| 8/29/2012 6:00:00 PM

El club de la pelea

Las quejas por las restricciones comerciales del gobierno de Cristina Kirchner se han multiplicado, pero le han dado un nuevo frente de batalla para afirmar su nacionalismo.

La estrategia pendenciera de la presidente de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, acaba de trasladarse de los escenarios políticos a los económicos, y amenaza con desatar una guerra comercial de grandes proporciones.

Hace apenas unas semanas los discursos de la Kirchner exacerbaban los ánimos nacionalistas argentinos exigiendo en foros políticos y cumbres internacionales el reconocimiento de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas. Varias confrontaciones verbales con altos funcionarios del gobierno británico y pataletas en cumbres regionales daban cuenta de una beligerante mandataria que buscaba proteger los intereses nacionales.

Ahora encendió otro fuego. Desde el 21 de agosto, cuando Estados Unidos y Japón se sumaron a los 27 países de la Unión Europea y otros 20 del resto del mundo que desde mayo han elevado quejas ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por medidas proteccionistas adoptadas a comienzos de año, se abrió un nuevo frente de batalla, esta vez en el campo económico.

Armada de un discurso nacionalista, Cristina la emprendió contra Estados Unidos y Europa; en el primer caso, por el bloqueo a la importación de carne bovina –desde 2000– y a la venta de limones –desde 2001–, mientras al bloque europeo lo acusa de retaliaciones contra su decisión de expropiar la petrolera YPF, que hasta mayo estaba en manos españolas.

Pero, detrás del tinglado nacionalista, crece la inconformidad de tradicionales socios comerciales de Argentina, que han visto un freno en sus negocios. Las quejas provienen de todos los frentes –incluidos socios latinoamericanos– que rechazan el régimen comercial restrictivo y, para algunos, inequitativo.

En su afán por frenar la fuga de capitales, el gobierno argentino estableció restricciones a las importaciones que le han dado réditos pues hasta julio el superávit comercial crecía 54,3% y alcanzaba los US$1.014 millones. Países como México –e inclusive Colombia– se quejan de que mientras sus compras de productos argentinos han crecido, se multiplicaron las trabas para vender a ese mercado.

Por eso ya hay quejas formales ante la OMC, que tendrán que ser conciliadas o terminarán en un pánel.

Mientras aumentan las quejas, hay quienes creen que la estrategia Cristina K. es solo una ‘cortina de humo’ para exacerbar los ánimos nacionalistas y lograr el apoyo a su proyecto de cambiar la Constitución para elegirse por tercera vez.

Los opositores temen que sus fogosos discursos solo sean una excusa para garantizar su ‘re-reelección’ y llegar así a su tercer periodo.

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