| 4/15/2014 2:00:00 PM

Apagón mundial

El riesgo de un racionamiento, sumado a un bajo crecimiento y a una escalada inflacionaria, tienen en vilo a la mayor economía latina y la reelección de Rousseff.

A dos meses del mundial de fútbol y con la expectativa de que este evento les ayude a empujar su economía con US$13.600 millones por concepto de turismo –lo que equivale a 0,5 puntos de su PIB–, los brasileños se siguen debatiendo entre las megainversiones que requieren para ser anfitriones, el bajo crecimiento y la posibilidad de un racionamiento eléctrico.

La fuerte sequía que golpea al vecino país desde enero, y que entre otras cosas fue la responsable del aumento del precio internacional del café, tiene a su sector eléctrico operando en alerta amarilla.

Las menores lluvias redujeron la capacidad de las hidroeléctricas, responsables por la generación de 73% de la energía que se consume en el país y, aunque en el gobierno insisten en que el riesgo de desabastecimiento es bajo, pues cuenta con alternativas para mantener el suministro en sus niveles normales, otra cosa piensan empresarios y analistas internacionales.

Tito Martins Jr., presidente de la Asociación Brasileña del Aluminio, es uno de los que está convencido de que en un año el racionamiento es inminente y sus palabras ya han tenido bastante eco, dado que Brasil es el octavo mayor productor de aluminio del mundo.

En el Citigroup estiman un riesgo de apagón de 94%, mientras en el HSBC ven una probabilidad de 60% de que las lluvias serán suficientes para permitirle al Gobierno continuar funcionando con plantas termoeléctricas a pleno rendimiento, aunque con un sistema en alto riesgo de apagones temporales y caídas de voltaje.

Desde 2001, Brasil no experimenta racionamientos prolongados. Esa vez fue por seis meses, durante el segundo periodo presidencial de Fernando Henrique Cardoso y tuvo un impacto muy negativo en las siguientes elecciones para el candidato oficialista José Serra, derrotado por Luiz Inácio Lula da Silva.

Dado que en octubre próximo Brasil irá nuevamente a las urnas y es probable que Dilma Rousseff se vuelva a postular, un apagón no le ayudaría mucho.

Crecimiento e inflación

Sin embargo, el suministro eléctrico es solo uno de los frentes por los que tendrá que responder Rousseff si aspira a repetir como Jefe de Estado. El bajo crecimiento económico sigue siendo un motivo de preocupación, sumado a una inflación al alza.

Tras crecer el año pasado 2,3%, lo que se considera poco para una población de 201 millones de personas, la expectativa oficial es aumentar el PIB 2% este año, pero los analistas no creen en ese estimativo y están bajando su pronóstico. Una encuesta del Banco Central con 100 analistas muestra que estos han disminuido sus expectativas en ese frente, pues en marzo creían que el país podía crecer 1,69% en 2014, pero en abril bajaron ese dato a 1,63%.

Una de las razones que tienen para ser más pesimistas es que el alza de los precios de los alimentos, a causa de la mayor inflación y de la sequía, está afectando la capacidad de compra de la segunda mayor economía emergente del mundo.

El costo de vida en Brasil lleva más de tres años por encima de la meta de 4,5% y la proyección de los expertos es que este año termine en 6,35%. La respuesta de las autoridades ha sido subir la tasa de interés Selic, que es la del Banco Central, que está en 11% y según las cuentas de Bloomberg lo ubican como el segundo país del mundo, después de Turquía, que más ha incrementado los costos del crédito en un año (en abril de 2013 la tasas estaban en 7,50%).

A esto se suma que Brasil registró un déficit comercial en dos de los tres primeros meses del año, mientras la tasa de desempleo está al alza y cerró febrero en 5,1%, un mínimo histórico para el mes pero que implica un deterioro frente al 4,3% de finales de 2013.

Paralelamente, multinacionales como la petrolera inglesa BP están dando malas noticias al país, pues luego de tres años de haber llegado vendió uno de sus pozos y anunció que despedirá la mitad de su nómina.

Y como si la situación local no fuera suficiente, los problemas de Argentina implican otra talanquera para la economía brasileña. A este país le envían 8% de sus exportaciones, en su mayoría productos manufacturados.

Para muchos economistas, los problemas de Brasil, que hasta hace poco era una estrella en el mundo emergente, comenzaron en 2012 luego de que estallara la crisis de la Eurozona. En ese momento, con una débil economía global y con la Reserva Federal inyectando liquidez por montones, el gobierno de Rousseff empezó a reducir las tasas de interés a niveles mínimos para el país, al tiempo que implementaba medidas poco ortodoxas para combatir la inflación, pues los altos precios contrarrestaban el efecto de los menores intereses. Entre dichas medidas se destacan la de promover una devaluación del real frente al dólar, estimular la industria y la demanda doméstica con exenciones tributarias temporales y forzar a Petrobras, la petrolera estatal, a importar combustible a precios internacionales, para luego venderlo subsidiado en el país. Según The Financial Times, esta última decisión con Petrobras es una de las más heterodoxas.

El resultado no ha sido el esperado, la economía no ha recuperado su fuerza y, para completar, Standard and Poor’s le bajó la calificación al país.

Independientemente de cuánto crezcan este año y si Rousseff logra reelegirse, la amenaza de apagón, sumada al mayor costo de vida, están afectando la confianza de consumidores e industriales, lo que no solo implica una talanquera para Brasil, sino que impulsa hacia abajo el crecimiento promedio de América Latina, al ser la economía que más pesa en la región.
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