| 4/30/2015 5:00:00 AM

¿Crisis griega o europea?

La política pública y la institucionalidad europea están en el centro del debate por la petición del partido Syriza, de Grecia, de renegociar las condiciones del rescate.

Grecia sigue asustando a los mercados financieros. La posibilidad –nuevamente– de un impago de sus deudas ha puesto sobre la mesa las complejidades de la unión monetaria y, de paso, ha revivido la importancia que tienen para la economía mundial las fragilidades europeas.

¿Por qué no hizo Europa la unión política antes que una unión económica? Algunas reseñas sobre el tema se hicieron en el marco de los países de la Ocde, con ocasión de la reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial en Washington.

Las reflexiones sugieren que de tiempo atrás se sabía que habría una crisis que pondría a prueba la viabilidad de la unión económica, pero se esperaba que esta crisis forzaría al grupo a alcanzar una unión política. Sin embargo, la crisis griega se ha caracterizado por un discurso lleno de ataques y señalamientos, y ha dividido a la población, tanto internamente como en los diferentes países de la UE y de la Eurozona.

Desde la crisis, la relación entre Atenas y las entidades internacionales que otorgaron los dos rescates de Grecia –por valor de 250.000 millones de euros– ha sido difícil, al punto que cada desembolso de la ayuda ha estado condicionado al cumplimiento de los compromisos de austeridad del país.

Ahora la situación ha empeorado con la llegada al poder del partido Syriza, a finales de enero, que eligió como Primer Ministro a Alexis Tsipras.

Se acusa al nuevo gobierno de extrema izquierda, que dirige Tsipras, de haber destruido la frágil recuperación de la economía griega con su decisión de pedir una renegociación de las condiciones del rescate. También se les acusa de ser incompetentes y pintorescos, por solicitar una renegociación sin ofrecer reformas ni una agenda para sus acreedores, o por creer que se puede pedir menos austeridad sin más.

La nueva postura de Atenas ha provocado que montos sustanciales de dinero salgan volando del país ante el riesgo de impago del gobierno.

Además, al nuevo gobierno se le acusa de desvanecer la poca confianza que tenían el Banco Central Europeo (BCE), que dirige Mario Draghi; la Comisión Europea (CE), presidida por Valdis Dombrovskis, y el FMI, que dirige Christine Lagarde, en cuanto al compromiso, la voluntad y la decisión de Grecia de ceñirse al rescate e implementar el paquete de reformas y medidas de salvamento.

Atenas no está sola

Pero algo especial, y si se quiere inusual, debe haber en la posición del partido Syriza, porque reputados economistas, premios nobel y centros de pensamiento han hecho análisis que apoyan la razonabilidad que busca el gobierno de Atenas.

Por un lado, algunos críticos de las instituciones europeas señalan que, en el momento de mayor crispación durante la crisis financiera que se vivió tras la quiebra de Lehman Brothers, en 2008, la banca alemana tenía una alta exposición en Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia, que superaba el valor del capital reflejado en el patrimonio de las entidades alemanas. Un impago de Grecia en ese momento de mayor inestabilidad financiera de Europa hubiese significado un efecto contagio para el resto de la periferia europea, pudiendo llegar a representar la insolvencia de la banca alemana.

Esto abre paso, al menos teóricamente, a la inquietud de si los rescatados fueron los contribuyentes griegos al evitar una quiebra de su gobierno y su sistema financiero, o si los beneficiarios fueron los contribuyentes alemanes, al evitar un contundente golpe al suyo. Una posición que no dista mucho de quienes denuncian que dentro del pésimo diseño institucional de Europa, el dinero ha fluido de países débiles a países fuertes, en lugar de ser al contrario.

No obstante, la responsabilidad de Grecia por su sobreendeudamiento está fuera de discusión. El nuevo gobierno de Atenas se ha mostrado decidido a reconocer públicamente que existe un sistema político capturado por la corrupción en Grecia, y que en efecto ha habido una pésima administración del país. Por lo mismo, critica las privatizaciones exigidas con el rescate.

El gobierno del primer ministro Tsipras reclama que las ventas de activos públicos no han ido a cumplir el propósito de desarrollo y fortalecimiento del sector productivo sino a favorecer esa corrupción del sistema y deteriorar el aparato empresarial y laboral del país. Denuncia también que quienes han resultado afectados por la política de favorecer al sector privado son las familias más vulnerables y no los más ricos.

A su vez, el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, ha resaltado que la austeridad en Grecia es una condición inevitable para no volver a depender en el futuro de la banca internacional, que desde la crisis cogobierna el país.

Sin embargo, el marco de la Ocde, Joseph Stiglitz resalta que ningún país ha logrado durante años tener un ahorro público antes del pago de intereses de su deuda, de 4,5% del PIB, como se le exige a Grecia. Stiglitz ha concedido que ello no solo implica destruir la inversión pública sino también deprimir del todo la inversión privada, haciendo del paquete de reformas una fórmula para agudizar la depresión económica.

A su vez, Varoufakis ha resaltado como, con una morosidad cercana a 40%, el flujo del crédito en la economía está paralizado. Esta situación no solo deprime la actividad de las empresas, la inversión productiva y las exportaciones del país, sino también ha conllevado a que la informalidad laboral alcance niveles de 30% y el desempleo juvenil sea de 60%. Elementos que sin duda desalientan aún más la perspectiva de largo plazo de la economía y de las finanzas públicas.

Para Stiglitz, la queja de Varoufakis es procedente en la medida en que cada propuesta de reforma pro recuperación de Grecia ha ido acompañada de pronósticos del BCE que han resultado monstruosamente errados. Es la arrogancia de las instituciones acreedoras, que se niegan a reconocer públicamente esas equivocaciones y persisten en imponer las mismas fórmulas, y que a juicio del premio Nobel “habla por sí sola de la crisis institucional en Europa”.

También se ha denunciado que existe una campaña de desinformación económica con respecto a Grecia. Su ministro de Finanzas pone de relieve que en 2014 el PIB creció 0,4%, porque la caída nominal de la producción tuvo un ritmo inferior a la caída en los precios, lo que revela más una depresión que una recuperación económica.

Si en las primeras de cambio hubo indignación mundial con el derroche y la falsedad de las cifras reportadas por Grecia, en este nuevo episodio la institucionalidad internacional y europea van camino a terminar siendo muy cuestionadas por voces expertas e independientes. ¿Qué pensará el ciudadano común europeo? .
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