| 2/15/2012 6:00:00 PM

El rival de Chávez

Un abogado caraqueño de 39 años encarna la ilusión de los opositores venezolanos de sacar a Chávez del poder. De lograr la hazaña, estos son los retos que enfrenta.

Henrique Capriles Randoski no es una estrella de rock, aunque su carisma lo ha convertido en el nuevo ídolo de millones de venezolanos. Tampoco quiere que lo comparen con el David que venció a Goliat, a sabiendas del desafío que enfrentará el 7 de octubre próximo, cuando se medirá en las elecciones con el candidato-presidente Hugo Chávez Frías.

Capriles prefiere seguir siendo el abogado irreverente y convencido de las causas sociales, con una carrera meteórica en la política que inició a los 26 años, y que con un discurso incluyente y sin controversias ganó la consulta de los partidos de oposición el pasado 12 de febrero. Ese día logró 64% de los votos, en una jornada que algunos califican de apoteósica pues no se esperaban más de 2 millones de votantes y la cifra superó los 3 millones.

Su vida ha estado marcada por los retos. Fue el presidente más joven de la Cámara de Diputados en 1999, aunque salió del cargo cuando el presidente Hugo Chávez disolvió el Congreso para crear la Asamblea Nacional, donde logró las mayorías. En 2000, junto a un grupo de amigos cansados de la política tradicional, fundó el partido Primero Justicia, luego fue alcalde de Baruta y, posteriormente, Gobernador del estado Miranda, donde obtuvo la reelección venciendo al candidato de Chávez. A sus 39 años, Capriles –un acomodado abogado de la Universidad Andrés Bello, hijo de inmigrantes judíos dueños de una cadena de medios y con inversiones inmobiliarias–, se convirtió en el candidato oficial de los partidos de oposición que hacen parte de la denominada Mesa de Unidad y que busca acabar con 14 años que completará Chávez en el poder.

¿Qué le espera en la carrera por la presidencia de Venezuela? Aunque la euforia generada por la copiosa votación del candidato de Primero Justicia –cerca de 1,9 millones de los 3 millones de sufragios en las inéditas elecciones primarias– ha puesto a soñar a sus seguidores con una posible derrota de Chávez, las cosas no serán fáciles. Varios de los seguidores del Presidente han dicho que esta es una victoria pírrica y anticipan una lucha feroz.

La bienvenida de Chávez a su contrincante fue un contundente “¿Quieren batallar? Bueno, aquí estoy yo y voy a batallar sabroso”. Y los opositores saben que tiene cómo hacerlo: un abultado presupuesto al servicio de la causa bolivariana –que lo ha mantenido atornillado en el poder–, y mayores ingresos por cuenta de los altos precios del petróleo.

Pero entre los opositores hay quienes aseguran que esta vez las cosas podrían ser distintas por dos razones: la unidad y la estrategia. En el pasado, la oposición llegó dividida a la contienda electoral y perdió fuerza con candidatos que confrontaban directamente con un Hugo Chávez cada vez más hábil para explotar las debilidades de sus enemigos políticos, especialmente si provienen de la clase alta. Por este camino, varios candidatos opositores resultaron ‘quemados’ frente a un presidente arrollador, con una base popular muy fuerte.

En materia de estrategia, el cambio también es radical. Capriles ha optado por lo que el economista Luis Vicente León, director de Datanálisis, califica de “una nueva forma de hacer política” y que se resume en una frase: no pelear con Chávez.

“Capriles es un político joven, moderno, de renovación, que llega con mucha experiencia política pero que no se puede asociar con los partidos tradicionales que en el pasado han generado decepción a los venezolanos. Su propuesta es fresca y está enfocada no en los problemas, sino en las soluciones”, le dijo León a Dinero.

El nuevo contendor no quiere que lo matriculen en la izquierda o en la derecha. Su discurso de campaña fue incluyente y sin controversia, y todo parece indicar que hará alianzas para involucrar a sus rivales y desarrollar un trabajo más social. Pero, aún si logra las mayorías en las urnas el 7 de octubre, los desafíos a partir del 8 se duplicarán.

Alberto Schlessinger, profesor de comercio internacional de la Universidad Sergio Arboleda, asegura que el reto de Capriles, al ganar la elección, será recuperar la institucionalidad y trabajar para unir un país polarizado por más de una década de políticas erráticas.

Capriles tendrá que domar un verdadero potro salvaje: mantener la gobernabilidad –con un estamento militar dividido frente al apoyo a Chávez–, garantizar la institucionalidad, unir al país, atacar la inseguridad, reducir el desempleo y reactivar la economía. Estas metas pasan por lograr un acuerdo nacional que involucre a todos los actores sociales, pero principalmente a las Fuerzas Armadas, que han estado vinculadas con el sostenimiento de Chávez en el poder.

En materia económica, la tarea no es menos difícil: el aparato económico privado ha perdido espacio frente a un papel cada vez más protagónico del Estado. De acuerdo con Fedecámaras, durante el gobierno de Chávez se han cerrado más de 10.500 empresas, en su mayoría industrias; la inversión extranjera es prácticamente nula por cuenta de las expropiaciones y el país depende cada vez más de la renta petrolera y las importaciones de productos básicos que hoy se realizan casi en 80% por entidades del Estado.

“Lo que va a encontrar Capriles en los cajones del gobierno el 8 de octubre va a ser dramático, con un agravante: que el poder se lo entregan casi tres meses después y el actual mandatario podrá hacer lo que quiera en ese periodo”, asegura un analista.

Para la oposición, el sueño es arrebatarle a Chávez unas elecciones que podrían cambiar el rumbo del país. Pero quizás quien llegue a ocupar el puesto de Chávez encuentre que ese sueño tiene mucho de pesadilla.


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