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Michelle Bachelet anunció que en mayo presentará su propuesta y que la idea es “avanzar en gratuidad entendiendo que la educación es un derecho y no un negocio”.

| 4/17/2013 6:00:00 PM

La letra gratis

La propuesta de Michelle Bachelet de acabar con la educación privada es su principal bandera para repetir como presidente de Chile. Pero crecen dudas sobre su alcance.

En un país que lleva tres años con un poderoso movimiento estudiantil que le ha hecho la vida imposible al gobierno de turno, arrancó una campaña presidencial atípica, en donde el tema central no va a ser el empleo, la reducción de la pobreza ni el crecimiento; va a ser la educación. Esta campaña, que a mitad de año elegirá en primarias los candidatos de cada partido y en noviembre al nuevo jefe de Estado de Chile, tiene desde ya una virtual ganadora: la expresidente Michelle Bachelet.

La alta popularidad al final de su primer mandato, que terminó por encima de 80%, sumada a su reconocimiento internacional (dejó un cargo en la ONU para competir por la Presidencia), le dan el primer lugar en todas las encuestas. Pese a esa ventaja, su primera propuesta tan pronto se bajó del avión de regreso fue la de promover la enseñanza gratuita y el fin del lucro en la educación.

Inmediatamente, sus contradictores calificaron su promesa como regresiva, pues en caso de volverse realidad, el Estado estaría subsidiando la educación de quienes sí tienen con qué pagar; además, revivió el debate sobre los elevados costos que tiene para un país ofrecerles educación gratis a todos sus estudiantes. Bachelet aceptó que es regresivo que quienes pueden pagar no paguen, agregó incluso que ella puede pagar la universidad de su hija, pero insistió en que en mayo presentará su propuesta y que la idea es “avanzar en gratuidad entendiendo que la educación es un derecho y no un negocio”.

Cristóbal Bellolio, analista político de la Universidad Adolfo Ibáñez, destacó el hecho de que la expresidente se lanzara al ruedo con una propuesta que está en la mente de todos los chilenos, pero la calificó de ambigua y poco innovadora.

“La gratuidad ya existe en la educación primaria y secundaria, asumimos que su propuesta sería para la universitaria, que es lo que exige el movimiento estudiantil, pero no se sabe si es solo para quienes hacen carreras profesionales o también para las carreras técnicas”, explica, y recuerda que en 2006 Bachelet ya se había enfrentado a los estudiantes del movimiento pingüino (llamado así por los uniformes que usan los estudiantes de secundaria).

En ese año, ella accedió a sus peticiones de educación gratuita y derogó una Ley de la época de Pinochet, que había creado los colegios “particulares privados”, los cuales recibían subsidios del Estado por cada alumno que formaban, sin importar su calidad. Así, el lucro de los privados con recursos públicos se acabó, pero eso no quiere decir que se acabaran los colegios privados. Ahora el cambio se daría con la educación superior, pues también hay universidades privadas que reciben dinero estatal, pero Bellolio aclara que, aunque es cierto que muchos estudiantes y padres están sufriendo por el endeudamiento al que han tenido que incurrir para pagar su educación, el problema más allá de los costos es el acceso. “Imagínese que todas las universidades fueran gratis. Se va a presentar el mismo problema de hoy y es que a ellas solo acceden quienes tienen la mejor formación y son los que vienen de colegios privados”, añade.

Más recaudo
Aunque el actual gobierno de Sebastián Piñera impulsó una reforma tributaria destinada a recaudar hasta US$1.000 millones anuales para financiar mejoras educativas, Bachelet ha dicho que lo que se necesita es una reforma “en serio” y por eso una de sus primeras movidas fue crear un grupo de economistas para que diseñe la reforma. Además, señaló que sus ideas concuerdan con las de la fundación sin fines de lucro, Educación 2020, la cual se ha vuelto abanderada del tema y, de hecho, publicó una hoja de ruta para mejorar la educación en Chile. Sin embargo, en declaraciones a la prensa, el coordinador de la fundación, Mario Waissbluth, dijo que no ve posible, por ahora, lograr que la educación sea del todo gratuita, dado que sería carísimo: según sus cálculos representaría 1,5% del PIB.

Agregó, igualmente, que dar educación superior gratis a los dos quintiles más ricos tendría un costo de US$3.000 millones y “sinceramente tenemos 3.000 jardines infantiles que crear antes”. Su propuesta es que primero se trabaje en la educación preescolar.

Su preocupación y la de los críticos de Bachelet es que se ponga en riesgo el crecimiento del país por aumentar la carga tributaria. Precisamente ese es otro punto de diferencia entre los gobiernos de la expresidente y el actual, de Piñera. Este ha logrado un crecimiento promedio anual de 5,8%, el doble del registrado durante la era Bachelet, al tiempo que muestra buenos indicadores en inflación, desempleo e inversión. “A Bachelet le importa el crecimiento y no creo que lo vaya a sacrificar, pero lo que sucede ahora es que la educación es muy importante porque el movimiento estudiantil se metió en el corazón de los chilenos y como ella no va a poder cumplir sus demandas a cabalidad, le conviene ser ambigua mientras las elecciones”, opina el analista Bellolio y añade que el movimiento también está valorando las palabras de Bachelet para saber si le renueva su confianza, pues es consciente de que es ella o la derecha.

Justamente los contrincantes de Bachelet en la carrera presidencial aprovechan para pescar en río revuelto, asegurando que la gratuidad universal es imposible en cuatro años, lo que pone en tela de juicio la campaña de la expresidente. Si bien la idea de una educación totalmente gratuita es loable, por ahora se ve lejana para los países del Tercer Mundo.

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