| 10/2/2013 6:00:00 PM

Apague y vámonos

Dependiendo de la duración del cierre del gobierno estadounidense, su alicaída economía podría tener un retroceso considerable en el cuarto trimestre. Golpe a la recuperación.

Así como los estadounidenses se precian de decir que no hay nada más “americano que un pie de manzana”, otro fenómeno exclusivo del Tío Sam es la posibilidad de que el Gobierno deje de funcionar al no llegar a un acuerdo presupuestal entre Ejecutivo y Legislativo.

Cuando eso ocurre en otros países se presentan golpes de Estado, revoluciones o simplemente se cambia el Ejecutivo. Pero tener un gobierno estancado y que deje de funcionar es un exclusivo fenómeno estadounidense, debido a las características de su sistema político, que cuenta con un Ejecutivo con poder de veto y un Legislativo con capacidad de obstruir.

El cierre de gobierno o shutdown, como se le conoce a esta situación, se ha presentado 17 veces en la historia de EE.UU. y es tan frecuente que muchas agencias federales tienen planes de contingencia para hacer frente a dicha situación, dado que solo quedan trabajando –aunque sin devengar sueldo– los prestadores de servicios esenciales como salud y defensa.

Se estima que, como consecuencia de la parálisis actual, que hasta el cierre de esta edición no se había resuelto, unos 821.000 trabajadores de los 3,4 millones que laboran con el Estado estaban licenciados.

Inicialmente los mercados no mostraron preocupación –los índices de Wall Street subieron el primer día de cierre–, pues están convencidos de que tarde o temprano se va a lograr un acuerdo –el shutdown más demorado tomó 21 días entre diciembre de 1995 y enero de 1996–, pero otros expertos han lanzado alertas dado que hoy la economía no está tan sólida como en el pasado.

Según un análisis de The Wall Street Journal, un factor en contra del actual cierre es que comienza justo cuando arranca el cuarto trimestre y no es una buena noticia para el proceso de recuperación, que califican como bastante suave y “un descenso sustancial en el gasto del gobierno federal será más difícil de absorber”, señala el diario. En la anterior parálisis, el gasto distinto a defensa cayó 0,4% en el cuarto trimestre de 1995 y solo se recuperó en 1997.

Un cálculo de Morgan Stanley indica que, por cada semana de cierre, el PIB del cuarto trimestre tendrá un rezago de 15 puntos básicos, a lo que se sumará un retraso en las cifras económicas, pues no hay quién las recolecte ni quién las procese. Por ahora se sabe que el dato de desempleo, programado para el 4 de octubre, no se conocerá en esa fecha.

Esta situación revivió la opinión de las calificadoras de riesgo, que insisten en que la disfunción política de Washington es la que explica por qué Estados Unidos no sigue siendo un país AAA. La eterna y cada vez más lejana posición de demócratas y republicanos tiene cerrado el Gobierno y en vilo a los mercados porque el 17 de octubre vence el plazo para, de nuevo, ampliar el techo de la deuda. Muy mal ejemplo de una democracia a la que le gusta predicar, pero no aplicar.
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