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El presidente Barack Obama amenaza con vetar los beneficios fiscales, en especial si incluyen a quienes ganan más de US$250.000 al año.

| 6/7/2012 9:00:00 AM

El Taxmageddon

Mientras la campaña presidencial copa la atención de los estadounidenses, el Congreso de ese país trata de desactivar una bomba tributaria que amenaza con poner al Tío Sam al borde de la recesión.

Como si las preocupaciones por el sobreendudamiento europeo y la desaceleración china no fueran suficientes, un nuevo peligro –que en realidad no es tan nuevo aunque sí cada vez más inminente–, acecha a la economía global. Se trata de un cambio en las finanzas públicas en Estados Unidos, previsto para arrancar en 2013, y que podría poner al Tío Sam otra vez al borde de una recesión.

El 31 de diciembre de este año expirarán algunas reducciones de impuestos que venían desde la administración de George W. Bush, al tiempo que se tendrán que realizar recortes de gastos fiscales, lo que según la Oficina Presupuestaria del Congreso de Estados Unidos tendrá un valor de US$607.000 millones.

El 22 de mayo la mencionada Oficina también anunció que el alza de impuestos hará que su país se contraiga 1,3% en el primer semestre de 2013 y volverá a crecer en el segundo, para terminar el año con un avance de apenas 0,5%.

Dado el fuerte impacto que tiene para el mundo una recesión de la locomotora global, la prensa estadounidense decidió llamar este peligro como el Taxmageddon, juntando las palabras tax (impuestos) y Armageddon que, además de la famosa película, es un término bíblico que aparece en el Apocalipsis para referirse al fin del mundo.

El temor radica en que si bien, como en la película, existe la posibilidad de salvar el mundo (en el cine había que detener un meteorito), la decisión está en manos del Congreso estadounidense en plena campaña y no le pondrá atención al tema hasta después de elegir al nuevo mandatario estadounidense en noviembre.

Las apuestas indican que el Taxmageddon solo se podrá desactivar durante el llamado Lame Duck, que es el periodo postelectoral mientras el Jefe de Estado y los congresistas arrancan su nuevo mandato en enero.

El lío es que hasta ahora la administración de Barack Obama no ha demostrado liderazgo en el Congreso y si el año pasado casi no logra que le aumentaran el techo de la deuda, esta vez la tendría más difícil pues los sondeos indican que Obama podría seguir siendo el inquilino de la Casa Blanca, pero sus opositores republicanos ganarían más espacio en el Legislativo, al quedarse como líderes de la Cámara y alcanzar la mayoría en el Senado.

Ni en la campaña

El Taxmageddon también genera preocupación porque no está entre los temas de campaña y tanto republicanos como demócratas mantienen posiciones enfrentadas. Los primeros insisten en que para evitar una catástrofe tributaria hay que extender por más tiempo los beneficios fiscales de la era Bush, mientras Obama se niega a discutir el tema en el Congreso y amenaza con vetar la prórroga de dichos beneficios, en especial si incluyen a quienes ganan más de US$250.000 al año.

“Obama prefiere no hacer nada ahora (para evitar una desaceleración) y está dispuesto a soportar una recesión con tal de poner a tributar más a los ricos. Este enfoque ejemplifica a la perfección su apego ideológico a la distribución del ingreso en detrimento del crecimiento y del empleo y muestra por qué la recuperación no ha despegado”, sostiene la columnista del Washington Post, Jennifer Rubin.

Por su parte, el candidato republicano, Mitt Romney, en una entrevista con Time dijo que, si es elegido, una vez se posesione bloqueará los recortes de gastos y evitará que expiren los beneficios fiscales (que incluyen más impuestos a la nómina y un aumento del gravamen mínimo que debe cancelar todo contribuyente).

Así las cosas, la resolución de este problema no se ve en el corto plazo y ya los empresarios prendieron sus alarmas. Una encuesta realizada con vicepresidentes financieros de 300 empresas de Estados Unidos y publicada por The Fiscal Times muestra que su principal preocupación para este año es la incertidumbre tributaria, lo que ha hecho que pongan sus planes de inversión en pausa. 

Entre otras cosas, les preocupa que expire el crédito fiscal por investigación, que aumente la tasa por ganancias de capital de 15% a 20% y que los dividendos se graven como ingreso ordinario, con una tasa de 39,6%.

A eso se suma el impacto sobre las ventas de las empresas, pues se prevé que, si los hogares deben pagar más impuestos, tendrán menos ingreso disponible para gastar.

Toca darse el lapo

El miedo por el Taxmageddon es inocultable, pues además del alza de impuestos trae recortes en gastos del gobierno en temas tan sensibles como salud y defensa. De hecho, en lo que respecta a este último frente las alarmas están encendidas, más que por seguridad, por el efecto en el empleo, ya que algunas de las empresas dedicadas a este negocio señalan que se perderían un millón de puestos de trabajo al recortar la inversión.

No obstante, la misma Oficina de Presupuesto del Congreso, que advirtió del costo de esta situación, dijo que es necesario hacer un ajuste fiscal, pues de mantenerse las políticas actuales, las finanzas públicas de Estados Unidos van a ser insostenibles.

Agregó que se debe frenar la deuda federal, que hoy alcanza 70% del PIB, la más alta desde 1951, pues crece más rápido que la economía y la meta es recortar el presupuesto en 5,1%, monto pactado el año pasado cuando se logró aumentar el techo de la deuda.

La fecha límite para que el meteorito fiscal estadounidense choque contra la economía global se acerca, mientras Ejecutivo y Legislativo no hacen nada para que no se los cobren los electores. Ojalá esta incertidumbre no se agrande con la crisis europea, porque entonces el Tío Sam tendrá que apretarse muy fuerte el cinturón.





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