| 9/28/2017 12:01:00 AM

Las reformas que necesita la Unión Europea para sobrevivir

La Zona del Euro requiere de una serie de reformas para afianzar su estabilidad macroeconómica y financiera. ¿Será posible llevarlas a cabo?

Con el triunfo de Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales de Francia y la reelección de Angela Merkel como canciller de Alemania surgió la oportunidad de reformar la Zona del Euro (ZE), para asegurar su supervivencia.

La tarea no será fácil por las discrepancias entre los puntos de vista de ambos gobiernos, como afirma Barry Eichengreen, de la Universidad de California. Macron cree que la ZE adolece de centralización, por lo cual propone crear un Parlamento, un presupuesto común y un Ministerio de Finanzas. En contraste, Merkel piensa que la ZE está muy centralizada, que los países tienen pocas responsabilidades y que un presupuesto común entrañaría el riesgo de dilapidarlo.

Un punto intermedio para aproximar las posiciones de estos gobiernos, antes de tratar de avanzar en otras direcciones, es completar la unión bancaria para afianzar la estabilidad financiera.

Hasta ahora la ZE tiene un supervisor, que es el Banco Central Europeo (BCE), pero carece de un seguro de depósitos. El gobierno alemán se opone a él porque le parece que el sistema bancario no mitiga de una manera adecuada los peligros de su actividad, con lo cual el seguro crearía un riesgo moral. En el caso de que alguna de las amenazas se materializara, por medio del seguro habría una transferencia de fondos de los bancos alemanes a los depositantes del país donde hubiera problemas.

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Una forma de obligar a los bancos a mitigar de un modo eficaz sus riesgos sería adoptar en la ZE los estándares de la regulación y supervisión de Basilea III, sobre todo sus normas de capital. También se debería limitar la inversión de la banca en bonos de deuda pública, para reducir su riesgo de mercado.

Sin embargo, los reguladores de los distintos países prefieren normas más laxas, lo cual dificulta salvaguardar de una forma más efectiva la estabilidad de la banca europea. Por eso se debería instaurar un regulador para toda la zona que reemplazara a los nacionales.

Para lograr una mayor estabilidad, la ZE debería crear un organismo multilateral de crédito, con independencia de sus gobiernos, para negociar los términos y acometer con la debida fortaleza financiera y administrativa los rescates en los diferentes países, si fuera necesario.

La estabilidad macroeconómica de la ZE precisa asegurar, además, que haya disciplina fiscal en todos los países. Si se lograra, no existiría el riesgo de que el nuevo organismo multilateral se convirtiera en un mecanismo de transferencia asimétrica de fondos de los más disciplinados a los menos.

Con este propósito, la disciplina fiscal debería garantizarla el mercado, en lugar de unas normas rígidas, supervisadas por las autoridades europeas, que fueron incapaces de hacerlo en el pasado. Para ello las decisiones sobre la política fiscal deben permanecer como prerrogativas de los gobiernos, siempre que asuman las consecuencias. Con base en esa soberanía fiscal, los mercados podrían valorar sin distorsiones la solvencia de cada Estado.

Bajo este mecanismo, cada gobierno nacional tendría incentivos para salvaguardar la solvencia de su Estado, por la amenaza de desmejorar su riesgo soberano, que encarecería el costo y estrecharía el acceso a la financiación provista por los mercados.

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En este esquema podría acontecer en el futuro que los gobiernos irresponsables lleven a la insolvencia a sus Estados. En tales eventos, tendrían que reestructurar sus deudas. Por eso, es vital asegurar que no haya un contagio al resto de los miembros de la ZE. Para ello se requiere limitar la inversión de los bancos en la deuda pública.

Con el fin de que no haya riesgo moral, el organismo multilateral encargado de prestar a los Estados debería hacerlo sólo cuando estos afronten problemas de liquidez y no de solvencia.

De este modo, los gobiernos irresponsables perderían el acceso a la financiación, no solo de los mercados, sino también a la de los organismos multilaterales, por lo cual tendrían mayores incentivos para prevenir y corregir a tiempo sus malas decisiones.

Por este camino, los diferentes Estados mantendrían la soberanía sobre su política fiscal, que es lo que quieren los ciudadanos de cada país, al tiempo que tendrían alicientes para preservar su estabilidad macroeconómica y financiera. Para facilitar este objetivo, Francia y Alemania deberían liderar los esfuerzos para aumentar la resiliencia de la ZE.

El gobierno francés ha tomado la iniciativa en este sentido, al proponer algunas reformas estructurales, porque es uno de los países que más lo necesita, debido a su alto desempleo estructural, bajo crecimiento potencial e insostenibilidad de su deuda pública en el mediano plazo, como enfatiza Christopher Schmidt, presidente del Consejo Alemán de Expertos Económicos.

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Quizá el gobierno alemán accediera a completar la unión bancaria, crear el organismo financiero multilateral y emprender la Unión Fiscal, si los demás miembros de la ZE, como ha propuesto Macron en Francia, se comprometieran a llevar a cabo reformas estructurales.

Por medio de ellas mejorarían el funcionamiento de los mercados para asegurar una asignación eficiente de los recursos, que aumentara su productividad, hiciera posible utilizarlos con una mayor intensidad y elevara la capacidad de crecimiento de sus economías. Con base en ellas sería menos difícil afianzar su estabilidad macroeconómica y financiera.

Lo que no parece buena idea es ensanchar la ZE, como propuso Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, sin haber logrado una mayor estabilidad con sus miembros actuales.

El ensanchamiento de la ZE es imprudente sin haber diseñado unos mecanismos eficaces para asegurar su estabilidad macroeconómica y financiera, porque se corre el peligro de reducir la percepción de los mercados del riesgo soberano de los nuevos miembros y de generar otra burbuja de crédito en ellos, como ocurrió en el pasado.

Con ello, como argumenta Hans-Werner Sinn, de la Universidad de Múnich, se generaría la amenaza de nuevas crisis fiscales y financieras que desestabilizarían la ZE.

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