| 3/31/2016 12:00:00 AM

China sigue representando preocupación en los mercados internacionales

Por su importancia sistémica para el crecimiento mundial y los temores por un aterrizaje forzoso, China y su inestabilidad financiera generan turbulencias en los mercados internacionales.

Las preocupaciones sobre las perspectivas económicas, la estabilidad financiera y la política cambiaria de China han agitado los mercados internacionales desde el año pasado. Los temores no son infundados.

El estancamiento previsto de la actividad económica global en los próximos dos años arroja dudas sobre la sostenibilidad del crecimiento de la economía china, basado durante tres décadas en la expansión de la inversión y las exportaciones. Con base en estas fuentes, cuya suma se incrementó de 41% a 75% del PIB entre 1980 y 2010, esa economía creció a una tasa de 10% anual promedio en ese periodo.

A pesar de semejante éxito, China incurrió en un exceso de ahorro e inversión que dificulta su expansión en el largo plazo. Por eso las autoridades optaron por rebalancear las fuentes de la demanda hacia el consumo privado a partir de 2011. Como explica el profesor Stephen Roach de la Universidad de Yale, este cambio requiere extender la seguridad social para desestimular el ahorro y acelerar el proceso de urbanización con el fin de incrementar el ingreso de los hogares, su propensión al consumo y su demanda por servicios, de modo que se genere empleo adicional en este sector. La meta de urbanización se cumplió en el último quinquenio, lo cual contribuyó a incrementar el ingreso de los hogares y favorecer la expansión de los servicios, que ahora generan 50% del PIB. En contraste, la extensión de la red de seguridad social no fue del todo exitosa. Por este motivo, el consumo no se convirtió en un motor de demanda muy dinámico, pues apenas se incrementó de 35% a 37% del PIB en ese lapso.

Sin embargo, en opinión de Michael Spence, premio Nobel de Economía, el rebalanceo en las fuentes de la demanda se lleva a cabo de un modo lento pero constante. El gasto doméstico comienza a apoyarse en un aumento pausado del consumo privado que no causa un endeudamiento excesivo de los hogares, gracias a lo cual luce sostenible desde el punto de vista financiero.

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En las empresas la situación no es tan favorable. En los sectores más tradicionales, como la construcción y otros basados en el consumo de materias primas, donde predomina la propiedad estatal, la extrema laxitud monetaria implementada desde la crisis financiera internacional ocasionó un exceso de inversión que sobredimensionó la capacidad instalada, ahora subutilizada. Al mismo tiempo, una gran cantidad de pequeñas empresas privadas tienen una actividad económica muy dinámica, basada en la innovación, sobre todo en los sectores de tecnologías de la información, biotecnología y energía renovable.

En la actualidad, las autoridades comienzan a proponer medidas para mejorar las condiciones de la oferta, que contemplan reducir los excesos de capacidad, promover la innovación e incrementar la productividad.

Por otra parte, las debilidades del sistema financiero generan incertidumbre porque comprometen su estabilidad. La extrema laxitud monetaria adoptada por el Banco del Pueblo desde la crisis financiera internacional, para estimular la actividad económica, generó inflación en los mercados financieros. Al principio los excesos de liquidez suministrados a través del crédito barato fluyeron al mercado de acciones. Cuando este colapsó a mediados del año pasado, la liquidez se canalizó al mercado de finca raíz de las ciudades más grandes y desarrolladas –Beijing, Guangzhou, Sanya, Shanghái y Shenzhen–. Allí el exceso de demanda fue alimentado por especuladores que se apalancaron para comprar propiedades, de tal modo que los precios aumentan a una tasa de 50% anual, lo que motiva temores sobre la formación de una burbuja en este mercado.

Además, la calidad de la cartera que financió la expansión desmesurada de las empresas estatales en los sectores tradicionales se deteriora rápidamente, hasta alcanzar una tasa de mora de 8%, que incrementa el riesgo de crédito para la banca. La desvalorización de este activo, junto con los menores ingresos y utilidades que producen, desmejoran la rentabilidad y la solvencia de los bancos. Por esta razón, los depositantes y los inversionistas pierden confianza en ellos, lo cual dificulta su fondeo, reduce su liquidez y perjudica su solvencia. Por eso, como explica Carmen Reinhart, profesora de la Universidad de Harvard, la provisión de liquidez a las instituciones en problemas obliga a relajar la postura monetaria, que ya era laxa, para enfrentar la desaceleración de la economía.

De manera infortunada, la expansión monetaria, cuando prima la desconfianza de los inversionistas, genera una caudalosa fuga de capital, que mina las reservas internacionales y dificulta mantener la estabilidad de la moneda. En un caso extremo, insistir en la laxitud monetaria puede incluso precipitar una crisis cambiaria y luego una recesión. Sin embargo, endurecer la postura monetaria para defender el valor de la moneda entraña el riesgo de pronunciar la desaceleración del PIB. Por estos motivos, el Banco del Pueblo enfrenta el dilema de escoger entre evitar una depreciación pronunciada o una ralentización de la actividad económica. En el entretanto, como propone el profesor Barry Eichengreen de la Universidad de California, las autoridades pueden intentar endurecer los controles de capital para ganar tiempo, mientras flexibilizan en mayor medida su régimen cambiario, permiten a las empresas disminuir sus pasivos en moneda extranjera y tratan de recuperar la confianza de los mercados.

Con el fin de recobrar la credibilidad en sus políticas, el profesor Spence sugiere que las autoridades deberían establecer unas reglas claras para el funcionamiento de los mercados financieros y adoptar unos mecanismos transparentes para tomar las decisiones, junto con unas estrategias eficaces para comunicarlas. También deberían eliminar el exceso de intervención en los mercados, porque crea irresponsabilidad en los agentes, seguros del rescate con fondos públicos. Esa garantía implícita, combinada con la extrema laxitud monetaria, distorsiona el riesgo, los lleva a sostener exposiciones peligrosas y conduce a una asignación ineficiente del capital.

El rebalanceo de las fuentes de demanda, la mayor producción de servicios y las medidas para promover una oferta más eficiente y productiva deben hacer más sostenible el crecimiento de la economía china en el mediano plazo. Sin embargo, en el corto plazo es probable que los dilemas de su política monetaria y los excesos financieros alimenten la volatilidad en los precios de los activos alrededor del mundo.

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