| 7/4/2012 6:00:00 PM

Herencia maldita

Una guerra sangrienta contra el narcotráfico y una economía maltrecha son las dos herencias que le deja Felipe Calderón a Enrique Peña Nieto, el nuevo presidente de México.

Un final de telenovela vivió la noche del domingo primero de julio el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, quien resultó ganador de los comicios a la presidencia de México. Las votaciones le dieron el pase a Los Pinos –la casa presidencial– por los próximos seis años y marcó el regreso de su partido al poder, tras 12 años por fuera.

Pasada la euforia por el triunfo del carismático candidato, muchos se preguntan si, como en las telenovelas, esta historia tendrá un final feliz. Pero, la compleja coyuntura mexicana hace presagiar un periodo agridulce para el nuevo mandatario. Pobreza, inseguridad, baja competitividad, lento crecimiento económico y malestar social son algunos temas que tendrá que enfrentar a partir del primero de diciembre, cuando tome posesión del cargo. A esto se suman los ‘pecados’ de su partido durante los 70 años en el poder –hasta el año 2000– que para muchos contradictores estuvieron plagados de corrupción y autoritarismo.

Otto Granados, director del Instituto de Administración Pública del Tecnológico de Monterrey, sostiene que México vive en una paradoja pues, a pesar de su estabilidad macroeconómica y unas reservas históricas –cerca de US$135.000 millones–, no ha logrado superar los problemas de inequidad.

En México, la pobreza afecta a 57 millones de personas –de los 112 millones de ciudadanos– y el crecimiento promedio anual de su economía en la última década fue apenas de 1,8%. La coyuntura no parece sonreírle por el deterioro que vive la economía estadounidense, a donde exporta 78% de sus bienes.

A esto se suma el aumento en la sensación de inseguridad y el avance del narcotráfico, que ha cobrado la vida de más de 50.000 ciudadanos desde que el presidente Felipe Calderón puso en marcha una dura política de guerra contra los carteles.

El nuevo presidente ha propuesto estimular la inversión para recuperar el crecimiento y reducir la pobreza. Además, tiene en su agenda varias reformas, entre ellas una fiscal que aumente los ingresos del Estado para mejorar la redistribución de la riqueza. En México, el recaudo tributario representa apenas 10% del PIB, una cifra baja para solucionar las apremiantes necesidades.

Peña Nieto busca impulsar una reforma energética que le permita a la petrolera estatal Pemex atraer inversión privada y reactivar la exploración, pues la Constitución le impide acceder a capital privado. En materia social, planea ampliar el acceso a la salud para los más pobres, crear un seguro de desempleo, establecer un sistema de riesgos laborales y ampliar el acceso a la pensión de vejez.

Sin embargo, el tema más crítico tiene que ver con la seguridad derivada de la lucha antidrogas. En Estados Unidos los analistas critican que Peña Nieto se haya comprometido solo a mejorar la seguridad personal –reducir la tasa de homicidios, secuestros, extorsiones y trata de personas–, sin que hasta el momento haya esbozado una política antinarcóticos más ambiciosa.

Por ahora, en las toldas del PRI todo es algarabía y celebración. Sin embargo, el momento de la verdad llegará en diciembre, cuando el Presidente tenga que pasar de las promesas a la acción.


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