| 5/12/2016 12:00:00 AM

¿Por qué las deudas de los chinos son un riesgo mundial?

El astronómico aumento de la deuda china es la principal preocupación mundial hoy. Históricamente, un incremento de esa magnitud en el nivel de deuda de un país termina en una crisis. ¿Pasará lo mismo esta vez?

China es actualmente la segunda economía del mundo, la primera potencia comercial del planeta y espera crecer por encima de 6,5% este año a pesar de las dificultades. Ese ha sido uno de los motores de la economía mundial en las recientes décadas, jalonando la demanda de materias primas alrededor del mundo. Dado que es un país exportador, no tiene un déficit de cuenta corriente y, además, es un gran acreedor del resto del mundo, sobre todo de deuda soberana de los Estados Unidos y más recientemente colocando enormes préstamos en varios países en desarrollo incluyendo América del Sur.

Su sector financiero es el segundo más grande del mundo y tiene activos por más de US$30 billones (millones de millones) o lo equivalente a 40% de PIB mundial. Sus cuatro primeros bancos son los más grandes del mundo. Sus mercados de capitales, accionarios, así como el sector financiero no bancario, han crecido enormemente también poniéndolos entre los más grandes de mundo.

Lea también: China altera la economía y los mercados globales

Su banca es casi totalmente pública y está controlada por el Partido Comunista, lo que le ha permitido en varias ocasiones evitar crisis y arreglar sus problemas de cartera ordenadamente, tal y como ocurrió a finales de los 90, cuando su cartera mala alcanzó 40% de la cartera total.

¿Qué es lo que tanto inquieta de China al resto del mundo? La gran preocupación radica en que desde la crisis de 2008 hasta hoy la deuda china sobre el PIB ha pasado de 155% a niveles superiores a 260%, un aumento realmente astronómico y difícil de sostener en el tiempo. “Ningún país ha tenido un incremento tan sostenido de su deuda sin terminar en una crisis financiera” escribe The Economist.

El gran aumento de la deuda china comenzó a acelerarse cuando el país tuvo que enfrentar el colapso de la demanda mundial causado por la gran crisis financiera de 2008. En ese momento la China decidió compensar la caída en la demanda externa por un aumento del crédito doméstico que estimulara la demanda interna. De este modo el gobierno decidió abrir las compuertas de crédito para estimular la economía. Esta estrategia tenía también como objetivo fortalecer la transición de la China de una economía de exportación a una de consumo interno, uno de los grandes y ambiciosos proyectos que tiene la tecnocracia china pero que muy pocos países han logrado a nivel mundial.

El problema es que desde 2008 hasta ahora, el crecimiento del crédito no ha disminuido y ya comienza a exhibir complejos problemas de deterioro de su cartera y de sus clientes. Pero nadie sabe a ciencia cierta qué tan mala es la cartera de los bancos chinos. La falta de transparencia de sus sistemas de contabilidad, de su clasificación de activos y de su manejo, hacen que la mayoría de las proyecciones sean simples estimativos. Oficialmente los créditos malos o NPL (por su sigla en inglés de Non Performing Loans) se duplicaron a 1,3 billones de yuanes en el último año. Para muchos, este número está subestimado. Los analistas más apocalípticos estiman que los NPL pueden llegar a representar unos US$10 billones, o sea 100 % del PIB chino. La verdad está entre alguno de los dos puntos; lo cierto es que el problema sigue creciendo.

Por otra parte, ligado a ello va que 2/5 de los créditos otorgados durante los años pasados fueron a pagar intereses en vez de ir a financiar nuevas inversiones. Ya hay también un gran número de empresas para las cuales su flujo de caja generado es menor al servicio de deuda. ¿Se dedicará a refinanciar todas las deudas malas del sector financiero, las cuales están un 50% en empresas estatales y de esta manera reducirá el nuevo crédito a las empresas?

Pero China ya ha estado en el borde del precipicio financiero; en 2013 con un capital crunch bancario que aumentó enormemente el número de entidades financieras no bancarias; la crisis de las acciones en 2015 y la fuga masiva de reservas a comienzos de 2016. Durante todo este tiempo China ha ensayado transitar de una economía basada en las exportaciones a una basada en el consumo interno, para lo cual ha aumentado el nivel de endeudamiento, incluyendo el del consumo.

Ahora bien, en un país donde el Estado controla casi todos los aspectos del sector financiero, créditos malos no significan una crisis, ya que les puede dar liquidez a los bancos cuando lo necesiten. Pero mantener el estatus podría ser el peor escenario de política pública china, ya que dejaría a unos bancos moribundos limitándose a que los créditos malos se refinancien y sin ninguna capacidad de generar nuevas inversiones.

Además, es de anotar que la banca china se ha vuelto más competitiva y los márgenes han pasado de 3% a 2%. Esto ha permitido que los bancos se hayan movido al crédito de consumo. Sin embargo, su impacto sobre el PIB es cada vez menor. Esto en parte se debe a lógicas de retornos marginales decrecientes sobre el capital, que fue lo que también hizo que Japón ralentizara su crecimiento en los 80. Mientras antes se necesitaba un crédito de un yuan para generar un yuan adicional del PIB, hoy se necesitan 4.

Opciones

Una crisis financiera china puede ser más súbita y profunda pero también más corta que la que experimentó el Japón en su tiempo. Su ajuste tendrá un efecto sobre el resto del mundo y que se deprecie el yuan aún más, pues las crisis bancarias y de la moneda van generalmente de la mano.

A estas alturas China tiene que escoger un camino de reforma. Ya no se puede evitar el dolor del ajuste. Qué tan rápido debe ser esa reforma inquieta también a los mercados. Si China hace rápidamente una reforma estructural, la economía mundial seguramente se tambaleará, como ocurrió a comienzos del año pasado, cuando el Banco Popular Chino devaluó el yuan 2% y causó estragos en los mercados accionarios mundiales.

Por ese motivo, la primera opción real que tienen los chinos es limpiar el balance de los bancos y provisionar la cartera mala y capitalizarlos directamente. Una ventaja es que ya se ha limpiado parte del sistema y los bancos aún tienen suficiente fondeo, gracias a los grandes depósitos de los ahorradores chinos que reciben como rendimiento escasamente la inflación. El Estado tiene que recapitalizar sus bancos hasta un punto que le devuelva la confianza al mercado. Esta limpieza y una apertura a las fuerzas del mercado son vistas como la receta indicada.

¿Qué tanto una crisis china podría transmitirse a los mercados extranjeros? La mayoría de bancos chinos son de propiedad estatal y cuando han estado en problemas el gobierno los ha capitalizado, aunque nunca en la magnitud que es necesaria ahora. Los productos que emiten son relativamente sencillos y no existe la presencia de complicados derivados como en Estados Unidos. Además, como la China es un acreedor neto con el resto del mundo, una crisis de su sector financiero no tendría mayores repercusiones sobre el crédito mundial, excepto en algunos países del tercer mundo.

Lo que generaría una crisis financiera china sería una caída de los precios de los activos chinos, lo que a su vez afectaría la demanda por bienes del resto del mundo, en especial de materias primas, desacelerando así al planeta. Por el bien de la economía mundial, es clave que los chinos resuelvan sus graves problemas con destreza y habilidad, como lo han hecho antes.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?