| 3/3/2016 12:00:00 AM

¿Viene una recesión global?

En las últimas semanas los mercados y los analistas han manifestado temor por la posibilidad de una recesión mundial. La diversidad de causas de la debilidad del crecimiento global y el estrecho margen de maniobra de las autoridades no permiten descartarla.

El riesgo de que la economía mundial caiga en recesión aumentó en la coyuntura actual, debido a una desmejora de las perspectivas de las economías emergentes, una mayor incertidumbre sobre el panorama para las economías avanzadas y un estrechamiento de los mercados financieros.

En las economías avanzadas, una salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea generaría turbulencias en los mercados, entorpecería el comercio internacional y perjudicaría el crecimiento regional y mundial. Mientras se toma la decisión por un referendo el 23 de junio, la incertidumbre puede afectar la inversión en Europa, en un momento en que esa región carece de fuentes de demanda. Esto no ayuda a fortalecer su actividad económica ni la del resto del mundo. Además, la inseguridad de los mercados sobre la decisión final le imprimirá una mayor volatilidad a los precios de los activos.

Entre las economías emergentes, los analistas manifiestan preocupación por China. En la actualidad esta economía se desacelera por causas tanto estructurales –el tránsito a un patrón de crecimiento basado en el consumo privado– como coyunturales –un exceso de inversión, la desinflada de una burbuja financiera y una alta deuda pública–. Enfrenta también un problema de política monetaria, bautizado por Robert Mundell como “una trinidad imposible”. Según él, no es posible tener de manera simultánea una política monetaria independiente, una tasa de cambio fija y un libre flujo de capitales. En consecuencia, China tuvo que comenzar a flexibilizar su régimen cambiario para mantener una postura monetaria expansiva que le permita estimular la actividad económica e intentar estabilizar sus mercados financieros. Sin embargo, esta estrategia alimenta una fuga de capital, que presiona al alza la tasa de cambio. Esta situación puede derivar incluso en una crisis cambiaria.

La desmejora de la situación en las economías emergentes, el complejo entramado de problemas que afronta China y el estancamiento de la Unión Europea y Japón configuran un riesgoso panorama internacional que deja la responsabilidad de sostener el crecimiento global a los Estados Unidos. Por este motivo, una pronunciada desaceleración de este país puede precipitar una recesión mundial. Los malos resultados de algunos indicadores adelantados de la demanda y la actividad económica en ese país dan señales de precaución. Sin embargo, el último dato de crecimiento del PIB tranquilizó a los mercados.

Otro factor que entorpece la actividad económica global es el desapalancamiento, que incrementa el ahorro y disminuye la demanda. Por este motivo, el crecimiento se mantiene debajo de su tendencia de largo plazo.

La fragilidad de la actividad económica global reclama prudencia de las autoridades. Como el lento crecimiento mundial ralentizó el comercio internacional, las economías no pueden expandirse apoyadas en la demanda externa. Esto implica que en los países donde la actividad económica está estancada y hay amenazas de una deflación –como en la Zona del Euro y Japón– o en los que apenas comienza a despegar –como en los Estados Unidos–, las autoridades deben cuidarse de frenar la demanda interna, porque puede perjudicar el crecimiento.

En consecuencia, el tránsito a la neutralidad monetaria y la consolidación fiscal en esos países tendrán que llevarse a cabo con precaución. Los temores de una nueva recesión global hicieron que hace pocos días, por ejemplo, Lael Brainard, gobernadora de la Reserva Federal, sostuviera que el incremento de las tasas de interés podría ser más lento que el previsto y que las autoridades alrededor del mundo deberían coordinar esfuerzos para estimular la demanda. Peter Praet, del Banco Central Europeo, advirtió que la debilidad de los indicadores económicos en la Unión Europea es preocupante. Al mismo tiempo, las autoridades representantes de China y Estados Unidos en la reunión del G-20 hicieron un llamado a sus colegas para incrementar el gasto público, con el fin de fortalecer la demanda.

Por otra parte, las economías que tienen amplios déficits en la cuenta corriente, como Colombia, si quieren reducir su vulnerabilidad a los choques externos, tendrán que ajustar más fuerte su gasto doméstico, porque no pueden apoyarse en la exigua demanda externa, ni en el reducido valor de sus exportaciones de materias primas. En estas economías, en contraste con las primeras, el endurecimiento de las posturas fiscal y monetaria tendrá que ser más rápido que lo esperado. Con ello se resentirá su actividad económica más de lo previsto. Este es un costo en el cual hay que incurrir en el corto plazo, para hacer más sostenible el crecimiento en el largo plazo, debido a que una amplia brecha externa es riesgosa en un ambiente de alta volatilidad en los mercados internacionales.

Un factor de preocupación adicional sobre las perspectivas de las mayores economías del mundo, para algunos analistas como los del Citigroup, son las dudas acerca de la eficacia de las estrategias contracíclicas que pueden poner en marcha las autoridades. En su opinión, después de llevar a cabo agresivas políticas no convencionales, esas economías disponen de poco espacio adicional para implementar medidas fiscales y monetarias expansivas.

Por otra parte, una causa importante del estancamiento de la actividad económica global es que la capacidad de crecimiento sostenido de las economías, tanto avanzadas como emergentes en el largo plazo disminuyó, como sostuvo Nouriel Roubini en un artículo reciente, subido al portal del Project Syndicate el 4 de febrero. Las razones de este descenso en sus tasas de crecimiento potencial son de diversa índole, pues incluyen el alto endeudamiento público y privado; el envejecimiento de la población; la incertidumbre, que frena la inversión; el desempleo, que destruye la destreza de los trabajadores y reduce la participación laboral; y una caída en la productividad. Esta última puede incrementarse por medio de reformas estructurales que mejoren la competitividad de las economías, al fortalecer sus instituciones, incrementar la calidad y la cobertura de la educación y la salud, estabilizar la macroeconomía y acelerar la innovación y el progreso tecnológico. Sin embargo, en algunos casos la compleja economía política necesaria para realizar esas reformas las hace poco viables en el corto plazo.

En estas condiciones, debido a las múltiples causas de la debilidad de la actividad económica mundial, al poco margen de acción que tienen las autoridades y, en algunos casos, a la compleja economía política que implica la puesta en marcha de las estrategias para fortalecer la capacidad de crecimiento de las economías, aunque no es inminente una recesión global, es un riesgo que no puede descartarse en la coyuntura actual.

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