| 2/20/2015 10:30:00 AM

Grecia se acordó de las cuentas pasadas

Como estrategia para enfrentar los enormes problemas económicos que los agobian, los griegos están cobrando viejas cuentas heredadas de la Segunda Guerra Mundial. ¿Les funcionará la jugada?

En septiembre de 1945 llegó a su fin la segunda guerra mundial, en la que perdieron la vida entre 40 y 70 millones de personas. Hoy, casi 70 años después y en medio de la debacle de la economía griega, se reabre el debate de la ocupación alemana durante la confrontación bélica, periodo en el que perdieron la vida entre 200.000 y 300.000 griegos y en el que el Banco de Grecia financió al régimen Nazi.

Las consecuencias de un arreglo económico mal negociado, con algo de oportunismo griego, vigorizan hoy las diferencias. Grecia objetó y realizó los estimativos de la guerra hace un par de años, pero solo hasta el pasado 8 de febrero, el nuevo primer Ministro Alexis Tsipras, pidió indemnización y, además, anunció que desmontaría el programa de austeridad de su país y que no extendería el rescate por $240.000 millones de euros proporcionado por la Unión Europea.

Las pretensiones griegas de la Segunda Guerra Mundial ascenderían a la no despreciable suma de 162.000 millones de euros. Es decir, 80% del PIB o la mitad de la deuda de ese país.

La causa es conocida: la crisis tocó fondo y el líder griego requiere echar mano de todo lo que esté a su alcance para sacar a flote al país, en medio de la lluvia de medidas provenientes de Bruselas, con el reloj en contra y con la presión social encima. Parte del armamento que tiene es endurecer la postura en la negociación. Por esto, cobrar viejas deudas, hacer abierta oposición a los borradores de acuerdo y presentar a Alemania como la responsable de esta situación; es una estrategia que le podría generar ese respaldo popular, escaso en tiempos de austeridad.

Como era de esperarse, los alemanes anunciaron que no les pagarán ni un euro a los griegos.

Los ajustes de Tsipras

Las medidas planteadas por el líder griego contemplan la no austeridad como política de Estado e incluyen: la recontratación de empleados públicos que habían sido despedidos, reducciones en el gasto de la administración pública, eliminación de carros oficiales para políticos de cierto rango, reforma tributaria que grave más a las grandes empresas y una reforma laboral que aumente el salario mínimo. Además, Tsipras se ha comprometido a no aumentar la edad de jubilación en su país. Con estas posiciones, el líder griego sostiene que obedece al mandato de su pueblo y no a las exigencias de otros países.

El ajuste que necesita Grecia es urgente y requiere adelantar dolorosas reformas fiscales e impulsar una verdadera política de desarrollo. De no hacerlo, no alcanzará el dinero de indemnización alguna para salvar el país. Continuar con la política de reclamar deudas prescritas y culpar a terceros por la irresponsabilidad fiscal de los últimos años no tiene sentido.

En el remoto caso de que las pretensiones helenas prosperen, a la vuelta de unos años reclamarán los derechos de autor del método socrático, o la autoría intelectual de los juegos olímpicos modernos. Ahora sí, se armó la de Troya.
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