| 6/26/2013 6:00:00 PM

El nuevo al mando

La llegada a la presidencia de Irán del clérigo Hassan Rohani genera esperanzas en el mundo en cuanto a una distensión política entre Oriente y Occidente. Hay quienes temen que solo sea una estrategia.

Como un verdadero ‘palo’ fue calificado el triunfo del clérigo moderado Hassan Rohani en las elecciones presidenciales de Irán, el pasado 15 de junio, por analistas políticos y periodistas de todo el mundo. Rohani obtuvo 52% de los votos en la primera vuelta –unos 18,6 millones de sufragios–, resultado sorpresivo que le permitió superar a cinco contrincantes cuyos discursos ultraconservadores apuntaban a radicalizar aún más el enfrentamiento con los países de Occidente.

Antes de la elección los analistas políticos no le daban mayor opción a este clérigo de 64 años, quien durante su campaña prometió mejorar la alicaída economía iraní, promover el respeto a los derechos civiles, mejorar la política exterior y la situación de la mujer, lo que marcaba abismales distancias con su antecesor, el belicoso Mahmud Ahmadineyah.

Tras su triunfo, muchos esperan un giro de Irán hacia una auténtica democracia y un acercamiento con Occidente. Pero los desafíos que le esperan al nuevo gobernante, que tomará posesión de su cargo el próximo 3 de agosto, no son de poca monta.

El país atraviesa por una dura crisis económica que hace mella en los bolsillos de los 75 millones de iraníes. Aunque se desconocen las cifras oficiales, se habla de que su inflación supera el 25%, la tasa de desempleo se acerca a 20%, el rial –la moneda iraní– se ha devaluado más de 40% en los últimos años y los ingresos han mermado considerablemente como consecuencia del embargo adoptado en 2012 por Estados Unidos y los países de la Unión Europea para reprimir los planes armamentistas de este país.

Los males económicos se agudizaron hace más de una década, cuando se conocieron los planes de Irán de construir plantas de energía nuclear que el gobierno de George W. Bush interpretó como una estrategia para construir armas atómicas. Bush lo incluyó en la lista de países del ‘eje del mal’. La llegada al poder de Ahmadineyah –que estuvo dos periodos en el gobierno, de 2005 a 2013– agudizó la crisis por su discurso hostil frente a Occidente.

Ahora la elección de Rohani ha generado expectativas favorables sobre un mejor entendimiento del nuevo gobierno iraní con Occidente.

Mientras los gobiernos europeos y de Estados Unidos han tomado la noticia con optimismo moderado, algunos analistas consideran que el tono amigable del nuevo mandatario podría implicar grandes cambios en las relaciones exteriores.

Pero no todos son optimistas. Líderes del Consejo Nacional de Resistencia Iraní en Francia le apuestan a la continuidad de la política ultraconservadora, por los antecedentes políticos de Rohani y su cercanía con el ayatolá Ali Jamenei, el líder religioso que define en Irán los temas de relaciones exteriores y de energía nuclear.

Los opositores creen que la llegada de Rohani es “una mascarada” y lo califican de “genio del engaño”, pues en 2004 participó en las negociaciones del programa nuclear iraní cuya falta de claridad sigue generando incertidumbre en todo el mundo.

Sin duda, la llegada de Rohani le dará un nuevo aire a las relaciones de esta nación musulmana con el resto del mundo. Sin embargo, reparar una economía fragmentada y recuperar la confianza internacional en materia política será un trabajo duro, que no se logrará de la noche a la mañana.
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