| 9/13/2012 6:00:00 AM

El paciente inglés

La recesión tiene en jaque al Primer Ministro inglés, quien acaba de ajustar su gabinete para oxigenar el gobierno. Pero hay quienes creen que la austeridad seguirá siendo la fórmula.

Con una nueva alineación, el primer Ministro de Gran Bretaña, David Cameron, acaba de recomponer su equipo de gobierno y se prepara para jugar un segundo tiempo en el que busca remontar los flojos resultados obtenidos hasta ahora.

Desde su posesión en mayo de 2010, al conservador Cameron le ha tocado ‘bailar con la más fea’. La doble recesión de la economía británica, las crecientes protestas sociales como consecuencia de su política de austeridad y un ambiente político cada vez más caldeado en su coalición de gobierno –con el Partido Liberal Democrático–, lo han puesto contra las cuerdas.

Para mantener su liderazgo, optó por la recomposición de su gabinete el pasado 4 de septiembre, y por apostarle ‘al ladrillo’ para reactivar la alicaída economía.

Los cambios en el gabinete incluyen los ministerios de Transporte, Desarrollo Internacional, Justicia, Educación Secundaria, Sanidad, Cultura y Medio Ambiente, entre otros. Sin embargo, ‘atornilló’ a dos cargos clave, sus ministros de Finanzas, George Osborne, y de Relaciones Exteriores, William Hague.  El primero ha sido fuertemente criticado por su dura política de austeridad, que se considera la principal causa del estancamiento económico.

Analistas políticos ven la recomposición del gabinete como un mayor viraje a la derecha. Para el diario inglés The Independent, con los nombramientos, Cameron “inclinó la balanza hacia la derecha al promocionar a tradicionalistas conservadores y debilitó la influencia de los liberales demócratas dentro de la coalición”.

Las críticas no se han hecho esperar. Los partidos de oposición creen que, tal como conformó su equipo, de aquí a 2015 –cuando termina su mandato–, se reforzará su cuestionada política de austeridad y de recortes de beneficios sociales. El jefe del partido laborista, Ed Miliband, aseguró que se trata de “las mismas viejas caras y las mismas políticas fallidas”.

Hasta en su propio partido hay insatisfechos con su gestión. En los diarios británicos han surgido versiones según las cuales el diputado conservador Bob Stewart confesó que algunos colegas de su partido le pidieron retar el liderazgo de Cameron de cara al congreso anual del partido –en octubre próximo–, mientras que el diario Mail on Sunday asegura que el alcalde de Londres, Boris Johnson –con alta popularidad tras los Juegos Olímpicos– no descarta presentarse a unas elecciones parciales al parlamento para tener la posibilidad de alcanzar el liderazgo del partido.

La economía británica pasa por un momento crítico. En 2008 se vio duramente afectada por la recesión mundial y desde del año pasado ha sentido de nuevo el rigor de la caída, como consecuencia de la crisis de deuda que afecta al eurogrupo.

Durante tres trimestres seguidos la economía ha caído, minando el capital político de Cameron. En segundo trimestre de este año la caída fue de 0,5%, inferior a lo que se había pronosticado, mientras en julio hubo un respiro en el crecimiento industrial y en el turismo.

Sus críticos atribuyen los escasos resultados económicos a la dura política fiscal. A finales del año pasado, el gobierno anunció que eliminará 700.000 empleos en el sector público; la congelación de los salarios de empleados oficiales; el aumento de 3% en el aporte a la seguridad social para los trabajadores y el aumento en la edad de jubilación. También hubo recortes en los presupuestos para salud y educación, lo que ha generado duras protestas sociales.

Pero Cameron, un gran aficionado al fútbol –seguidor del Aston Vila– sabe que el partido no acaba hasta el pitazo final y espera un segundo tiempo de resultados.

Para lograrlo, acaba de lanzar un ambicioso programa de reactivación que incluye la construcción de obras de infraestructura y de unas 70.000 viviendas que generarán 140.000 empleos. La inversión en infraestructura supera los 50.000 millones de euros y unos 12.500 millones para las nuevas viviendas.

Cameron tiene claro que el camino no es fácil y que tomará tiempo; pero, como en el fútbol, una buena alineación y alta motivación pueden llevar a la victoria.

 

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