estados Unidos, con los desbalances macroeconómicos pronunciados que Colombia tiene, no se entiende cómo algunos políticos han sugerido hacer caso omiso de la regla fiscal, en aras de financiar la implementación de los acuerdos de La Habana, cuando cumplirla es justo lo que asegura la confianza de los inversionistas.

Para cumplir la regla es imprescindible que el Gobierno presente y el Congreso apruebe una reforma tributaria estructural, que reponga los ingresos públicos perdidos por el descenso de la renta petrolera y reemplace los que se extinguirán a partir de 2017, por el fin de la vigencia de los impuestos temporales del Cree y el GMF. También es deseable que la reforma mejore la progresividad de la estructura tributaria y la competitividad del régimen impositivo del país, como sugieren las propuestas de la comisión de expertos y los estudios de los organismos multilaterales.

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