| 6/27/2013 6:00:00 AM

Efecto boomerang

La amenaza de la Fed de empezar a retirar los estímulos monetarios con los que ha impulsado la economía, no solo golpeó a las Bolsas, sino que podría frenar la recuperación de la vivienda en Estados Unidos.

Los estadounidenses no habían terminado de asimilar la noticia de que su mercado de vivienda se había recuperado –tal como lo muestran algunos indicadores que registran los mismos niveles de antes de la crisis de 2008–, cuando una nueva alarma se prendió. Esta vez por cuenta del organismo encargado de ajustar la descuadrada economía del Tío Sam.

En la misma semana en que se conoció que las ventas de casas usadas llegaron a su nivel más alto en tres años y que los precios promedio tuvieron su mayor alza en siete años, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, confirmó lo que un mes atrás había dicho entre líneas: que ante los mejores indicadores de la economía estadounidense iban a empezar a desmontar paulatinamente su programa de estímulo fiscal, a través del cual compra US$85.000 millones mensuales en el mercado de bonos. Este dinero sirve para dar liquidez y para sacarles provecho a las bajísimas tasas de interés, decretadas por la misma Fed.

El anuncio fue recibido como una bomba en los mercados bursátiles del mundo, pues los estímulos de la Fed tenían disparadas las acciones y la renta fija, así como la finca raíz residencial estadounidense, que venía sanando rápido gracias a la mayor cantidad de dólares circulantes De hecho, varios inversionistas se salieron de la bolsa para dedicarse a comprar casas en dación de pago, que luego vendían más caras o las arrendaban.

El temor radica en que, al reducirse las compras de la Fed, se suban las tasas de interés hipotecarias y eso frene en seco la recuperación. Como resultado, unas de las acciones que más están cayendo son las de las empresas que construyen vivienda. El índice Standard & Poor’s Supercomposite Homebuilding, que mide a las 11 principales acciones de ese sector, ha caído 19% desde el 14 de mayo, cuando Bernanke dio pistas sobre el cambio en la política monetaria.

Las cifras de Bloomberg muestran que la tasa de interés promedio de los créditos hipotecarios a 30 años ya pasó de 3,35% a principios de mayo, a 3,93% hoy, y eso que apenas es el anuncio y no se sabe la fecha exacta en que la Fed reducirá su estímulo (se prevé que será en 2014).

¿Grave error?

Sin haberse concretado, el anuncio de Bernanke tiene alborotados a mercados y analistas, muchos de los cuales consideran que aún no es tiempo de desmontar las ayudas. Uno de ellos es el premio Nobel de economía, Paul Krugman, quien opina que esta decisión puede terminar como un error histórico. En su blog en The New York Times, asegura que en el banco central estadounidense se están tomando el trago antes de que comience la fiesta, pues aún hay muchos indicadores en un profundo hueco, como el empleo.

Krugman asegura que la economía necesita tasas de interés cercanas a 0% y que la Fed mantenga el mensaje de que va a esperar hasta que la economía se recupere de verdad, incluso permitiendo que suba un poco la inflación.

“Pero, por el contrario, se está comportando como el típico banco central al que le preocupa más la inflación (que hoy está por debajo de la meta) y si las cosas no salen bien y la economía empieza a desmejorar, nadie le va a creer que le preocupa el crecimiento y que no es un Emisor convencional”, agrega el premio Nobel.

Por su parte, Robert Samuelson, columnista del Washington Post, dice que el grave problema de las políticas de estímulo fiscal, que implican una lluvia de dinero barato, es que no llevan necesariamente a la recuperación de la economía; peor aún, son muy difíciles de desmontar.

Agrega que los millonarios recursos inyectados por la Fed a la economía impulsaron las acciones y el mercado de vivienda, pero no la recuperación completa de Estados Unidos, que en los últimos cuatro años ha sido de 2% anual, la mitad del promedio con que se recuperó entre 1960 y 2007.

En el resto del planeta la situación es similar, pues los bancos centrales han imitado la política de la Fed, aumentando sus activos con compras de papeles (según el Banco de Pagos Internacionales dichos activos pasaron de US$10,4 billones en 2007 a US$20,5 billones hoy) y la economía mundial creció 2,5% en 2012, menos que el 3,7% registrado en promedio entre 2003 y 2007.

Más impulso

El dinero barato no puede ser el único propulsor de la recuperación, reitera Samuelson, pues no sirve para recuperar la confianza que se perdió con la crisis. Familias, inversionistas y empresas se volvieron más adversos al riesgo y eso hace que no consuman ni inviertan tanto como se requiere o que no contraten a más personas. Tampoco ayuda que se cierre el gran hueco fiscal de Estados Unidos.

“El estímulo de la Fed no puede borrar los recuerdos de la crisis financiera, pero sí ayudó a la recuperación de la vivienda y se convirtió en un narcótico para la bolsa, que no podrá ser retirado sin dolor”, reitera el columnista del Washington Post.

El problema es que ese ‘narcótico’ inyectado por la Fed no solo creó dependencia en su país, sino en el planeta entero y los mercados externos han reaccionado más duro que Wall Street, mientras los indicadores bursátiles líderes de Estados Unidos han caído 4% promedio en el último mes, los que miden las acciones mundiales han descendido 6%, mostrando las caídas más pronunciadas en Europa, Asia y Latinoamérica (en Colombia, los precios promedio bajaron 6,8%).

Con la globalización, la Fed se está convirtiendo en el banco central del mundo y, así como hay temores con respecto a que Estados Unidos aún no está preparado para el retiro del estímulo fiscal, crecen las dudas sobre si el resto de países están listos para ese escenario.
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