| 8/19/2015 7:00:00 PM

Algunos efectos de la arremetida cambiaria de China

De manera inesperada, más no sorpresiva, el Banco Central de China inició una escalada devaluacionista del yuan. El mundo mira con preocupación las medidas. ¿Será el inicio de una nueva guerra cambiaria?

Mientras los analistas de mercado del mundo hacían sus apuestas sobre el precio de las materias primas, la crisis griega y el momento en el que la Reserva Federal aumentaría la tasa de intervención de Estados Unidos, el Banco Central de China inició una arremetida cambiaria del yuan frente al dólar. Específicamente entre el martes 11 y jueves 13 de agosto realizó –en términos del gobierno chino– una “corrección puntual” (devaluación) de la moneda de 1,86%, 1,62% y 1,11%, en esos tres días, haciendo que la divisa retornara a los niveles observados en 2013.

¿Cuál es la razón? Según Stefan Schneider, economista-jefe del Deutsche Bank, los débiles indicadores económicos y las fluctuaciones en el mercado de valores generaron escepticismo sobre las verdaderas posibilidades chinas de lograr un crecimiento económico de 7% al finalizar 2015, por ello los pronósticos del Fondo Monetario Internacional indican que en 2015 el gigante asiático crecería 6,8%, mientras que en 2016 solo lo haría a 6,3%.

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En ese contexto, el Banco Central de China le dio un empujón a las exportaciones, que en julio habían caído 8,3% frente al año anterior. Para ello redujo el precio de la moneda, medida que abarata los productos de exportación de ese país, haciéndolos más competitivos, y en las operaciones diarias permitió, como lo viene haciendo desde el año pasado, que el valor de la moneda fluctuara entre 2% y -2%.

Como resultado de la medida, la moneda registró una variación de 3% en una semana, con respecto al valor previo a dicho movimiento.

Lo llamativo es que las medidas se producen en momentos en que el gobierno chino está en proceso de flexibilización de la tasa de cambio para promover el uso del yuan como reserva de valor. Incluso ha solicitado el ingreso de la moneda al club de divisas de la unidad de cuenta del Fondo Monetario Internacional.

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Para contrarrestar el nerviosismo, Yi Gang, gobernador suplente del Banco Popular de China, anunció que no había razones para pensar que la devaluación continuaría en las próximas semanas, dejando claro que solo habría intervenciones ante grandes fluctuaciones de la divisa.

El problema, reseñado en un reciente reporte de Bloomberg, se origina en la susceptibilidad política mundial ante este tipo de medidas que se pueden interpretar como el inicio de una “guerra de divisas”.

Los efectos de la medida

Andrés Langebaek, director de estudios económicos del Grupo Bolívar, explica que los efectos globales de la decisión son de dos tipos. Primero, sobre las monedas de países emergentes que exportan materias primas a China y las de países desarrollados con fuertes lazos comerciales con ese país, como el dólar australiano y el dólar neozelandés, monedas que también se devaluaron a la par de la medida china.

La razón, según el experto, es que la decisión china confirma la debilidad de la economía de ese país y reafirma la preocupación sobre la capacidad para continuar demandando al mismo ritmo esos productos en los mercados internacionales.

De otra parte, afirma Langebaek, los bonos y monedas de países desarrollados se valorizan, porque los inversionistas presienten que las dificultades de ese país para crecer a tasas cercanas a 7% serán un factor decisivo para la recuperación de la economía global y para que la Reserva Federal decida aumentar la tasa de intervención en el futuro cercano. Por eso, en la última semana las monedas de países desarrollados se revaluaron.

Un tercer efecto para la economía china consiste en un encarecimiento de los productos importados y, por esa vía, mayores niveles de inflación. Este último también le complica la vida a los empresarios chinos que tienen pasivos en dólares.

Hay antecedentes

No es la primera vez que China utiliza la política cambiaria para evitar sacudidas fuertes en el sector externo (ver gráfico). En julio de 2005, el Banco Central de ese país puso fin a una década de tipo de cambio fijo y permitió la flotación cambiaria, haciendo que el precio de la moneda estuviera en función de un conjunto de divisas del mundo. En ese periodo el yuan se apreció 21%.

Sin embargo, el contexto cambió y, para mitigar los efectos de la crisis económica mundial de 2008, el Banco Popular de China mantuvo el tipo de cambio fijo hasta junio de 2010. El mantenimiento de este esquema hizo que la moneda estuviera subvalorada frente al precio de mercado, facilitando un inmenso superávit comercial.

A partir de junio de 2010, momento en que se volvió a permitir la flotación de la moneda, se inició un proceso de apreciación que ha tenido dos modificaciones. En la primera de ellas, adelantada en abril de 2012, se definió un sondeo de mercado en el que se establece una tasa de referencia diaria que podía variar ±1%. La segunda fue un cambio adelantado en marzo de 2014, vigente al día de hoy, que permite que el valor de la divisa varíe ±2%. Esta última medida fue aplaudida por los mercados internacionales que la vieron como una señal para avanzar hacia una política cambiaria libre.

Por ahora, mientras se decanta el futuro del yuan, valdría la pena saber qué inversionistas y cuáles países le van a seguir apostando a mantener sus recursos en esa divisa, mientras persisten las dudas sobre una nueva desvalorización de sus activos.

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Manteniendo el tipo de cambio

Para mantener el nivel de la tasa de cambio, el Banco Popular de China ha generado demanda de dólares; es decir, ha comprado los dólares necesarios para estabilizar el precio. Gracias a este proceso, las reservas internacionales de China pasaron de US$1,3 billones en 2007 a US$4 billones en 2014. La mayor parte de estas compras son bonos del tesoro de los Estados Unidos; por eso, mientras el gigante asiático acumula bonos de deuda americanos, Estados Unidos se endeuda para financiar su déficit comercial.
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