| 4/11/2012 6:00:00 PM

El tour de Francia

La carrera por la presidencia entró en su recta final: Sarkozy es más beligerante y Hollande busca capitalizar el inconformismo con la crisis y el desempleo.

A comienzos de marzo, la suerte no parecía sonreírle al presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. Los escándalos de corrupción al interior de su partido –el conservador–, el débil comportamiento de la economía y el fracaso de las recetas para sacar de la crisis a la Unión Europea (UE) parecían sepultar su proyecto de repetir periodo en el palacio del Elíseo.

Su principal contendor, el socialista François Hollande, parecía estar ganando la etapa y se ubicaba en las encuestas con la mayor intención de voto para la primera vuelta, el 22 de abril, y como ganador de la segunda, el 6 de mayo.

Sin embargo, en menos de cuatro semanas un Sarkozy más beligerante, beneficiado por las metidas de pata de sus adversarios y que manejó hábilmente la persecución a los autores de los atentados terroristas en Tolouse y Montauban –un saldo de 7 muertos– ha vuelto a la carrera con altas probabilidades de quedarse con el premio final. ¿Qué tan dura puede ser esta prueba?

Tras intentar varias estrategias para frenar el avance de sus adversarios, entre ellas sus repetidas –y mediáticas– apariciones en las cumbres europeas convocadas para conjurar la crisis en la UE, el presidente francés ha encontrado en la ‘mano dura’ y la confrontación directa, la mejor forma de ganar votos. Esta fórmula la aplica tras los atentados del 19 de marzo contra una escuela judía, cuando anunció una ‘cacería’ a los autores de los atentados, que incluyó espectaculares allanamientos a los autores y cómplices, ampliamente divulgados por los medios en las últimas semanas.

Pero también su tono agresivo le está dando réditos. Por ejemplo, la primera semana de abril, Sarkozy se fue lanza en ristre contra Hollande y comparó el resultado negativo que ha tenido la economía de España con el que les espera a los franceses de elegir un presidente socialista. El airado rechazo de los políticos españoles del Psoe no se hizo esperar, mientras que un pusilánime Hollande decidió conminarlo a ‘no ofender a sus vecinos’.

El resultado se ha visto. Sarkozy se acerca a los 30 puntos de favorabilidad en las encuestas a escasos días de la elección, superando a un Hollande a quien le reprochan su falta de contundencia y de experiencia en el manejo de lo público. Las propuestas del socialista, de reorientar el pacto de estabilidad fiscal y rechazar el plan de austeridad impuesto por la UE, no terminan por convencer a los franceses y ha generado animadversión entre los mandatarios de otros países europeos que temen por la suerte del Eurogrupo.

Sin embargo, el candidato socialista tiene a su favor el creciente inconformismo por el manejo económico del país y una tasa de desempleo que a febrero alcanzó 6,2% anualizado, una cifra que no se veía desde 1999.

Y como si la elección no tuviera suficientes ingredientes de intriga, un tercer candidato en disputa, Jean-Luc Mélenchon –de izquierda– ha comenzado a ganar espacio y ya su favorabilidad alcanza 18%. Con un discurso ultranacionalista –algunos lo llaman el ‘petit Chávez’– está llenando plazas públicas con seguidores de sus propuestas de aumentar las pensiones y contravenir la política de austeridad.

Pero, más allá de los discursos pintorescos y las estrategias de campaña, Francia está por definir no solo el modelo económico del país; también el futuro de la Unión Europea.

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