| 9/1/2016 12:00:00 AM

Los retos de Bachelet con el debate pensional en Chile

El debate pensional chileno está al rojo vivo, mientras organizaciones sociales piden acabar con las AFP, expertos insisten en que no es posible por el envejecimiento de la población. Un reto para Bachelet.

Hace 35 años, cuando el gobierno de Augusto Pinochet creó un nuevo modelo de pensiones, basado en un esfuerzo de ahorro individual en el que el pago de las jubilaciones ya no estaba a cargo del Estado, sino de cada trabajador, se pensaba que esa iba a ser la solución para unos sistemas pensionales cada vez más desfinanciados.

La esperanza fue tan grande que poco a poco varios países decidieron implementar este sistema y uno de los primeros en seguir los pasos de Chile fue Colombia, que lo hizo 13 años después.

Sin embargo, en el mercado pionero de las Administradoras de Fondos y Pensiones (AFP) las cosas hoy no lucen bien y, de hecho, los grandes problemas que tiene el sistema pensional chileno se han convertido en uno de los principales dolores de cabeza de la presidente Michelle Bachelet.

Lea también: Sistema de pensiones chileno condena a miles de jubilados

Las quejas de los chilenos frente a su sistema de pensiones son contundentes: por un lado, el esfuerzo de ahorro lo hace solo el trabajador (en el caso de Colombia el empleador también hace un aporte), tampoco hay un límite mínimo para las pensiones (acá, por decisión de la Corte Constitucional, no puede ser inferior al salario mínimo) y, por el otro, los ingresos que reciben los pensionados chilenos son en promedio de 38% del último salario que recibieron. Es más, 90,75% de los jubilados recibe pensiones inferiores a US$233, casi la mitad del salario mínimo del país, según un informe de la Fundación Sol.

El mismo estudio establece que las AFP chilenas aumentaron en 71,4% sus ganancias durante los primeros diez meses de 2015.

Esto ha generado un descontento generalizado y ha motivado la creación de movimientos sociales como el grupo No+AFP, el cual se dedica a hacer plantones en las oficinas de las AFP, al tiempo que convoca marchas y cacerolazos. De hecho, el pasado 21 de junio tuvieron una de sus manifestaciones que, según los organizadores, alcanzó una asistencia de un millón de personas.

Tras un acuerdo

Para responder a las protestas, Bachelet propuso un acuerdo nacional enfocado en lograr una reforma pensional que ayude a “mejorar las pensiones para todos, pero con un camino sostenible en el tiempo”, dado que por el envejecimiento de la población cada vez es más difícil pagar las jubilaciones.

La propuesta de No+AFP es acabar con el sistema de capitalización y volver a uno de prima media (como opera Colpensiones en Colombia), en donde los más jóvenes aportan con su trabajo a una bolsa común que sirve para pagar a los retirados, además con subsidio del Estado.

Otra de las propuestas que se han barajado en Chile es que las empresas también hagan un aporte a la cotización del trabajador. La idea sería pasar de 10% actual a 15% y la diferencia sería pagada por los empleadores, el proceso sería gradual para no afectar la generación de empleo y, por eso, Bachelet ha pedido generosidad a todos los sectores políticos para avanzar en esta materia.

Aunque hay un relativo acuerdo en este frente, la discusión que sigue tiene que ver con el destino del 5% adicional, pues unos piden que sirva para subsidiar a quienes tienen las pensiones más bajas y otros opinan que debe ir a la cuenta individual de cada cotizante, pues así puede mejorar el monto de su jubilación.

Otra propuesta es igualar la edad de jubilación de hombres y mujeres. Hoy los chilenos se pensionan a los 65 años y las chilenas a los 60. Algunos sectores han propuesto subir la edad de retiro, como lo han hecho muchos países, con el argumento de que por cada año que se posterga la pensión en el país austral se obtiene un rendimiento de 9% adicional en la pensión; lo que cada vez va a ser más necesario, debido a la mayor expectativa de vida. Pero en el gobierno han descartado el aumento de la edad.

Regreso al populismo

Las AFP chilenas, que en un principio fueron 20 y hoy son 6, han respondido que volver al sistema de reparto supone para los trabajadores perder la propiedad de sus ahorros, que deben ser traspasados al Estado para entrar a un sistema de “beneficio definido, que de ‘definido’ solo le queda el nombre”.

Así respondió en una carta al diario El Mercurio el presidente de la Federación Internacional de AFP, Guillermo Arthur, quien antes presidió el gremio en su país.

Recuerda además que dos países han hecho reversión de sus sistemas de capitalización individual: Argentina y Hungría, y en ambos casos los fondos acumulados por los trabajadores se traspasaron al Estado. Además, asegura que durante los últimos 20 años en 75 países con sistemas de reparto se aumentaron las tasas de cotización, en 52 se elevó la edad de retiro y en 64 ajustaron la fórmula de beneficios o disminuyeron de plano el monto de las pensiones.

Así mismo, el analista internacional Carlos Alberto Montaner escribió un blog en el portal español Libertad Digital en el que dice que los chilenos con su aspiración de acabar las AFP estarían regresando al populismo, en el que exigen que el Estado les pague todo.

Agrega que los sistemas de jubilación basados en el modelo de reparto están en crisis o se encuentran abocados a ella, pues al igual que las pirámides dejan de funcionar cuando no ingresan suficientes cotizantes nuevos para financiar a los que ya están pensionados. “Cuando comenzó el sistema de capitalización, en Chile había 7 trabajadores por cada jubilado. Hoy hay menos de 5. A mediados del siglo XXI serán 2”, reitera.

Si bien Bachelet y su equipo están intentado llegar a un acuerdo para resolver el lío pensional, el grupo de No+AFP ya anunció que, si el tema no se vuelve prioritario y se empiezan a tomar medidas, convocarán a un paro nacional el 4 de noviembre. Ojalá no tengan que llegar a ese punto y logren pronto una solución por el bien de trabajadores y empresas, así como por el de todos los países que han estado inspirados por el modelo chileno.

¿Acá puede pasar lo mismo?

Santiago Montenegro, presidente de Asofondos, asegura que pese a que en Colombia el modelo se inspiró en Chile, hay varias diferencias que hacen que los sistemas tengan resultados diferentes.

En primera instancia, en Chile hay una tasa de cotización muy baja, solo 10% del salario; en Colombia es de 11,5% (donde dos terceras partes las aporta el empleador); allá, además, no hay pensión mínima y, por lo tanto, puede haber pensiones de US$20. Tampoco tienen fondo de garantía de pensión mínima, como sí tenemos en Colombia. Dicho fondo brinda pensiones a quienes no cuenten con suficiente capital pero tengan 1.150 semanas de cotización.

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