| 8/21/2013 6:00:00 PM

Egipto al rojo

La nación árabe está ad portas de una guerra civil. ¿Cuál fue el detonante de esta situación?  

Las escenas que desde el pasado 14 de agosto no paran de repetirse en Egipto son tan escalofriantes como apocalípticas: ríos de sangre corren por las calles de El Cairo, al tiempo que la zozobra, el silencio y el miedo son los únicos sentimientos que hoy acompañan a los pobladores de ese país árabe. Un contexto que desde ya podría advertirse como la antesala de una guerra civil y que a estas alturas ha cobrado la vida de por lo menos 800 personas. Pero, ¿en qué momento llegó la nación más antigua del mundo a este punto de inflexión? ¿Cuál fue el caldo de cultivo que desató la oleada de violencia?

Para entender el origen del problema hay que remontarse a comienzos de la década de los 80, cuando el depuesto Hosni Mubarak asumió la presidencia del país. Cargo que ocupó durante 30 años, hasta que los escándalos de corrupción de su administración, el malestar económico, el incremento en el costo de vida y el enorme desempleo desencadenaron un clamor encaminado a ponerle punto final a su mandato. Y la mejor forma de hacerlo era mediante un gobierno democrático que acabara con aquel régimen corrupto y ofreciera soluciones de fondo a las enormes necesidades sociales y económicas.

Fue entonces cuando una furiosa oleada de protestas condujo al derrocamiento de Mubarak. Así las cosas, el 30 de junio de 2012 el pueblo ungió democráticamente en la Presidencia de Egipto a Mohamed Morsi quien prometió reformas políticas y económicas.

Bajo su fugaz administración –enmarcada dentro de un mar de problemas económicos, desempleo, carestía de la gasolina y desigualdad– Morsi se la jugó por redactar una nueva Constitución a favor de los derechos civiles y declaró una Ley según la cual la figura presidencial quedaría blindada ante cualquier embrollo legal.

Y fue precisamente esta última Ley la que a la postre le costaría un golpe de Estado y su posterior encarcelamiento. El 23 de noviembre de 2012, miles de personas se opusieron a esa disposición, que en el fondo solo pretendía crearle una dudosa inmunidad al Presidente. La oposición en pleno consideró que se trataba de una disposición dictatorial.  

Por eso, el pasado 3 de julio, Abdul Fatah al-Sisi, jefe de las Fuerzas Armadas de Egipto, tomó la decisión –junto a los altos jerarcas del Ejército– de derrocar a Mohamed Morsi. A partir de ese momento, el país entró en su peor etapa de polarización. De un lado está la Hermandad Musulmana, un fuerte movimiento que apoya a Morsi, y en la otra orilla están aquellos que promovieron el golpe de estado en su contra. El enfrentamiento entre ambas partes tiene al país en vilo.

En materia económica para el mundo, el mayor temor está en el tema petrolero, pues produce 728.000 barriles diarios de crudo y 61.000 millones de m3 de gas natural y ya multinacionales como Shell han detenido sus operaciones.

Egipto hoy llora, literalmente, lágrimas de sangre. Por eso el deseo multitudinario es encontrarle una pronta salida al conflicto, por el bien de todos.
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