| 4/28/2016 12:00:00 AM

¿Se quedarán los británicos en la Unión Europea?

“Ningún hombre es una Isla”, dijo el poeta británico John Donne, a quien citó el presidente Barack Obama en su discurso del 22 de abril frente a la residencia del primer ministro David Cameron en 10 Downing Street. Así, el presidente de los EE.UU. se puso al frente de los opositores del Brexit, la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.

Pocas veces un referendo interno de un país ha provocado tantas reacciones en todo el planeta. En efecto, el 23 de junio los británicos votarán si permanecen o no en la Unión Europea (UE), lo que se ha conocido como el Brexit.

Es difícil decir con certeza cuál será el resultado de esta votación. Las encuestas actuales muestran un electorado muy dividido. Según el Financial Times, que sigue las encuestas diariamente, en la actualidad la votación está 44% a favor de quedarse en la UE, mientras 42% de los electores creen que Inglaterra debe salir de la Unión.

Gran Bretaña se incorporó a la Unión en 1973, después de dos décadas de bajo crecimiento y estancamiento económico. En ese momento, Alemania, Francia e Italia habían sobrepasado a Reino Unido en ingreso per cápita. Desde entonces, las relaciones se han invertido e Inglaterra ha crecido más que el promedio y tiene un ingreso per cápita superior a los de estos países. Bajo casi todos los indicadores económicos, Inglaterra se ha beneficiado enormemente de su participación de la Unión, su mayor destino de exportaciones.

Sin embargo, los ingleses siempre se han sentido algo aparte de la UE. No eran parte del acuerdo Schengen para regular la inmigración hacia Europa y tampoco decidieron pegarse a la Zona Euro, conservando su independencia monetaria. Por otra parte, Inglaterra ha tenido desde ya hace muchas décadas lo que se ha llamado una “relación especial” con los Estados Unidos. Una relación que se estrechó durante las dos guerras mundiales contra Alemania –que ahora prácticamente controla la UE–, luego, en la Guerra Fría contra la Unión Soviética y, más recientemente, en sus intervenciones conjuntas en Irak y otros lugares del Medio Oriente y África.

Quizás por eso Barack Obama ha salido a apoyar al primer ministro Cameron en su esfuerzo de atajar la salida de Gran Bretaña de la UE. Frente a Downing Street, y al costado de David Cameron, el presidente de Estados Unidos advirtió que Gran Bretaña sería menos segura, menos influyente y menos próspera de ocurrir el Brexit. El apoyo del presidente Obama al primer ministro para mantener a la Gran Bretaña en la UE enfureció a algunos activistas pro Brexit.

El mayor ataque fue liderado por el también conservador alcalde de Londres, Boris Johnson –nacido en Nueva York– quien afirmó que Obama tenía una animadversión contra la Gran Bretaña debido a que su padre era de Kenya y siempre había resentido al Imperio Británico. En defensa de Obama, el economista jefe del Financial Times, Martin Wolf, declaró que Obama tenía todo el derecho a pronunciarse sobre este tema ya que al fin y al cabo era el líder del mundo Occidental y que si no fuera por Estados Unidos, Gran Bretaña sería una colonia nazi o un satélite soviético; en cuanto a los efectos económicos, afirmó categóricamente que en realidad “nadie sabe qué va a pasar de aprobarse el voto para abandonar la UE”.

Lea también: Brexit, reino Unido vs Unión Europea 

¿Por qué el Brexit?

Existen varios factores, unos reales y otros más bien imaginarios. Inglaterra añora el imperio que una vez fue y resiente la transferencia de soberanía a Bruselas en una Europa dominada por Alemania. Esto no dejar de ser algo paradójico, ya que la dinastía real británica desciende directamente de las casas alemanas de Battenberg y de Sajonia-Coburg y Gotha, una rama de la antigua casa germánica de Wettin. Solo hasta la Primera Guerra Mundial, cuando los alemanes estrenaron un cañón de un gran poder llamado el Gotha, en 1917 bajo el reinado de Jorge V, la casa real cambió su nombre y se proclamó como la Casa de Windsor, y los Battenberg, sus parientes cercanos, originalmente de Hesse, lo cambiaron a Moutbatten.

Pero, fuera de este episodio, existe una serie de creencias e ilusiones que rondan la imaginación de los ingleses. Muchos creen que salirse de la UE les proporcionará una infinidad de oportunidades comerciales y políticas así como nuevos y poderosos aliados y mercados. Además, el tema de las recientes migraciones provenientes de África y del Medio Oriente también tiene preocupados a los ingleses. La crisis de la Zona del Euro ha dejado cicatrices crudas, mientras la afluencia masiva de inmigrantes crea ansiedad y nuevas divisiones.

Los promotores del Brexit citan ejemplos como los de Noruega y Suiza. Sin embargo, la UE ha sido clara al señalar que Noruega y Suiza pueden tener acceso completo al mercado único solo si aceptan la mayoría de sus reglas, incluyendo la libre circulación de personas y contribuyen al presupuesto de la Unión. En otras palabras, una Gran Bretaña fuera de la Unión ganaría poco y sí perdería su capacidad de influir sobre el mercado único. Mientras tanto, sus rivales financieros como París y Fráncfort podrían aprovechar la oportunidad para destronar la hegemonía financiera de la “City” de Londres.

¿Por qué quedarse?

La cuestión de los costos y beneficios de la membresía británica en la UE es el asunto del gran debate y parece cada vez tornarse más y más importante. Europa es la economía más grande del mundo, con 500 millones de personas, superior a los 325 millones de los Estados Unidos. Europa representa 17% del comercio mundial y la mitad de la ayuda exterior en el mundo, tiene grandes centros de investigación y universidades y su industria creativa representa 7% de su PIB. Además, The Economist resalta que 45% de las exportaciones británicas van a la UE. Para mantener esos mercados, a la Gran Bretaña le tocaría negociar un sinnúmero de tratados comerciales con todos los países con los cuales la Unión Europea los ha firmado.

Recientemente, George Osborne, el Canciller del Tesoro, publicó un extenso informe sobre los costos a largo plazo de salirse de la UE. Osborne argumenta que el Reino Unido sufriría un deterioro económico bajo cualquiera de las tres alternativas que se han planteado en el Brexit: pertenecer al Espacio Económico Europeo –como Noruega–, negociar un acuerdo de comercio bilateral –como Canadá, Suiza o Turquía– o pertenecer a la Organización Mundial del Comercio (OMC) –como Japón–.

Si se vota favorablemente el Brexit, de hoy a 2030 todos los escenarios causarían una pérdida comparada con continuar en la Unión: entre 3,4% y 4,3% del PIB quedándose solo en el Espacio Económico Europeo; entre 4,6 y 7,8% del PIB, firmando acuerdos bilaterales y entre el 5,4 y el 9,5% del PIB estando en la OMC.

El Reino Unido estaría menos abierto al comercio internacional y a la inversión extranjera directa y podría perder gran parte de sus mercados de exportación. Esto perjudicaría su nivel de productividad y, por lo tanto, su economía. El déficit de cuenta corriente sería más difícil de financiar y la libra podría ser el principal perdedor. Osborne termina su presentación del informe argumentando que de aquí a 2030 “cada inglés perderá el equivalente a £4,300, el PIB sería 6,2% más bajo, y el déficit fiscal aumentaría en £36.000 millones”. 

Consecuencias Geopolíticas

Las consecuencias geopolíticas del Brexit pueden ser profundas. Hay quienes dicen que este sería el fin de la Gran Bretaña, ya que los escoceses, que ensayaron separarse hace dos años del Reino Unido, estarían interesados en permanecer en la UE y esto impulsaría otra vez el sentimiento separatista. La UE se vería también afectada por la salida del Reino Unido, ya que le hará daños a su estabilidad financiera y a su política de inmigración.

Douglas Alexander, el anterior ministro en la sombra de Relaciones Exteriores, aseguró que “desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha sido el líder del sistema internacional basado en una alianza transatlántica fuerte y estable con la Otan y la Unión Europea. Si Gran Bretaña deja la Unión, el aliado más cercano de Estados Unidos quedaría marginado. No es de extrañar que Vladimir Putin agradezca el Brexit y se entrometa en la política interna de los países europeos para debilitar a la Unión Europea”.

En términos de gasto militar, Europa ocupa el segundo lugar detrás de Estados Unidos, representando 15% del total mundial, comparado con el 12% para China y 5% para Rusia. Francia y Gran Bretaña son las dos principales fuentes de energía expedicionaria europea. En el plano cultural, los estadounidenses y europeos comparten los valores democráticos y de derechos humanos. Frente a una China en ascenso, una Rusia agresiva y una prolongada guerra en Medio Oriente, una estrecha cooperación transatlántica es crucial para mantener un orden internacional de las democracias liberales de occidente a largo plazo. Según Jeremy Shapiro, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores del Centro de Estudios de las Naciones Unidas, citado por The Economist: “Gran Bretaña puede ser un actor geopolítico dentro de la UE o puede ser una irrelevancia geopolítica fuera de ella”. Los efectos sobre el equilibrio de poder global están en juego. 

Por todos estos motivos, el Brexit tiene muy preocupado al establecimiento occidental así como a países como Nueva Zelanda y Australia, que ven a Inglaterra como su puente hacia Europa. Por todos estos motivos, David Cameron podría ser recordado como el primer ministro que presidió la desintegración del Reino Unido por un renacimiento del separatismo escocés, la salida de la Unión Europea y el posible fraccionamiento de esta.

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