| 8/31/2012 6:00:00 AM

La última palabra

El próximo 12 de septiembre se producirá un fallo de la Corte Constitucional alemana que será determinante para la supervivencia del euro. Reina la incertidumbre.

Tras dos años y medio de crisis, 17 cumbres ‘definitivas’, cientos de paros y huelgas, el futuro de la Zona Euro y de la moneda común sigue siendo una incógnita.

Entre los países miembros ya no hay consenso sobre la necesidad de permanecer juntos como bloque y cada vez hay más voces que piden la salida de los quebrados, en particular, Grecia. Sin embargo, los mandamases regionales como Angela Merkel, canciller alemana; François Hollande, presidente de Francia, y Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), insisten en hacer todo lo posible por mantener el euro y a Grecia, como parte del grupo.

Sus buenas intenciones cada vez están más amenazadas y a la fuerte oposición de los partidos políticos nacionalistas, –que en los países sobreendeudados piden un respiro a la austeridad y aquellos con buena salud económica reclaman parar la ayuda al resto del vecindario–, se suma ahora la incertidumbre por un fallo que tendrá que emitir el 12 de septiembre la Corte Constitucional alemana sobre la legalidad del Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede), el programa de rescate permanente de la Zona Euro.

El Mede fue creado para reemplazar los mecanismos actuales de rescate, ideados para que funcionaran de manera temporal y que expiran en julio de 2013, justamente porque nacieron bajo la crisis de la deuda y no tenían todo el respaldo legal de los tratados en los que está basada la Unión Europea. Con el Mede –que tendría un capital autorizado de 700.000 millones de euros– se busca solventar ese problema, pues cada uno de los 27 países miembros de la Unión tiene que ratificarlo.

Lo paradójico es que los alemanes, que han sido promotores del Mede, son los que tienen en vilo el mecanismo. Aunque a finales de julio el parlamento germano aprobó el mecanismo por una mayoría de dos terceras partes, las demandas no se hicieron esperar, pues hay un creciente movimiento de contribuyentes que sienten que no tienen por qué seguir pagando los malos manejos de otros países.
 
No al ‘todos ponen’


El corazón de la demanda, que debe ser decidida por la Corte Constitucional, sostiene que las leyes que le dan piso al Mede violan las normas alemanas y las europeas. En primer lugar, porque van en contra del Tratado de Maastricht, que establece que no hay rescates y, en segundo lugar, porque Alemania accedió a renunciar a su moneda, el marco, con la condición de que al asumir una nueva moneda común, los países que la usaran no iban a mutualizar la deuda de sus miembros (pagar entre todos).

A los demandantes también les molesta que el Mede ponga condiciones estrictas para desembolsar recursos a los Estados que lo necesiten, exigiendo un voto por mayoría cualificada, pero no establece normas a la hora de las pérdidas. Es decir, si estas se presentan, se deben cancelar con el capital aportado por todos los países socios, pero si alguno no puede seguir aportando, los demás pagarán por él. Bajo esta lógica, existe el riesgo de que al final una sola nación sea la que termine pagando por todos y ese principio de solidaridad es el que asusta a muchos alemanes.

“Nadie sabe qué va a decidir la Corte Constitucional, la mayoría de observadores cree que no se va a oponer al Mede, aunque esperan que los jueces exijan ajustes o que le pidan al presidente alemán que firme la ley sujeta a unas condiciones”, sostiene el economista alemán Hans-Werner Sinn, en un artículo publicado por Project Syndicate. Agrega, sin embargo, que “es bueno que las decisiones del Tribunal no puedan predecirse, e incluso mejor, que no haya posibilidad de cabildear o presentar peticiones a ese organismo. La Unión Europea solo puede basarse en el imperio de la ley”.

Cábalas de mercado


Pese a las predicciones de este experto, los analistas de mercado ya están haciendo sus cábalas frente al veredicto de la Corte Constitucional alemana, más ahora que el BCE acaba de condicionar nuevas compras de bonos de países europeos a lo que finalmente se decida en Berlín.

Uno de los futurólogos es el banco de inversión inglés Barclays, que coincide en que el Mede va a ser apoyado por la Corte, pero con restricciones y el pedido de un mayor escrutinio parlamentario que, por ejemplo, pueda tomar la forma de un referendo si el Congreso alemán decide aumentar los recursos destinados a los programas de rescate.

Pero no son solo los jueces alemanes los que tienen penando al resto de la Zona Euro. También su banco central y en especial su director, Jens Weidmann. En un artículo de la revista Der Spiegel, ratificó su oposición a que el BCE siga comprando bonos de países altamente endeudados, argumentando que “puede volverse adictivo, como una droga” pues inevitablemente provocará inflación y una menor presión para que dichos países se sientan obligados a hacer las reformas.

Como si la incertidumbre legal fuera poca, a las malas perspectivas para el euro se suman las elecciones parlamentarias en Holanda, programadas también para el 12 de septiembre. En ellas se corre el riesgo de que ganen los candidatos ‘antieuropeos’. En unas encuestas gana por poco el Partido Liberal, que busca seguir con las medidas de austeridad y ayuda a los vecinos, pero en otras el líder –también por poco margen–, es el Partido Socialista, que promueve lo contrario.

Si bien Holanda no es tan importante en términos de capital aportado para la UE como Alemania, el hecho de que en los dos países existan tantas fuerzas encontradas puede ser una prueba más dura para la Unión que la misma quiebra de sus miembros más débiles. Solo hasta el 12 de septiembre se sabrá cuál será la dirección que tome la Zona Euro.

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