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Aunque a nivel federal el gobierno de Barack Obama no se ha manifestado sobre el uso recreacional de la marihuana, su aprobación final depende del Departamento de Justicia.

| 5/3/2013 7:55:00 AM

Entre porro y porro

La legalización del consumo recreativo de la marihuana en Estados Unidos abre las puertas de una industria millonaria para la que ya se preparan empresarios e inversionistas. Y, ¿en Colombia qué?

A partir de enero del año 2014, la marihuana se convertirá en un negocio legal como el alcohol en dos estados de Estados Unidos: Washington y Colorado. Esto significa que pagará impuestos y tendrá algunas restricciones para su consumo y publicidad, pero a cambio les generará millones de dólares de ganancias a los empresarios que ven en esta planta una gran oportunidad de negocios. Esto, siempre que el Departamento de Justicia de ese país no ponga objeciones.

Por el contrario, en enero de 2014 la prohibición se mantendrá intacta en Colombia para los pocos empresarios que contra viento y marea quieren sacarles provecho a cultivos ancestrales de coca y marihuana, convirtiéndolos en productos medicinales y cosméticos (no recreativos), y tendrán que seguir siendo sujetos de control policial y, en muchos casos, vendiendo a escondidas.

Los empresarios de la marihuana en Estados Unidos viven una situación muy distinta –y prometedora– porque cada vez hay más ideas de negocios alrededor de esta hierba, algunas de las cuales ya se han concretado en empresas formales que cotizan en bolsa.

En su edición de marzo, la revista Fortune detalla una reunión de 30 inversionistas ángel que dedicaron un día entero a escuchar propuestas de empresarios de la marihuana a fin de entregarles sus recursos aprovechando la legalización que se avecina. Estas inversiones de riesgo no están enfocadas en quienes trabajan con la marihuana con fines médicos (que está aprobada en 18 estados de Estados Unidos y que son el negocio principal de las firmas listadas en Wall Street), sino en su uso recreativo.

Quienes esperaban recibir recursos presentaron desde accesorios para poder cargar la hierba y máquinas dispensadoras, hasta vasos similares a los que usan negocios como Starbucks para vender café –dentro de los cuales hay un aditamento especial para inhalar el cannabis–. También estaban los que tenían productos para facilitar los cultivos hidropónicos o en climas invernales.

Todos están detrás de un mercado que, por su ilegalidad, es difícil de medir, pero podría facturar entre US$10.000 millones y US$120.000 millones en Estados Unidos, según estimativos.

Las ventas legales, según el Medical Marijuana Business Daily’s Fact 2013, están entre US$1.300 millones y US$1.500 millones y si entran Colorado y Washington a comercializar, podrían llegar a US$3.000 millones.

Marca e impuestos

Estas cifras tienen haciendo cuentas alegres a los inversionistas que quieren hacer rendir su dinero siendo los primeros en esta industria. También a los productores, en particular a los de California, que consideran que sus cultivos son los de mejor calidad del país, al punto que desde ya buscan crear una marca para su marihuana, así como ya existe para los vinos de la zona de Napa.

También están haciendo cuentas las autoridades tributarias de Colorado y Washington, pues tienen que definir con qué tasa van a gravar la marihuana para uso recreacional, dado que si el impuesto es muy alto, corren el riesgo de que los consumidores se queden en el mercado negro y, si es muy bajo, puede incentivar el consumo.

Dentro de las condiciones fijadas para permitir el uso recreativo del cannabis está el adoptar leyes fuertes que castiguen el uso por parte de menores de edad y el desarrollo de campañas de prevención. Ya dichos estados tienen claro que el impuesto al consumo irá para construir nuevas escuelas y lo que consigan por impuesto a las ventas e impuestos locales lo destinarán a enforcement, es decir, a hacer cumplir la ley para evitar que la marihuana termine en manos de niños o carteles que la lleven a otros estados en donde no está permitida.

Aunque la discusión fiscal está por resolver, el New York Times sostiene que el impuesto en Colorado podría estar alrededor de 30% y en Washington en 44%.

La paradoja colombiana

Mientras los negocios en Estados Unidos florecen, en Colombia enfrentan una encrucijada. Es el caso de Coca Nasa, una firma que desde hace 17 años comercializa todo tipo de productos derivados de la hoja de coca (comestibles, cosméticos y hasta ron). La materia prima la trae desde un resguardo indígena en Tierradentro y en Bogotá la transforman. En sus inicios lograron codificarse en los supermercados Carrefour, Colsubisido y Cafam pero, al no tener registro del Invima, los retiraron. “En realidad nos hicieron fue un favor, porque los supermercados se demoran mucho en pagar. Entonces empezamos a vender con distribuidores y montamos nuestras propias tiendas”, explica Fabiola Piñacué, representante de Coca Nasa.

La empresa ya tiene dos tiendas en el centro de Bogotá y un café, y sus principales clientes son los extranjeros, que cada vez llegan en mayor número al país.

Aunque tienen permiso para cultivar la coca en el resguardo, el problema está en transportar las hojas, pues la Policía suele detenerlos y tienen que mostrar sus permisos, explicar el uso que le van a dar y confirmar que lo que llevan no es cocaína, sino un alimento ancestral de los indígenas.

A eso se suma que muchos colombianos, cuando ven los productos exhibidos, se quejan y los culpan de la mala fama del país, mientras que las pocas tiendas naturistas que los venden los tienen escondidos, pese a que la hoja de coca no es un alucinógeno. En el caso de la marihuana –que sí lo es–, los productos derivados se venden de forma aún más silenciosa, con todo y que en el campo colombiano se usa la hoja mezclada con alcohol como vasodilatador para tratar las várices y la artritis.

Productores como Jovanni López, –que vende, entre otros, jabón de marihuana– solo pueden comercializar sus productos en plazas de mercado o en la calle (ver recuadro).

Pero ni siquiera si la industria crece y demanda materia prima, sería posible exportar estos productos pues, como explica Piñacué, la hoja de coca o de marihuana solo se puede vender a los países que no han suscrito la lista única de estupefacientes, que son unos pocos de Europa y, en ellos, el mercado está dominado por el producto boliviano.

Mientras el Tío Sam decide sobre el consumo interno de productos a base de marihuana, en Colombia la legalización sigue enredada y, como explica el senador Juan Mario Laserna, quien ha estudiado el tema, no se puede hacer ningún cambio hasta que el uso recreativo no sea permitido en todo Estados Unidos y no solo a nivel de unos estados.

“El año pasado el presidente Santos le habló al presidente Obama de legalización durante la Cumbre de las Américas, pero este le dio un no rotundo, quizás ahora que ya fue reelegido pueda reconsiderar el tema, pero ese es un camino muy demorado para el país”, señala Laserna y, agrega, que si bien lo más fácil es aprobar el uso médico, el recreacional es muy espinoso, pues en Colombia la droga está asociada a la delincuencia.

Aunque las propuestas de negocios como Coca Nasa tienen ya varios competidores, lo cierto es que por ahora al negocio legal de la hierba no se le ve mucho futuro y si las cosas siguen como van, no sería extraño que, siendo grandes proveedores de la materia prima, en pocos años Colombia termine importando el producto procesado y sus derivados de Estados Unidos.

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