| 4/12/2012 2:14:00 PM

El daño del dragón

La desaceleración china es un hecho, aunque no es clara su magnitud ni el impacto que este fenómeno tendrá sobre el planeta. Apuestas encontradas.

Con una caída en los precios de las acciones chinas, que frente a sus pares emergentes están en los niveles más bajos de los últimos cinco años, fue recibida la noticia de que, pese a los esfuerzos del Gobierno, la carestía persiste en la segunda economía del planeta.

En marzo la inflación anual se situó en 3,6%, frente a una expectativa de 3,3%. El costo de vida está impulsado por los alimentos, que subieron 7,5%, y los combustibles, que aportaron otro 7,6%, dos temas cruciales en un país con 1.600 millones de habitantes, muchos de ellos pobres.

Los mayores precios a los consumidores volvieron a encender las alarmas sobre la capacidad de las autoridades chinas para tomar medidas que eviten una fuerte desaceleración económica, pues ante una inflación al alza se hace más difícil bajar las tasas de interés e inyectar liquidez.

Solo hasta el 14 de abril se conocerán las cifras oficiales de crecimiento del primer trimestre, pero al cierre de esta edición las apuestas se ubicaban alrededor de 8,4%, lo que implicará una baja frente al 8,9% registrado el trimestre anterior y la menor cifra en tres años. Esta expectativa refuerza la idea generalizada de lo improbable que será mantener los recientes niveles de crecimiento y lo que viene es determinar qué tan fuerte o suave será el descenso.

Metas a la baja

Los pronósticos de los economistas son diversos, comenzando porque no existe consenso sobre lo que significa un hard landing (aterrizaje duro en la desaceleración) para China, si es crecer por debajo de 8% o de 5%. En lo que sí están de acuerdo es que el 8,9% registrado al final de 2011 fue el resultado de la batalla del gobierno contra la inflación, con restricciones al crédito, alza en las tasas de interés y en los encajes bancarios.

De hecho, esta situación llevó al primer Ministro, Wen Jiabao, a decir en un discurso del 5 de marzo que la meta de crecimiento para este año es de 7,5%, lo que implica ser la primera vez que establecen un objetivo por debajo de 8%, que se supone es lo mínimo para crear suficientes trabajos y asegurar estabilidad social.

China se ha caracterizado por ser uno de los pocos países que superan las proyecciones de crecimiento, pero al parecer este año el resultado final va a estar muy cerca del estimativo oficial. Los expertos consideran que los resultados estarán relacionados con las medidas que tome el gobierno que, además de política monetaria, se debe enfocar en depender menos de sus exportaciones y más de su mercado interno.

Así mismo, entidades como el Banco Mundial, que recientemente publicó un informe sobre el gigante asiático, sostiene que se deben hacer ajustes en el mercado inmobiliario, que está experimentando una burbuja, al tiempo que es necesario reducir la brecha entre ricos y pobres para conseguir un crecimiento más sostenible y equitativo, que ya no esté tan empujado por la inversión (el motor de los últimos años), sino por el consumo.

Con todo y dichos cambios, en el Banco Mundial estiman que el crecimiento chino va a pasar de un promedio anual de 8,6% entre 2011 y 2015 a uno de 7% entre 2016 y 2020.

Foto confusa

Analistas del Financial Times sostienen que la foto actual de China es confusa, pues mientras el índice oficial que mide la producción manufacturera, a marzo, muestra el mejor dato en un año; uno similar, del Hsbc, señala una contracción.

Si bien las manufacturas chinas hoy dependen menos de las exportaciones que durante la crisis financiera de 2008, aún están muy atadas al comercio internacional y, en especial, a Europa, que es su principal comprador y cuya recesión aún está latente.

Hasta febrero, las exportaciones totales registraban un alza de 6,9%, mientras en diciembre crecieron 13,4%, al tiempo que las inversiones en el sector de la construcción (que aporta 15% del PIB) se desaceleraron. “Durante la crisis de 2008, Beijing lanzó un paquete de estímulos destinando millones de yuanes a la construcción de infraestructura, lo que dinamizó la economía. La apuesta es que este año repita el truco y eso ha ayudado a mejorar los pronósticos de crecimiento para 2012, pero expertos cercanos al gobierno sostienen que esta estrategia no tiene la misma capacidad del pasado para estimular la economía”, sostiene el Financial Times, argumentando que ya habrían ‘usado todas las balas’, pues el gasto en infraestructura está en máximos y las tasas de interés no se podrían bajar más.

Otra opinión tiene el banco de inversión Bulltick Capital Markets, que le apuesta a una desaceleración suave (soft landing), pues considera que bajo un régimen autoritario, el gobierno hará todo lo que esté a su alcance para mantener una alta tasa de crecimiento y así evitar la disidencia interna. 

Los expertos de Time coinciden en que el descontento por la inequidad de ingresos y la insuficiencia de servicios sociales podría incrementarse si se detiene el crecimiento. “A nadie le gustaría ver en China una agitación como la que vimos en la pasada primavera en el Medio Oriente. De hecho, a mediados de marzo, el primer ministro Wen señaló que, si no inician las reformas clave, podrían experimentar el suficiente descontento social para precipitar otra revolución cultural como la que sacudió al país entre 1966 y 1976”, sostiene la publicación.

Suave o fuerte, la desaceleración de la fábrica del mundo es una realidad, lo que vendrá ahora será conocer la velocidad con que esa locomotora impulse o frene al resto de economías, en particular las de América Latina, que cada vez dependen más de ella.

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