| 1/21/2016 12:00:00 AM

Las desafortunadas coincidencias de Rousseff y Collor de Mello

Tal como le ocurrió a su colega Fernando Collor de Mello, la presidente Dilma Rosusseff enfrenta la posibilidad de ser destituida, lo cual ha hecho que no se concentre en solucionar la grave crisis económica.

Tienen casi la misma edad (ella 68 y él 66), lideraron la séptima economía del planeta y aunque sus orígenes políticos son distintos, ambos enfrentaron la posibilidad de ser destituidos de su cargo.

Por eso Fernando Collor de Mello se ha convertido en un referente para la actual presidente de Brasil, Dilma Rousseff, pues desde la Constitución de 1988 es el único mandatario que ha pasado por un impeachment (juicio político), que lo llevó a renunciar antes de que el Congreso terminara sus investigaciones y tomara la decisión final.

Las acusaciones en ambos casos se refieren a problemas de corrupción. Collor de Mello fue investigado por establecer un gran esquema de tráfico de influencias y lobby gubernamental a cambio de sobornos para obtener dinero de empresarios y funcionarios públicos. En el caso de Rousseff, se le tilda de haber maquillado ilegalmente la situación fiscal de Brasil antes de su reelección en 2014.

Collor de Mello prometió en campaña controlar la inflación y no solo no lo logró, sino que un año después de posesionado, en 1991, el nivel de precios alcanzó un escandaloso 480%. Rousseff enfrenta una inflación descontrolada, que ya supera el 10%, que además se suma a una fuerte recesión económica y a la descalificación del país.

Ambos registran niveles muy bajos de popularidad. En 1992, cuando renunció, Collor de Mello tenía una desaprobación de 68%, mientras que la de Rousseff está en 71%. La ventaja de la primera mujer presidente de Brasil es que la Corte Suprema de Justicia le dio oxígeno al determinar que la apertura del juicio político sea resuelta por el Senado en lugar de la Cámara de Diputados, donde el gobierno tiene menos apoyo.

Otro punto a favor de Rousseff es que durante el actual receso de seis semanas del Legislativo –por las festividades de fin de año–, ha trabajado con su equipo para buscar el apoyo de la mayor cantidad de congresistas y así ganar el juicio.

¿Anuncios contradictorios?

Para lograr su objetivo, según un análisis de Bloomberg, Dilma ha hecho varios anuncios con los que busca recuperar la confianza en la economía.

El primero fue a finales del año pasado con el cambio de ministro de Hacienda, nombrando al economista de izquierda Nelson Barbosa, para así congraciarse con sus electores del Partido de los Trabajadores (PT), también de izquierda. En la misma línea decretó un aumento del salario mínimo para 2016 de 11,6%, lo que fue criticado por estar más de un punto por encima de la inflación.

“Lo que vemos es una mezcla de contradicciones. Por un lado, Barbosa se compromete a obtener un superávit fiscal primario de 0,5 % del PIB este año, a restablecer el impuesto a las transacciones financieras y a avanzar en las reformas estructurales destinadas a reducir los desequilibrios fiscales de largo plazo. Y, por el otro, la presidente Rousseff sube el mínimo más de lo esperado, habla de normas más flexibles para el endeudamiento de los gobiernos locales y de la expansión del crédito de los bancos oficiales (política cuasi-fiscal) para reavivar la economía”, advierte un informe del Deutsche Bank.

En este banco de inversión consideran que el actual problema de Brasil es que su gobierno, más que concentrarse en solucionar la crisis económica –que podría llevar a una contracción de 3,8% este año–, solo está trabajando para evitar el juicio político. Para ellos, la presidente necesita el apoyo del izquierdista y tradicional PT, que se opone ferozmente al ajuste fiscal, el cual es necesario para sacar al país del atolladero.

Récords negativos

Brasil está sufriendo al igual que otras economías emergentes por la caída en el precio de las materias primas y el alza de las tasas de interés en Estados Unidos, pero ha sentido el golpe con más fuerza al vivir hoy la mayor recesión en un siglo y registrar en el tercer trimestre de 2015 una contracción de 4,5%, la más alta de su historia para dicho trimestre.

Los problemas políticos del gobierno Rousseff, sumados a los escándalos de corrupción, hicieron que una situación mala se convirtiera en caótica.?Esto hace que las promesas de ajuste sean poco creíbles. Por ejemplo, en el Deutsche Bank estiman que este año no habrá superávit fiscal, sino un déficit de 0,7% del PIB; así, la deuda pública seguirá creciendo y las agencias calificadoras podrían considerar una baja adicional de la nota de Brasil en 2016.

En el frente tributario destacan que el gobierno aprobó una reforma de repatriación de capitales, con lo que recaudaría unos 21.000 millones de reales (US$5.177 millones) este año, pero no ven factible la aprobación del impuesto a las transacciones financieras, que estuvo vigente hasta 2007, pero que tiene muchos contradictores. A esto se suma el hecho de que con la recesión prevista se van a reducir los actuales ingresos tributarios.

El problema con Brasil es que, por el tamaño de su economía, su crecimiento negativo contagia a toda Latinoamérica. En el más reciente infome de Perspectivas Mundiales del FMI, estiman que en 2015 y 2016 la región decrecerá 0,3% anual, experimentando dos años consecutivos de contracción, algo que no se veía desde 1982-1983.

Mientras los organismos internacionales continúan haciendo vaticinios negativos sobre Brasil, Rousseff mueve todas sus fichas para evitar ser destituida, pues la más reciente encuesta de intención de voto de los congresistas muestra que hay un 42% a favor, 31% en contra y 27% que aún no se ha decidido.

La salida de Dilma produciría más inestabilidad, pero sería bien recibida por los mercados, que han visto el juicio político como positivo. La explicación detrás de este comportamiento, dice el banco Natixis, es que un cambio de gobierno podría llevar a que las medidas impopularesse aprueben más rápido. “Esto, sin embargo, traerá más estanflación en el corto plazo, pero pavimentaría una recuperación de largo plazo”, explica la firma.

Si el paralelo entre Collor de Mello y Rousseff continúa, tal vez el cambio de gobierno sirva para darle un nuevo impulso a Brasil, pues tras el mandato del primero vino un tiempo de transición que le abrió el camino a Fernando Henrique Cardoso, presidente al que se le atribuyen muchos de los avances que tuvo el país. Collor de Mello logró sacudirse de su mala imagen y en 2006 fue elegido senador, así que Dilma podría volver a la vida pública en el futuro.

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