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El nuevo director de la OMC es un diplomático brasilero de carrera, nacido hace 55 años en Salvador de Bahía, carismático y reconocido por su gran habilidad para construir consensos.

| 5/16/2013 5:40:00 PM

El zar del comercio

El nuevo director de la OMC es un diplomático de carrera de uno de los países más proteccionistas del mundo. Tendrá que impulsar la liberalización mundial del comercio.

Como un triunfo para la diplomacia brasilera y un reconocimiento a los países emergentes fue calificada la reciente elección del embajador brasilero Roberto Carvalho de Azevêdo en la dirección de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a partir del próximo primero de septiembre.

Motivos de orgullo sobran. Por primera vez un latinoamericano llega a la dirección de esta entidad, cuya burocracia ha estado dominada por los países desarrollados, y lo hace en momentos en que América Latina se convierte en la estrella del crecimiento económico mundial, en medio de una crisis que sigue afectando a los países ricos.

La presidente de Brasil, Dilma Rousseff, y su ministro de Relaciones Exteriores, Antonio Patriota, han salido a agradecer el apoyo de quienes votaron por el candidato y han destacado el papel que cumplirán los países emergentes en el proceso de reactivación de la Ronda Doha, estancada desde 2008 y de cuya dinámica depende que la OMC vuelva a ser una entidad relevante en el comercio mundial.

El nuevo director de la OMC desplegó desde comienzos de este año una maratónica campaña por 50 países, tras la cual logró 96 de los 159 votos emitidos. En la última ronda venció al exsecretario de Comercio de México, Herminio Blanco, quien contaba con los votos de Estados Unidos y la Unión Europea. Blanco, de 62 años, era percibido como un candidato muy proclive a defender los intereses de los países ricos, y esto le restó votos entre los emergentes.

El nuevo director es un diplomático de carrera conocido por su habilidad para generar consensos. Nació el 3 de octubre de 1957 en la ciudad de Salvador de Bahía y, después de graduarse como ingeniero de la Universidad de Brasilia, ingresó en 1984 a la Academia Diplomática. Está casado con Farani Azevêdo, embajadora de su país ante la ONU en Ginebra.

A Azevêdo le atribuyen el éxito en dos gestiones claves para solucionar conflictos comerciales de Brasil: contra los subsidios al algodón de Estados Unidos y contra los subsidios a la exportación de azúcar de la Unión Europea.

Sin embargo, no todos creen que este nombramiento sea un motivo para celebrar. La llegada de Brasil a esta posición podría neutralizar el discurso que en el pasado ha tenido para defender los intereses de los emergentes. Ahora este país tendrá que pasarse a las filas de quienes defienden la liberalización total del comercio mundial.

Hay quienes sostiene que este país es uno de los principales ‘palos en la rueda’ para avanzar en la liberalización del comercio mundial y le atribuyen el estancamiento de las negociaciones en 2008, cuando el férreo bloque opositor liderado por Brasil dejó en un limbo a la entidad multilateral.

Pero, además, hay quienes creen que será titánico sacar del estancamiento la negociación multilateral pues los países han acelerado las negociaciones bilaterales. Hasta enero de 2013, en la OMC estaban registrados 534 acuerdos bilaterales, de los cuales 354 son vigentes –la mitad se negoció en 2012–.

En un reciente artículo de la influyente revista Veja, el analista político Reinaldo Azevedo calificó la elección en la OMC como un “reconocimiento a la incompetencia de Brasil” en materia comercial –su país solo tiene tres acuerdos bilaterales y uno multilateral– porque “el mundo sabe (que esta entidad) es irrelevante”. El reto del embajador Antonio Carvalho de Azevêdo será demostrar lo contrario.
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