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Nikos Anastasiadis, presidente de Chipre.

| 3/21/2013 7:00:00 AM

La isla del desastre

La crisis financiera de Chipre, una isla de 800 mil habitantes, tiene tambaleando a la Unión Europea. Tras cinco rescates, la UE no encuentra la fórmula para salir del bache. Magnates rusos, los más perjudicados.

La Unión Europea (UE) está a punto de comprobar aquella máxima según la cual una cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones. Por eso el plan de salvamento que le propuso a Chipre, el tercer socio más pequeño de la Unión, se ha convertido en una prueba ácida.

El rescate busca evitar la bancarrota en un país considerado entre los principales paraísos fiscales de Europa, cuya banca se ha sobredimensionado y tiene la economía al borde del colapso. Pero, a diferencia de otros cuatro países europeos que han aceptado los rescates, en Chipre el parlamento rechazó de plano la propuesta de la Troika –Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea–, que le entregaría ayudas por US$13.000 millones a cambio de la adopción de medidas de ajuste, entre ellas un impuesto al ahorro del público con tasas de hasta 10%.

El solo anuncio de las condiciones del plan de rescate, pactado en la madrugada del sábado 16 de marzo, provocó una tormenta social y bursátil, pues los chipriotas se volcaron a las calles a protestar contra la medida y las bolsas volvieron a entrar en crisis. En países como Portugal, Grecia, Italia y España, el pánico cundió por el temor a que ahora los ahorros del público no estén a salvo y puedan utilizarse para apalancar el rescate de sus economías. La pérdida de confianza entre los inversionistas provocó caídas en las bolsas de valores del mundo.

El impuesto especial, como lo denominó la Troika, busca que el país consiga unos 5.800 millones de euros, necesarios para paliar la crisis y redimensionar el tamaño de su banca de aquí a 2018.

Por eso el rechazo del parlamento chipriota introduce un nuevo ingrediente de incertidumbre a la economía mundial y abre la posibilidad de que se profundice la crisis por falta de apoyo de sus socios europeos e, incluso, hay quienes ya hablan de que el país tendría que retirarse del euro.

La consultora Oxford Economics, de la Universidad de Oxford, citada por el diario español Expansión, asegura que no salvar a Chipre podría costarle a las economías europeas unos 300.000 millones de euros, equivalentes a 3% del PIB de la UE, como consecuencia de la megacrisis bancaria que se desataría. Pero su salida del euro podría resultar mucho más costosa, alcanzando al menos 10% del PIB europeo. Pero no solo Chipre ha dado un no rotundo a las condiciones impuestas en el paquete de salvamento. También en Rusia la oposición se hizo sentir pues la isla se ha convertido en el destino de inversión de muchos millonarios rusos.

Tras la negativa del parlamento chipriota, los medios rusos empezaron a rumorar sobre la intención de su gobierno de darles el dinero que les hace falta para salir de la crisis. Ya en 2011 Rusia había facilitado un préstamo por 2.500 millones de euros a la alicaída economía isleña. La especulación creció porque el ministro de Finanzas de Chipre, Michalis Sarris, de quien se dijo que había renunciado por negociar el plan de rescate, se fue para Rusia una vez terminó la discusión en el Parlamento.

Ese viaje avivó los rumores de que el gigante petrolero ruso, Gazprom, será el que realice la reestructuración de los bancos chipriotas a cambio de explorar gas en la isla, cuyos ricos yacimientos todavía no han sido explotados.

Sea como sea, este antecedente no es positivo para la UE ni para la Troika, pues precisamente fueron los griegos los primeros en el vecindario que salieron a aplaudir la negativa chipriota. Así lo ha entendido el Banco Central Europeo, que se ofreció a seguir buscando salidas, entre ellas pedirles a los parlamentarios chipriotas una nueva votación.

Bancos laxos
Pero, ¿por qué la economía del mundo está en vilo debido a la crisis en un país de solo 800.000 habitantes, responsable de apenas 0,2% de la producción europea y cuyo PIB no supera los 17.500 millones de euros

Por ser un paraíso fiscal, Chipre atrajo en los últimos años a millonarios rusos, griegos y chinos, entre otras nacionalidades, algunos con negocios lícitos y otros no tanto. Esto explica la alta participación de capitales extranjeros en sus bancos: se estima que 40% de los depósitos en sus bancos son de clientes de fuera de la Unión Europea.

De acuerdo con Bloomberg, hasta enero los activos bancarios en Chipre alcanzaban 126.400 millones de euros; es decir, más de 7 veces la economía de la isla. Su condición de paraíso fiscal no la vacunó contra la dura crisis que, sumada a la restructuración de la deuda griega y a manejos poco ortodoxos, llevaron al sistema a reportar pérdidas por más de 4.500 millones de euros.

Para el gobierno, salvar la banca y evitar el colapso económico es prioritario, por eso, desde junio del año pasado comenzó a negociar con la UE un acuerdo de rescate. Pero la oposición de algunos socios europeos, que tras cuatro rescates anteriores han expresado su inconformidad por tener que aportar sus recursos para ‘salvar’ a los países indisciplinados, había demorado las decisiones. En enero, el diario británico Financial Times anticipó que esta vez el salvamento se haría a otro precio, y podría terminar afectando el ahorro del público en los bancos, un tema impensable para el ciudadano del común.

Pero ocurrió y las medidas han provocado una convulsión social en la isla y un sentimiento antieuropeo que aviva la idea de convocar un referendo para retirarse de la UE. Sin embargo, hay quienes defienden este impuesto como una forma de descontar ‘por la derecha’ las abultadas ganancias que recibieron algunos inversionistas, ya sea por las elevadas tasas que les pagaron sus bancos en los últimos dos años, superiores a 4,45% para depósitos a menos de 2 años –el BCE las tiene en 0,75%– o porque pudieron blanquear sus capitales.

El salvamento de Chipre exacerbó el sentimiento antiausteridad en los países europeos más afectados por la crisis, mientras el resto del mundo observa aterrado la incapacidad de Europa para manejar el quinto salvamento de uno de sus socios. La tormenta perfecta creada por esta pequeña isla pone a prueba la capacidad de UE para sacar a sus países de la crisis. O quizá, para agudizarla.

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